Hoy

Firmeza de la terna con exigente corrida de La Quinta en Albacete

  • La faena que llevó a cabo Curro Díaz al cuarto toro fue lo más destacado

Los tres toreros que hicieron ayer el paseíllo en la quinta corrida de la feria de Albacete hicieron un derroche de firmeza y actitud para imponerse a una exigente corrida de La Quinta, en una tarde en la que destacó sobremanera la faena que llevó a cabo Curro Díaz al cuarto. El primero de Curro Díaz fue un «pájaro», un toro que se orientó demasiado pronto, de muy aviesas intenciones, «metiéndose» por los dos pitones y buscando con saña el cuerpo del torero linarense, que, en un alarde de oficio y buena técnica, le acabó robando muletazos aislados de muy buen corte y, sobre todo, muy meritorios, que le valieron para recibir una merecida ovación.

Otro esfuerzo importante tuvo que hacer Curro Díaz al cuarto, que se movió aunque sin ir embebido nunca en los engaños, descompuesto y sin entregarse en ningún momento. El jienense, que cuajó un inicio de faena de mucha cadencia y especial aroma, anduvo muy encima de las circunstancias, brillando en varios naturales de suave, largo y profundo trazo. Faena importante y para aficionados, rubricada de un espadazo hasta los gavilanes, que hizo morir al toro sin puntilla. Asomaron algunos pañuelos desde los tendidos en demanda de una oreja que el presidente no tuvo a bien conceder, por lo que tuvo que conformarse con una vuelta al ruedo.

Bautista logró momentos de suma belleza ante su noble primero, al que diseñó una faena bonita y, por momentos, desmayada sobre el derecho. Aroma y expresión del galo también al natural. Los tendidos disfrutaron, aunque todo quedaría en una ovación con saludos por la mala colocación de la espada. El quinto fue un toro encastado y con transmisión, y Bautista, que abrió faena con doblones muy toreros, llevó a cabo una faena templada y sentida sobre todo por el derecho. Al natural no hubo la misma sintonía y, a partir de ahí, empezó a embarullarse el francés, también porque el toro empezó a desarrollar sentido más de la cuenta. Le faltó contundencia con los aceros y nuevamente fue ovacionado.

Sergio Serrano rayó a buen nivel con su primero, toro que lució un buen pitón izquierdo, el que aprovechó el albaceteño para dibujar naturales de enjundioso trazo. Larga faena de Serrano, muy firme también en un laborioso fin de obra con el astado sabiendo ya lo que se dejaba atrás. Fue ovacionado tras fallar con la espada. Con una larga cambiada y posteriores lances a pies juntos recibió Serrano al que cerró plaza, toro deslucido por gazapón, tardo, distraído y, sobre todo, descastado, con el que el torero de la tierra apenas pudo justificarse ante sus paisanos a base de ganas y disposición a lo largo de una extensa y trabajada porfía.