España 2, Portugal 0

Joao Moura, hijo, se luce sobre la testuz del toro que lo tocó en suerte ayer en Las Ventas. :: EFE/
Joao Moura, hijo, se luce sobre la testuz del toro que lo tocó en suerte ayer en Las Ventas. :: EFE

Dos orejas, una para Raúl Martín Burgos y otra para Andrés Romero, que pudieron ser más si Joao Moura, hijo, y Leonardo Hernández no malogran con el rejón definitivo

JAVIER LÓPEZ (EFE) MADRID.

Como un aperitivo de lo que ocurrirá dentro de un mes mundial de fútbol de Rusia, ayer, en Las Ventas, ya hubo el primer enfrentamiento entre España y Portugal a modo de espectáculo ecuestre de seis rejoneadores, tres por cada país.

Y aun desconociendo lo que ocurrirá el próximo 15 de junio en el verde del Fisht Stadium de la ciudad de Sochi, la cumbre hispanolusa de ayer se la llevaron los locales dentro de una función que remontó en la segunda parte gracias a las faenas de Moura y Leonardo, que, aun sin trofeos, fueron los que pusieron la diversión a una tarde en la que poco ayudaron los mansos de Bohórquez.

FICHA DEL FESTEJO

uToros
Seis toros reglamentariamente despuntados para rejones de Fermín Bohórquez, mansos, parados, distraídos y rajándose la gran mayoría. El cuarto, el menos malo.
uRejoneadores. Raúl Martín Burgos
bajonazo (oreja). Rui Fernandes: pinchazo, y rejón caído y trasero (ovación). Joao Moura, hijo: rejón trasero y cinco descabellos (ovación tras aviso). Leonardo Hernández: tres pinchazos y rejón atravesado (gran ovación). Andrés Romero: rejón caído y atravesado (oreja). Joao Telles, que confirmaba alternativa: pinchazo, rejón en la paletilla y cuatro descabellos (silencio tras aviso)'.
uPlaza
Las Ventas registró alrededor de media entrada (11.623 espectadores, según la empresa) en tarde entoldada y fresca.

Abrió la tarde el confirmante portugués Joao Telles, que protagonizó una actuación desastrosa, y accidentada también, pues uno de sus caballos, Guardiola, resultó herido con una cornada en el anca derecha al exponer de más ante un manso, que a la mínima buscaba las tablas y que cuando se movía lo hacía a oleadas.

Martín Burgos fue el encargado de descorchar la tarde con una actuación muy completa ante un manso que apenas aportó nada y con el que el madrileño tuvo que poner todo de su parte para arrancar una meritoria oreja.

Destacaron los pares de frente con Chambao; con Zimbro atacó muy corto y al quiebro; con Añaña hubo un violín muy meritorio y un impecable par a dos manos. Cerró faena con una corta, también al violín, sobre Egeu antes de desquitarse a su oponente de un feo bajonazo, el único lunar a una faena, en general, de buen nivel.

Rui Fernandes anduvo intermitente con otro astado sin casta y apagado. El veterano jinete de Almada alternó pasajes pulcros con otros menos pródigos en una labor que sólo calentó con los efectos especiales y los balanceos sobre Artista. Faltó también mayor acierto con el rejón definitivo.

Moura, hijo, era la última esperanza del 'equipo' luso, que ya iba perdiendo en el marcador de trofeos a la espera de las actuaciones finales de Leonardo y Romero. Y, a decir verdad, fue no solo el que mejor estuvo de entre sus compatriotas, sino el que protagonizo una de las faenas de la tarde, aunque al final lo echara todo a perder con el descabello.

Pero el grueso de su labor tuvo interés, sobre todo montando a Checmat, con el que brilló con los cambios de ritmo, piruetas e, incluso, con la «hermosina», suerte que consiste en cambiar el viaje al animal con la grupa alternando los dos pitones. También clavó con acierto y arriba, pero, ya está dicho, no anduvo fino con el verduguillo.

Leonardo Hernández firmó otra de las faena macizas de la tarde, aunque también perdería el triunfo al matar.

El extremeño estuvo sensacional desde que paró a su antagonista con Estoque a las cortas al violín sobre Xarope, pasando por un grueso de faena colosal con Quiebro y, sobre todo, con Sol, con el que brilló sobremanera por la torería y la verdad con la que hizo las suertes. Pero tres pinchazos se cruzaron entre él y la gloria.

Cerró la tarde Andrés Romero, que cortaría una oreja merced a una faena entregada y, por momentos, hasta temeraria. Pero caló, y mucho, sobre todo con Cabul e Hidalgo, con los puso la emoción al llegarle una barbaridad al último manso de Bohórquez, al que despenó a la primera, salvoconducto para poner el 2-0 final a favor de España.

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