Hoy

Dos orejas para Ponce, al que el palco le cierra la puerta grande en Logroño

Enrique Ponce da un pase con la muleta a su primer toro. :: efe
Enrique Ponce da un pase con la muleta a su primer toro. :: efe
  • Perera no consigue ningún trofeo porque falla a espadas en su primero y con el sexto no pasa de discreto ante un animal de lo más deslucido

El diestro Enrique Ponce cortó ayer dos orejas, una de cada toro de su lote, en el festejo celebrado en Logroño, aunque no salió a hombros debido a que el presidente le negó la segunda oreja de su segundo.

El primero de Ponce, prácticamente indultado en varas, fue un toro muy justo de todo, al que el valenciano condujo con suavidad y a media altura, sin obligarlo en ningún momento, en una labor de mucha técnica y plasticidad, aunque exenta de hondura y sin demasiadas estrecheces.

Una tanda en redondo con la figura relajada adornada con un precioso cambio de mano por delante metió a la gente definitivamente en la faena, abrochada con unos adornos muy a modo por abajo y una buena estocada, lo que le permitió pasear una oreja.

En el cuarto, que fue prácticamente una fotocopia del anterior, volvió a hacer el esfuerzo Ponce en una faena tan inteligente y técnica como galerista y, nuevamente, sin poder entrar en profundidades. Pero como lo hace todo tan bonito, compone tan bien la figura y lo vende, asimismo, magníficamente, el de Chiva logró de nuevo que los tendidos se entregaran por completo.

Volvió a agarrar Ponce una magnífica estocada y la plaza se tiñó de blando en demanda del doble trofeo, aunque el usía optara finalmente por dejar el premio en singular. Tremendo enfado en unos tendidos que obligaron al valenciano a dar dos vueltas al ruedo al anillo del coso riojano.

El Cid, que entró en el cartel a última hora en sustitución del lesionado Alejandro Talavante, demostró nuevamente en La Ribera el buen momento que atraviesa al entender y aprovechar casi a la perfección a un primer toro que se sujetaba con alfileres.

El de Salteras (Sevilla) lo hizo todo con mucho pulso y suavidad, destacando en el toreo al natural, por donde dejó muletazos de exquisito trazo, llevando muy toreado a su antagonista, que acabó lastimándose la mano izquierda. Eso y la falta de contundencia con los aceros propició que todo quedara en una ovación con saludos.

El quinto, que ya dobló las manos a la salida del caballo, fue un marmolillo en el último tercio. El Cid lo intentó por activa y por pasiva, e incluso ensayó un arrimón antes de atascarse de mala manera con la tizona.

El primero de Perera aparentó tener más chispa que sus dos hermanos anteriores y, tras dos buenos pares de Curro Javier, el extremeño llevó a cabo una labor pulcra y templada por el derecho. Al natural no hubo la misma sintonía, ora porque el astado se defendió más por ese lado, ora también porque la colocación del torero tampoco fue la adecuada. Falló a espadas y fue silenciado.

El sexto se agarró muy pronto al piso y aquí Perera no pudo pasar de discreto ante un animal de lo más deslucido.