Hoy

Un bravo parladé y un sobrero de pesadilla de Antonio Medina

El diestro David Mora en la faena a su primer toro. :: efe
El diestro David Mora en la faena a su primer toro. :: efe
  • Con el bravo, en tipo y muy astifino, no se llega a acoplar David Mora. Con el fiero sobrero, de impropia y extraña conducta, se viven momentos dramáticos

Los dos primeros toros de Parladé se jugaron en ambiente hostil con el ganadero. De feas hechuras el primero, cinqueño, chato, achichonado y gordinflón. Deslumbrado en la raya divisoria del sol y la sombra, justo antes de ir al caballo, se le vino al pecho a Curro Díaz, lo desarmó e hizo hilo con y por él. Curro tuvo que saltar la barrera, una rareza en su caso. El toro midió por encima de las esclavinas y enseguida se supo que era de los que se apoyan en las manos, prueban, topan, puntean y se defienden. Pitos en el arrastre. Curro abrevió.

Como se llevan vistos en la primera semana de San Isidro casi dos docenas de toros muy armados, los fijos del abono protestaron de salida al segundo. Por falta de trapío. Coro de palmas de tango. Con ellas se tropezó el toro, que salió quebrado de un primer puyazo de entregarse mucho y claudicó al salir de un segundo simulado. Arreció la protesta. Devolvieron el toro. Fandiño corrió el turno y saltó el quinto de sorteo. Astifino, acodado, atigrado, cinqueño. Buen porte. Solo que tras cuatro embestidas deliciosas en banderillas, el toro fue la gran decepción. Rebrincado, poquísimo celo, la cara arriba al salir de suerte, y en ella entró desganado. Remolcado, parado y plantado. Encajado, casi atornillado, Fandiño expuso. La barriga en los pitones. Ni por esas. Por tener algo el toro tuvo nobleza.

El tercero salió de bravo pero había dado en tablilla 487 kilos y la cifra sola reavivó protestas. Corto y bajo de agujas, más afilado que cualquiera de los otros cuatro parladés del sorteo, renegó en la primera vara pero acudió presto a la segunda y peleó. Antes de banderillas, y en un quite de David Mora capote a la espalda, se destapó del todo. Aunque escarbó, fue más que notable. En cuanto rompió a embestir, la gente se olvidó del peso. Un taco de toro, dicen los taurinos para definir al que combina hechuras, bravura y nobleza en grado mayor. Se llamaba Lustroso.

Un poco de viento, alarde inicial de David Mora en la apertura con un cambiado por la espalda y, tras rara demora, su coda habitual -tres por arriba, el de la firma, el de pecho-, y, luego, una faena declinante. Pulso muy desigual, mayoría de toreo a suerte descargada, sin ligazón por la izquierda, pausas inseguras. Los mismos que habían desenterrado el hacha de guerra al ver la tablilla de pesos tomaron partido ahora por el toro, que se arrastró sin una sola palma.

La segunda mitad de corrida fue casi un disparate. El cuarto, un burraco badanudo de El Montecillo que completaba corrida, salió manso borricote, trotón, suelto, de irse de engaños y de no querer ni llegarse a ellos. Curro Díaz no quiso cansar a nadie. El quinto, sobrero de El Montecillo, despampanante trapío fue una pesadilla. Desde el primer viaje en arreón incierto al bulto y no al capote de Fandiño en el saludo hasta la hora de doblar, ya herido de entera atravesada, aculado, escarbando, encogido, taimado, sacando las uñas en un burladero de sol y sin dejar a Fandiño asomarse para descabellar.

La pelea del toro en el caballo fue épica por su blandura tan fiera como agresiva: descompuesto, la emprendió a trallazos contra el cielo al sentir el hierro de la puya -formidable el aguante del piquero Juan Melgar- y, al dolerse tan de blando, estuvo a punto de auparse dos o tres veces y en los dos puyazos a la grupa del caballo, que resistió como un jabato.

Los regates en el capote, la reacción en varas y la manera de esperar y cortar en banderillas dieron la impresión de toro pregonado o inyectado. Fandiño tomó la decisión adecuada. Irse por la espada de acero sin demora. La fortuna de acertar al primer intento, aunque atravesando al toro. Y cuatro descabellos. La pita en el arrastre fue muy sonora. A Fandiño le cayeron de refilón parte de esos pitos.

El sexto parladé, cinqueño, culopollo, la cara justa, el otro toro de Sevilla llegado en el envío, no fue apenas protestado. Mansito en varas, alegre en banderillas, buenas embestidas vivas. Después de la batalla del sobrero, la cosa parecía plácida. No le encontró tampoco a este toro el aire David Mora. Una tanda alborotada se celebró mucho, alguna protesta por las dudas al ponerse por la mano izquierda sin demasiada fe, una estocada desprendida. Y una oreja.