La maternidad sin cuentos

La maternidad sin cuentos

Las escritoras aportan realismo y matices al relato literario de la experiencia de ser madre

TERESA ABAJO BILBAO.

La socióloga y escritora norteamericana Charlotte Perkins Gilman se sumió en una profunda tristeza tras dar a luz a su hija Katherine en 1885. Entonces la depresión postparto se consideraba un trastorno de mujeres nerviosas e inestables y el doctor Silas Weir Mitchell le recomendó reposo absoluto, físico e intelectual. «Nunca más toques una pluma, un papel o un lápiz mientras vivas», le dijo a aquella joven que había aprendido a leer sola porque los libros eran su refugio. Su sufrimiento durante esa etapa de postración quedó reflejado en 'El empapelado amarillo', la historia de una mujer que se obsesiona con las paredes del cuarto en el que está recluida. Al médico le envió un ejemplar.

Con aquel relato se adelantó a su tiempo y aportó un testimonio alejado de las convenciones. También lo hizo Isadora Duncan en su autobiografía, publicada en 1927, «cuando muy pocas occidentales habían hablado del parto de una manera real, de lo que duele». La filóloga Josune Muñoz ha reunido una extensa bibliografía -48 obras de ensayo, 108 de autobiografía y ficción y 40 de cómic, escritas por mujeres- para el taller sobre literatura y maternidad que ha empezado a impartir esta semana en la Biblioteca foral de Bilbao, con las veinte plazas cubiertas desde hace tiempo y lista de espera.

Ahora todo lo femenino está de moda, pero durante siglos eran hombres los que escribían sobre «un tema central en la vida de una mujer». Las madres literarias a menudo respondían a dos perfiles opuestos, «abnegadas o castradoras». A medida que aumentaba el número de escritoras, el relato literario fue ganando en realismo y profundidad. Otra autora norteamericana, Adrienne Rich, fue pionera al publicar en 1977 'Nacida de mujer'. Un libro en el que, sin dejar de proclamar el amor por sus hijos, habla de su experiencia como «una escisión dentro de mí misma».

Josune Muñoz ha reunido una amplia bibliografía.
Josune Muñoz ha reunido una amplia bibliografía.

Josune Muñoz llega a la Biblioteca foral con dos maletas repletas de libros: mucho ensayo y autobiografía (las cartas de Marie Curie y Sylvia Plath) junto a novelas clásicas de Pearl S. Buck o Edith Warton. Incluso una que escribió Agatha Christie con el pseudónimo de Mary Westmacott, 'Una hija es una hija'. Una obra «imprescindible» es 'El cuento de la criada'. Margaret Atwood la escribió en 1984, el año del Gran Hermano de George Orwell, en Berlín Occidental, todavía rodeada por el Muro. La distopía de la República de Gilead, donde las mujeres no tienen derechos y solo las usan para procrear, se impregnó de un ambiente de cautela y silencios forzados. La autora quiso que su primera novela de ciencia ficción tuviera los pies en la tierra. El argumento se nutre de las «pesadillas» de la historia, y quizá por eso -y por el éxito de la serie de televisión- hoy se anuncia en las librerías como 'El libro de cabecera de una nueva generación'.

El taller, que no por casualidad se titula 'Los cuentos de las criadas', es mixto, pero solo se han apuntado mujeres. La mayoría de mediana edad, algunas abuelas, otras no tienen hijos. Profesoras de lengua, administrativas, psicólogas o jubiladas, a todas les apasiona la lectura. Hay dos jóvenes madres que buscan algo más que una «visión simplista» de la experiencia que les ha cambiado la vida. «Siempre me ha gustado leer, pero ahora me refugio en la literatura», cuenta una de ellas.

La relación con las hijas

Antes de repartir los libros que se prestan por una semana (el taller dura hasta mayo), la profesora advierte que «esto no es un club de lectura ni un grupo de terapia», aunque afloren experiencias personales. El objetivo es hacer crítica literaria «desde una perspectiva feminista, lo que no quiere decir con odio a los hombres, sino integrando los estudios de género» para comprender mejor. «La maternidad es una experiencia sujeta a los discursos sociales, y recorrida por la clase y la raza». De hecho, «la literatura más compleja en torno a la maternidad nace de las culturas mestizas» y su búsqueda de identidad. Pone como ejemplo el best-seller 'El club de la buena estrella' de Amy Tan, protagonizado por mujeres chinas que han emigrado a Estados Unidos y sus hijas nacidas allí.

En la literatura, como en la vida, hay madres que callan sus secretos, que educan de forma diferente a sus hijos e hijas; mujeres que deciden no ser madres o que se arrepienten de serlo, que lo viven como algo «demoledor»; incluso madres «de pesadilla» como la de la inspectora Amaia Salazar en la trilogía de Dolores Redondo. A la escritora y editora Laura Freixas le llamó la atención la escasa presencia en la literatura de la relación entre madres e hijas, con su compleja red de afectos y matices, y en 1996 publicó una antología de relatos de autoras como Rosa Chacel, Carmen Laforet o Ana María Matute que se agotó en las librerías. «En España había mucha hambre por profundizar en este tema», dice Muñoz. Y a juzgar por lo que se ha escrito desde entonces y por la acogida de este taller, todavía la hay.

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