La corrida en Aguascalientes no deja nada para el recuerdo

El Juli entra a matar a su primer toro, 'Armillita Arista', en la plaza mexicana de Aguascalientes. :: efe/
El Juli entra a matar a su primer toro, 'Armillita Arista', en la plaza mexicana de Aguascalientes. :: efe

El Juli demostró su maestría en algunos momentos, pese a la poca raza de los toros de San Miguel de Miahuapan

EFE AGUASCALIENTES (MÉXICO).

La corrida celebrada en el serial Taurino San Marcos 2018 en la Plaza Monumental de Aguascalientes, en el centro de México, no dejó nada para el recuerdo, por la poca raza de los toros de San Miguel de Mimiahuapan, aunque en algunos momentos destacó la maestría de Julián López el Juli, la templanza de Juan Pablo Sánchez y buenos instantes del novel Fermín Espinoza 'Armillita IV'.

Con casi lleno y algunos claros en la zona de sol, se lidiaron siete toros de la divisa de San Miguel de Mimiahuapan, parejos en presentación y en la poca colaboración que prestaron a los toreros. Salvo el primero de la tarde, que fue para rejones y que resultó ser un toro estupendo, los otros seis dejaron mucho que desear y casi todos fueron abucheados en el arrastre.

Luis Pimentel fue el rejoneador que abrió plaza. Todavía carente de cualidades y oficio, no supo aprovechar la bravura y el buen estilo de ese buen toro, que abrió plaza y fue silenciado.

Juan Pablo Sánchez toreó con templanza y el novel Fermín Espinoza 'Armillita IV' tuvo buenos instantes

El Juli, que generó mucho interés al volver a esta plaza después de su triunfo de Sevilla, mostró esa difícil facilidad que reúne para entender a los toros. Gracias a su maestría, al primero de la lidia ordinaria le hizo una faena que pocos toreros pueden ofrecer y tuvo momentos brillantes, pero sin llegar a romper. Pero lo mató de una estocada caída y saludó en el tercio. Al cuarto, un toro sin raza y sin emoción, el Juli se deshizo de él con esa facilidad de maestro que tiene. Lo mató pronto y obtuvo silencio.

Sánchez tuvo con el segundo los mejores momentos de la tarde, al brillar ese temple que reúne, pero que no fue entendido por la afición. Aunque el toro tenía clase, pero no emoción, ni raza, lo mató de una estocada para recibir ovación. Al quinto, otro ejemplar sin ninguna cualidad, Juan Pablo lo mató de una estocada y cuatro descabellos y hubo algunos pitos.

Armillita IV se enfrentó al toro que más caminó, que resultó ser el menos malo del encierro, aunque sin llegar a ser bueno, a este astado lo podía haber toreado mejor. Estuvo bien y mató de una gran estocada para ser ovacionado. El sexto tampoco se dejó. Armillita lo toreó bien con el capote, en los que fueron sus mejores momentos. Concluyó de un pinchazo y estocada.

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