Un gran toro de Adolfo y una gran faena de Pepe Moral

El diestro Pepe Moral en su faena con la muleta. :: efe/
El diestro Pepe Moral en su faena con la muleta. :: efe

Un quinto de corrida cinqueño, sobresaliente trapío y estilo puro de Albaserrada, y una faena de tanta ciencia como inspiración del torero de Los Palacios. Casi dos orejas

BARQUERITO MADRID.

Los dos toros distinguidos de la corrida de Adolfo Martín fueron solo dos cinqueños de un envío desigual pero marcado para bien por esos dos toros. Primero y quinto. Con el uno tomó la alternativa Ángel Sánchez, el más capaz de la última generación de toreros de Colmenar. Con el otro se gustó, sintió, templó y entregó Pepe Moral en una faena de consumado oficio -firmeza, soltura y colocación impecables- y, además, de tanta expresión como buen gobierno. Siendo toros distinguidos, fueron muy diferentes.

Ventaja clarísima para el quinto, que entró en el cuadro de honor de una feria pródiga en bravura de muy distinto pelaje. Se habían visto ejemplares sobresalientes de unos cuantos encastes -Domecq, Núñez, Atanasio-Lisardo y Miura- pero estaba por verse un toro completo de cualquiera de las líneas de Saltillo, Santa Coloma, Albaserrada o Buendía. Tres toros notables de Escolar y dos más de Rehuelga y Pallarés solo en vísperas de esta corrida de Adolfo.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Adolfo Martín.
uToreros
El Cid, herido grave por el segundo. Pepe Moral, silencio en el que mató por cogida de El Cid, silencio y una oreja. Ángel Sánchez, que tomó la alternativa, saludos tras un aviso, silencio y ovación.
uCuadrilla
Pares de mérito y riesgo de Juan Sierra, que saludó, Pérez Valcarce y Miguel Martín.
uPlaza
Madrid. 32ª de San Isidro. 22.000 almas. Encapotado, sol en los dos últimos toros, templado. Dos horas y cinco minutos de función. El Cid, herido de pronóstico grave.

Pero hubo que esperar al penúltimo del abono para disfrutar de esa embestida privativa de estirpe albaserrada con su sello tan particular: un puntito tardo el toro, pero vino siempre, y vino humillando por las dos manos con ese ritmo casi al trantrán que parece imposible en un toro bravo. Además de venir, repitió. Y además de repetir, fue toro de nobleza y fijeza muy llamativas. Muy serio de cara, cornipaso y veleto, de caro galope ya de salida, se arrancó muy de largo a una segunda vara no del todo peleada, dejó marca de su personalidad en banderillas y quiso en la muleta de principio a fin.

Cuesta pensar en otro toro que se diera en más de 30 embestidas con tal regularidad y tan buen son. La faena de Pepe Moral, sellada por muletazos de antología con la izquierda, fue clave. Por la manera de medir las tandas -todas de cinco ligados y el remate-, por el modo de entenderse siempre por abajo -el hocico del toro en el engaño- y de, siendo dueño de la cosa, no dejarse ir en un solo tirón. Ni siquiera, cuando, sintiendo que al toro le empezaba a costar, tocó cruzarse o torear de frente. La ciencia y la inspiración. No podía írsele el toro a Pepe Moral. No se le fue. Si entra la espada al primer viaje, dos orejas. Pero no entró.

El toro de la alternativa, corto y bajo, muy bien hecho, descarado pero armonioso, tuvo fijeza y listeza, conjunción nada común, y la elasticidad propia del saltillo de pura cepa. Un punto tardo, igual que el quinto, dejó de repetir demasiado pronto y llegó a soltarse a última hora. Con sus peros y lunares, fue toro encastado y propicio. Lo manejó más que bien Ángel Sánchez, calmoso, seguro, refinado en el trazo de muletazos despaciosos por las dos manos. No pareció en ningún momento torero nuevo, y, cuando lo pareció, fue para bien. Una tanda en redondo previa a la igualada fue prueba de su carácter. Se había atascado la cosa justo antes.

En la desigual corrida de Adolfo saltaron entre los dos cinqueños, tres de mal estilo. El segundo de la tarde cogió a El Cid nada más abrirse faena, lo hirió de gravedad y levantó del suelo, y lo volteó con fiereza terrible. El toro estuvo con el dedo en el gatillo desde la salida, pero El Cid apostó por él y lo brindó al público. A ese toro le hizo Pepe Moral un breve quite rematado con un recorte extraordinario. Encogido y suelto, se rajó el tercero y Pepe Moral solo pudo dejarlo pasar. De muchos pies, el cuarto, aplaudido de salida por su trapío, fue toro bravucón, hizo amago de saltar tras el primer puyazo, se revolvió y enteró, se puso por delante, se metió por las dos manos. Cazaba moscas. Salió del paso sin ahogarse Ángel Sánchez, que quiso con un sexto tardo, la cara alta, viajes recelosos o punteados y, con todo, papeleta resuelta sin aflicción.

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