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La triste noticia de la muerte de Leonard Cohen

La noticia de su muerte me sorprendió aterrizando en Los Ángeles, saltó desde mi página de Instagram como una bofetada. “Leonard Cohen ha muerto a los 82 años”. -No resistió ver a Donald Trump de presidente-, pensé para mí, uniendo ambos eventos como si fueran una amarga carambola del destino. Hace exactamente un mes, entrevisté en Los Ángeles, en el consulado de Canadá, a Leonard Cohen. Presentaba su último álbum, 'You Want it Darker', y su fragilidad me llamó la atención. Arrastraba los pies apoyado por un bastón, su hija Lorca escoltaba su paso y su debilidad contrastaba con sus ganas de vivir. “Voy a llegar a los 120 años”, dijo entonces. Pero los temas de las canciones de su nuevo disco dicen otra cosa, su liturgia literaria musical, que se ha paseado a lo largo de cinco décadas, hablan de despedida, del inminente abrazo de la muerte. “Hineni, hineni. Estoy listo, mi Dios”, canta en la estrofa del primer tema, 'You Want it Darker', sin duda, el álbum es una despedida, muestra a un Cohen más espiritual que amante, dispuesto para el abrazo de la muerte.

“Nunca me he considerado religioso, en mí no hay una estrategia espiritual. Siento la gracia de otra presencia, pero sin una estructura. El paisaje bíblico me es familiar e intento utilizar esas referencias en mis canciones, en mis poemas”, explicó a los periodistas. Tuve la sensación de que el autor de la inolvidable 'Hallelujah' estaba despidiéndose agradecido de lo que había conseguido. “Escucha al colibrí, a quien no puedes ver las alas, escucha al colibrí, no me escuches a mi”, recitó frente a una audiencia emocionada. Era su ultimo poema, dedicado a los colibrís, un ave de gran simbología espiritual que representa la capacidad de resistencia, el aspecto positivo de la vida y el progreso. “Los colibrís me parecen animales preciosos, quería incluir uno en el disco”, explicó, en referencia a la presencia de este pájaro en la contraportada del álbum.

Entre canapés y cocteles, un poblado grupo de periodistas tuvimos la oportunidad de escuchar junto a Cohen su último álbum. Ese mismo día su amigo Bob Dylan le robó protagonismo ganando el Premio Nobel de Literatura. “Eso ha sido como poner una medalla en el Monte Everest por ser el más alto del mundo”, afirmó entre silencios, buscando cada palabra, hurgando en su diccionario hasta dar con la metáfora correcta. El que fuera Premio de Asturias en el 2011 no quiso decir lo que pensaba a título personal del cantante. “Eso me lo guardo para él cuando le vea”, dijo. Quién sabe si tuvo oportunidad de despedirse de Dylan, pero ante nosotros le dejó un mensaje. “Cualquier cantautor sabe, y Dylan mejor que nadie, que escribir requiere un vehículo sano, preparado. Mantenerse en el tiempo depende de la suerte”.

Leonard llegó acompañado de su hijo Adam, productor del disco, y de su hija Lorca, siempre a corta distancia. “Soy tribal, me gusta rodearme de mi familia. He tenido suerte en la vida. Mis lazos familiares se han profundizado con el tiempo, eso me ha ocurrido con mis hijos y mis nietos. Otras familias se rompen, nosotros estamos cada vez más unidos”, confesó Leonard ante una audiencia emocionada. Hoy lloro a Cohen, a su injusto marchar, nosotros vamos perdiendo los árboles que sustentan los colibríes. Sé que sin sus poemas, sin sus canciones, el camino que me espera será terriblemente más árido. Su voz profunda y barroca sucumbe a los violines de la muerte. Hoy recuerdo sus palabras aquella noche: “si Dios quiere, este no será mi último album”.