Hoy

Ocho toros por el precio de seis

Castella, en un derechazo al último toro de la tarde y de la feria matea de este año. :: Juan Marín
Castella, en un derechazo al último toro de la tarde y de la feria matea de este año. :: Juan Marín
  • Castella cortó una oreja en una tarde con toros flojos en la que el público, incomprensiblemente, hizo el silencio a Diego Urdiales en el quinto

  • El dicho taurino de 'no hay quinto malo' se tornó ayer en una quinta corrida decepcionante

logroño. No hay daño que dure cien años. En las corridas de toros, la que sale buena un año al siguiente se repite, cosa lógica, pero los resultados pueden cambiar radicalmente. Eso sucedió ayer en la quinta corrida que cerraba la feria matea del 2016. Todos los toros, los siete del hierro anunciado, pecaron de falta de fuerzas y de casta. Podemos salvar de la 'quema', con reparos, al que abrió plaza, que sacó nobleza en su distancia, y destacó también por su juego el último, que cerró plaza y que, sin ser bravo y sin sobrarle las fuerzas, permitió a Castella sacarle varias series por los dos pitones, entre otras cosas porque supo verle pronto la distancia que tenía el toro, al que mató de una estocada trasera y perpendicular ligeramente desprendida.

El diestro cortó una oreja, pero hubiera cortado la segunda si el estoque hubiera ido donde quería el torero. El primero del francés se apago apenas 'encenderse', pocas fuerzas y menos casta con el agravante de una estocada baja. Su segundo, cuarto de la tarde, fue devuelto. De salida no apoyaba bien los cuartos traseros y al entrar al caballo se derrumbó. Inválido fue el sobrero del hierro titular. No entiendo que le vio para brindarlo al público. Se sacó la espina en el que cerró plaza y feria, brindado también al público, como ya se ha reseñado.

Diego Urdiales fue ovacionado terminado el paseíllo. Había muchas ganas de verle triunfar. El público se manifestaba favorablemente cuando hacía algo destacable y también la música se arrancaba pronto. Los apoyos de los paisanos no fueron suficiente, sencillamente porque cuando no hay toros que embistan el torero solamente puede echarle garra, valor y sus propios conocimientos. Hacer un cesto sin mimbres no puede ser y eso le pasó a Diego, que saludó en su primero por su entrega y ganas de triunfar. Estuvo por encima de su segundo toro al que le sacó, insistiendo en corto principalmente, varios muletazos con enjundia. Ligó también varias tandas por el pitón derecho, pero les faltó lo que no tenía el toro, ganas de embestir por derecho y así es muy difícil triunfar. El quinto, tercero de Urdiales, fue devuelto. En el capote hincó los pitones en la arena, perdiendo las manos a la salida del primer picotazo en el caballo. Al colocarlo para el segundo puyazo volvió a hincar los pitones en el albero de la plaza y el presidente sacó por segunda vez el pañuelo verde. El segundo sobrero, de Juan Manuel Criado, tuvo presencia, pero perdió las manos en el capoteo primero. Curiosamente, empujó al caballo en la primera vara sacándolo fuera de las rayas, siendo protestado incomprensiblemente (no entiendo que se pite por empujar). En el segundo encuentro recibió un picotacito. En banderillas con pies, logrando un buen par 'El Víctor'.

El toro llegó al tercio final con embestida más que aceptable en la distancia media-larga. Hubo series por los dos pitones con mando y temple, en cercanías también logró una serie buena por el derecho con cambio de mano en un natural super. La estocada fue desprendida y corta tardando mucho el toro en besar la arena. Cayó sin puntilla. Hubo aplausos al toro y nada para el torero, algo que fue injusto.