La 'mascletá' creadora de Cai Guo-Qiang en el Prado

Cai Guo-Qiang, en el Salón de Reinos del Museo del Prado. / Fernando Alvarado (Efe)

«Uso la pólvora como Velázquez y Goya el óleo», dice el primer invitado a realizar una obra en el museo

Sábado, 7 octubre 2017, 07:15

Una poderosa, fugaz y ensordecedora explosión. Una nube de humo blanco. Intenso olor a pólvora. En medio segundo Cai Guo-Qiang (Quanzou, China 1957) ha concluido 'El alquimista', una de las 22 obras que exhibirá pronto en el Museo del Prado. El creador chino, un mago de la pirotecnia y la performance, es el primer artista vivo invitado por la bicentenaria pinacoteca a realizar su obra 'in situ'. Lleva casi dos semanas en el Salón de Reinos «trabajando con el fuego y la pólvora como Velázquez y Goya lo hicieron con el óleo». Ante medio centenar de expectantes observadores y un enjambre de cámaras creó la primera de las ocho piezas que elaborará en el histórico edificio que reformará Norman Foster.

     Son parte de su explosivo «diálogo espiritual» con los grandes maestros de la pintura, con especial atención a su admirado Doménikos Theotokópoulos, El Greco. Culminará el proceso con 'El espíritu de la pintura', una gran obra de más de 18 metros de largo creada a través de explosiones al atardecer del día 23 de octubre y que se expondrá con las demás a partir del 25 en el edificio de los Jerónimos.

     Antes de su creativa explosión, Guo-Qiuang la prepara minuciosamente. Inspirándose en Rubens, Zurbarán, Tiziano, Goya y otros maestros el Prado, recreó una escena mítica: un león verde encarado ante el Sol. Con sudadera, deportivas y guantes de látex, auxiliado por sus ayudantes, espolvoreó distintos tipos de pólvora sobre su boceto. Un potente polvo de rápida explosión llegado de Valencia, donde Guo-Qiuang habló con los maestros piroctécnicos para poder controlar los colores que genera su quema.

     Tiene un límite 'policial' de cinco kilos diarios y no sabe cuánta pólvora consumirá hasta el final del proceso. Cubre de plantillas de cartón su lienzo salpicado de pólvora. Coloca una cinta detonadora con petardos y otro lienzo invertido que cierra el sándwich. Con pedazos de ladrillo impide que el lienzo-tapadera salga despedido. Su definitiva arma creadora es un mechero de cocina con el que prende la mecha.

     Con el salón invadido por el humo, descubre la obra y la da por terminada. «No habrá mas intervención», advierte ante un lienzo humeante con un león verdoso que titula 'El alquimista'. «En la Edad Media los alquimistas buscaban sustancias que permitieran lograr la vida eterna. La pólvora se obtiene también por un proceso químico para buscar una medicina que de la vida eterna, no para la guerra, y los artistas hacemos lo mismo de alguna manera. Buscamos la espiritualidad como hicieron durante toda su vida los grandes maestros», explicó el artista ante su obra.

     Lleva casi dos semanas trabajando en una de las pieza cruciales de la exposición, su recreación de 'Toledo visto desde el Tajo', un homenaje al Greco, a quien admira «desde niño». Viajó en 2009 a la Creta natal del pintor y realizó luego una larga estancia en Toledo, donde el cretense vivió, pintó y murió para concebir 'El día y la noche de Toledo', un cuadro de casi cinco metros creado con polvo de fuego.

     «Al Greco le parecería fantástico y le gustaría lo que hago. Diría que soy magnífico», dijo un sonriente Giao-Qiang, para quien «toda la energía de la naturaleza se concentra en el fuego», de modo que sus creativas explosiones «son también una metáfora del 'Big Bang'». «Utilizo la pólvora como Goya o Velázquez usan el óleo y estoy aquí para dialogar con ellos, para aprender de los grandes maestros en esa eterna búsqueda de la espiritualidad que es el arte», explica.

     Realizará en el Salón de Reinos ocho de las 22 obras de 'El espíritu de la pintura', muestra en la que viene trabajando desde 2015 por invitación de Miguel Zugaza, exdirector del Prado. 'El alquimista' es la primera de la serie de obras que serán de su propiedad, pero que no le disgustaría que el Prado adquiriera y expusiera. «Ya veremos; el Prado es un museo clásico y no sé si estas piezas tienen encaje, pero me encantaría que estuvieran aquí, cerca del Greco».

     La cineasta Isabel Coixet dirige un documental producido por el museo para registrar todo el proceso creativo del artista, que ha expuesto en el MOMA de Nueva York, cuya pirotecnia inauguró los Juegos Olímpicos de Pekín, y a quien el Guggenheim dedicó una retrospectiva en 2008. Para esta exposición «plantea un diálogo con los maestros del Prado en el que tratará de difuminar los límites entre Oriente y Occidente convergiendo en el tiempo en una exploración espiritual de la pintura», según el museo.

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