Un gesto memorable de Fortes

El diestro Jiménez Fortes. :: efe/
El diestro Jiménez Fortes. :: efe

Una distinguida faena de sereno arrojo y caro sentido del toreo rematada con excelente estocada. El palco no atiende una petición mayoritaria. Corrida gigante de Pedraza

BARQUERITO

madrid. De los seis toros gigantes de Pedraza de Yeltes, el más ofensivo fue el sexto. De lámina pareja a los otros cinco, pero, acodado y armado por delante, descarado y extraordinariamente astifino, lucia dos puñales de escalofrío. Uno de los tres toros con más trapío de lo que va de feria. Distraído de partida, se vino cruzado después de barbear tablas y se apoyó en las manos al tomar engaño protestando. Fortes corrió a solas con la lidia completa del toro en el primer tercio.

Lo fijó, lo puso en suerte para la primera vara, lo quitó del caballo con un lance precioso, lo volvió a poner en suerte con media verónica frontal y volvió a quitarlo del caballo en detalle grande. Tras el lance del quite vino seguido otro por tafalleras a suerte cargada, ligadas y a compás -y entonces, la suerte parece otra cosa- y remató con media bien trazada e improvisada porque el toro hizo amago de cruzarse. Todo eso, con sus subrayados particulares, se celebró, al cambiarse el tercio, con una ovación sentida y ese runrún aprobatorio tan de las Ventas. La cosa había sido singular. Solo en banderillas entró en la brega Raúl Ruiz, el toro, altísimo, vino a las reuniones con la cara arriba y enterándose. Los dos palos del segundo par se cayeron nada más prendidos. Fortes pidió el cambio. El palco, en un exceso de rigor, hizo pasar una cuarta vez. Toro de arisco son. Un instinto temperamental que no se había dejado sentir en ninguno de los cinco toros jugados por delante.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros de Pedraza de Yeltes (Luis Uranga).
uToreros
Manuel Escribano, silencio en los dos. Daniel Luque, silencio tras aviso y silencio. Fortes, silencio y vuelta
uPlaza
Madrid 4ª de San Isidro. 16.000 almas. Primaveral. Dos horas y cuarto de función.

La tanda de horma con que Fortes abrió faena -cinco por abajo, cambiados o no, genuflexos, sueltos los brazos- fue primorosa. Y el remate de pecho, caro empaque. De pronto parecía otro el son del toro. Falsas apariencias. O pasajeras. Pues solo quiso sin reservas en una primera tanda en redondo compuesta en vertical y abriendo Fortes al toro lo justo.

En una segunda serie ya se frenó el toro, probó, dejó de querer y empezó a desparramar la vista al salir de suerte. Entonces se cambió de mano Fortes, tragó en un viaje incierto y en un segundo, que fue colada del toro a querencia, salió prendido por la pernera, volteado sobre el lomo y luego al suelo. Llegó al quite su gente en un instante. Fortes esperó inerme el quite en la arena, se levantó sin dolerse y volvió sin duelo al toro. La reacción tuvo algo memorable.

En ese mismo punto de la plaza le atravesó un toro la boca hace ahora tres años. Pues la misma entereza de entonces, pero muy distinto el sino, porque toda la sangre que llevaba Fortes en la cara y la taleguilla era sangre del toro y no propia. Después de percance, la cara por las nubes, el toro siguió distrayéndose y enterándose, pero le plantó en serio cara el torero malagueño.

Cruzado al pitón contrario, en desmayo natural, escondiendo un poco la muleta, pero jugándola a tiempo, Fortes se pasó el toro muy cerquita, sacó los brazos y vació embestidas muy difíciles. Ese final de faena fue un clamor. Los muletazos de igualada tuvieron sabor. La estocada, en la suerte contraria, impecable.

Hubo petición sensiblemente mayoritaria de oreja. Se enrocó el palco en una decisión inexplicable. Y hubo amago de motín por eso. Con este final tan singular de festejo corrida no se contaba. Impuso el volumen de la corrida -un promedio de 620 kilos y eso que no estaba atacado de carnes ni un solo toro-, impusieron por abiertos de cuerna y astifinos tercero y quinto en particular y, por la falta primera de fijeza, no se permitieron confianzas. Hubo un toro de muy buena nota, el cuarto de la tarde, que, elástico y noble, metió la cara por las dos manos, fue pronto, poderoso y noble y hasta hizo el surco por el pitón izquierdo. No se inspiró Escribano con él. Tal vez por el exceso de descarga de adrenalina en su espera de rodillas frente a la porta gayola o el gasto de un tercio de banderillas de logros muy desiguales. Al primero de la tarde, tapándole mucho y en los medios, le había pegado Escribano dos tandas templadas. Estaba la gente todavía fría.

El primero de lote de Luque, 660 kilos, fue campeón de los pesos pesados. Descabalgó pero no derribó en una primera vara, metió los riñones después. Pareció claro -Fortes le había hecho un vistoso quite de costadillo rematado con verónica y media- y Luque se fue a la distancia para cite de largo y reunión en la suerte natural.

No interesó el gesto. No prosperó la deriva de la faena, en el tercio, y por la mano buena del toro, la izquierda, repeticiones humilladas. Menos aire tuvo el trabajo con el quinto, que fue el que más veces se desentendió de engaño y más veces se salió suelto, y buscando luego.

No menos que el quinto se había ya soltado distraído el tercero con el que Fortes abrió faena con una hermosa tanda de tres por alto cosidos con tres por abajo y el de pecho. Fórmula antigua pero receta de provecho si el toro no hubiera sido tan pegajoso, tan mirón y tan poco de fiar que estuvo a punto de descomponerse. Una tanda de naturales frontales fue aviso del Fortes que iba a verse después.

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