Triple puerta grande extremeña en Olivenza

Triple puerta grande extremeña en Olivenza

El poderío de Perera, la magia de Talavante y la facilidad de Ginés Marín triunfan ante un buen encierro de Garcigrande, noble aunque justo de raza

PEPE ORANTOS

olivenza. La triple puerta grande con la que acabó la corrida vespertina del sábado en Olivenza debió ser cuádruple. Es injusto que junto a Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante y Ginés Marín (que sustituyó a El Juli al resentirse este de la cornada sufrida en Colombia), ayer no abandonara a hombros el coso oliventino Juan Enrique Franco, el responsable de mantenimiento del ruedo. La labor que él y su equipo llevaron a cabo desde que acabó el festejo matinal hasta que comenzó el de la tarde fue tan espectacular como muchos de los lances que luego se desarrollaron sobre el albero.

A la hora de comer el ruedo era un lodazal y a las cinco y media de la tarde, hora fijada para el comienzo de la corrida vespertina, parecía que no hubiera llovido sobre Olivenza en todo el día. Sobre ese albero abrió plaza Miguel Ángel Perera fijando al capote por chicuelinas al primero de Garcigrande, que amagaba constantemente con rehusar la pelea con el torero.

FICHA DEL FESTEJO

Toros
Dos toros de Garcigrande 1º y 2º y cuatro de Domingo Hernández, 3º, 4º, 5º y 6º. Nobles, colaboradores aunque justitos de raza y presentación.
uToreros
Miguel Ángel Perera, oreja y oreja; Alejandro Talavante, oreja y dos orejas; Ginés Marín, dos orejas y palmas.
uPlaza
Tercer festejo de la feria de Olivenza en tarde con algún chubasco disperso y algo de viento. Casi lleno.

La falta de fuerza y de raza del salmantino no fueron óbice para que el de Puebla del Prior le hiciera saber de inmediato quién era el que mandaba en el ruedo, arrimándole la muleta la cara y cuajando tandas de mucho mérito. Una vez vencido, Perera acortó aún más las distancias y armó el brazo para cobrar una estocada entera que le valió la primera oreja de la tarde.

Talavante respondió a la lluvia, en el segundo de la corrida, con un espectacular quite por chicuelinas que remató con una larga afarolada. Brindó su muerte a Justo Hernández, hijo del ganadero Domingo Hernández, recientemente desaparecido, y comenzó su faena demostrando que hoy estaba dispuesto a desplegar su magia sin remilgos.

Derechazos y naturales se alternaron en una faena que ni el viento se quiso perder. Solo el pinchazo que precedió a la estocada entera con la que rodó el de Garcigrande impidió que su esportón continuara vacío.

Cuando Ginés Marín mostraba de novillero la insultante facilidad con la que convertía sus lotes en triunfos, muchos decían que había que medirle con toros de verdad. Ayer demostró, una vez más, que ha roto todos los moldes y que ha callado cientos de bocas. Inició de rodillas su faena de muleta en el tercio como si estuvieran en un tentadero, arreció la lluvia y él cada vez toreaba mejor con la derecha en los medios. Se cambió la muleta a la izquierda y la cosa fue aún a mejor. Para rematar se echó la franela a la espalda e instrumentó una serie de manoletinas que, sumadas a una estocada hasta el puño, le abrieron la puerta grande de su plaza.

El cuarto de la tarde salió de chiqueros con una marcada tendencia a colarse por el pitón derecho. Miguel Ángel Perera lo detectó enseguida y extremó las precauciones. Aprovechó las embestidas por la izquierda para calzarle las primeras tandas de mérito y acortó las distancias antes de volver a coger la muleta con la derecha e imponerle su magistral poderío. Tardó sin embargo en matarle y a punto estuvo de enfriar al público que, sin embargo, no dudó en otorgarle una oreja al cobrar una estocada casi entera.

Si en el segundo Talavante destapó el tarro de las esencias, para el quinto tenía preparada una garrafa. Inició su faena de muleta con una gran tanda al natural que combinó de forma inmediata con otras dos excelsas con la derecha. Cuando toda la plaza miraba obnubilada al pacense, este se largó una serie de naturales que erizaron el vello de muchos brazos en los tendidos. Una estocada hasta la cruceta fue correspondida por la presidencia con dos orejas, a pesar de que el toro se levantase después de que el tercero de su cuadrilla, Julio López, resultara herido al intentar apuntillarlo. Un certero descabello acabó con todas las dudas.

Ginés Marín también brindó la muerte del sexto de la tarde a Justo Hernández, antes de intentar aprovechar las escasas fuerzas que mostró el último de los ejemplares de su ganadería en saltar al ruedo de Olivenza. Sin apenas recorrido y tirando gañafones cada vez que pasaba por la muleta, pronto tuvo claro el matador oliventino que lo mejor era darle el pasaporte cuanto antes. El peor toro de la tarde murió tras pinchazo y estocada entera y Ginés recibió a cambio las palmas de su público.

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