Padilla sale a hombros en Olivenza, pero Garrido hace lo importante

Corrida de toros la mañana del sábado./J. V. Arnelas
Corrida de toros la mañana del sábado. / J. V. Arnelas

ANTONIO CASTAÑARES/EFE

La lluvia y el mal estado del ruedo deslucieron el festejo matutino del sábado de muchos contrastes en lo artístico, triunfalista, que no triunfal en cuanto a la salida a hombros de Juan José Padilla, pues paseó tres orejas tras dar cuenta de tres toros por cogida del mexicano Luis David, pero en el que lo verdaderamente importante corrió a cargo de José Garrido.

Garrido cortó una oreja del quinto, premio en el que igualó con Luis David Adame, que solo mató al tercero de la tarde.

Juan José Padilla salió a hombros en la que fue su última corrida en Olivenza, si como él mismo ha anunciado, ésta es su última temporada en activo.

Lo hizo con el favor de un público muy generoso que premió en exceso dos faenas voluntariosas, primero ante un toro a menos y después ante otro muy noble pero de muy pocas fuerzas. Faenas en las que abundaron los pases pero en las que el lucimiento resultó muy discutible.

Por contra, lo importante lo hizo José Garrido ante el segundo de la tarde, un animal encastado, con mucho que torear, ante el que no se podía dudar, ante el que la colocación era determinante y al que había que llevar muy tapado y embebido en el engaño.

Faena ésta de mucha solvencia, de la que dejan regusto porque, en el toreo, lo artístico es importante, pero a partir de la lidia, que no es sino el dominio del toro.

Bizco pero serio de cuajo y hechuras era el primero, que metió bien la cara en el capote de un Juan José Padilla venido arriba por los saludos al finiquitar el paseíllo. Toro enclasado, que tomó con desgana el caballo y blandeó al salir de él. Estuvo fácil el jerezano con los palos, quería el noble animal y Padilla lo trataba con dulzura, mas rodó por el albero. Lo fue afianzando y a media altura le sacó una buena serie en redondo, aunque la emoción estuvo ausente.

Espectacular de capa el jabonero claro que saltó al ruedo en cuarto lugar. Humillaba y metía bien la cara en el capote de Padilla, pero el piso se estaba poniendo cada vez peor. Toro al que muy pronto le fue faltando final y comenzó a sosear. Faena larga y animosa pero sin brillantez. Premiada finalemente con una oreja.

Por cogida de Luis David tuvo que lidiar Padilla al sexto. Era una preciosidad, la guinda de una corrida muy bien presentada, pareja y de reunidas hechuras. Éxito en este aspecto del ganadero, José Miguel Arroyo, Joselito.

Y como no podía ser menos, metió bien la cara de salida, pero en aquel barrizal era un milagro el lucimiento. Entre lo justo de las fuerzas del animal y el estado del piso, la faena de Padilla discurrió entre dar muchos pases queriendo abrir la puerta grande, y poco lucimiento. Dos orejas, excesivas las dos.

Serio pero bajo el primero del lote de José Garrido. Toro con buen tranco al que sometió el de Badajoz en el inicio de faena.

Protestaba el animal al final del muletazo. Asentado el torero, iba y venía el animal, encelado por una muleta que no dejaba resquicios.

Garrido tapaba los defectos, primero con la diestra y después al natural. Faena profunda, a más, de mucho mérito, en la que el diestro plasmó su madurez ante un toro encastado y nada fácil porque era exigente en cuanto a que no había que dejarlo pensar. Una pena el mal uso del descabello.

Enseñaba las puntas el quinto, que humillaba y doblaba con clase en el fenomenal capote de José Garrido. Inicio de faena por alto, muy apropiado, el astado comenzó a blandear pero se vino arriba.

Toro fino y con clase, Garrido lo llevaba largo y cosido a la tela, con suavidad en los cites. Buen toro, de repetitiva embestida, y buen torero, con cabeza despejada y temple en su muleta. Garrido cobró una oreja.

Acapachado el primero del lote del mexicano Luis David Adame, lo recibió con una larga cambiada en los adentros. No humillaba el de El Tajo pero mejoró tras el caballo. Toro berreón, que tuvo buenas embestidas antes de comenzar a quedarse corto. Faena con altibajos en lo artístico de torero fácil, de muchos muletazos y deseos de agradar.

Cogido al entrar a matar, paseó el mexicano una oreja y pasó a la enfermería para no volver.

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