Hoy

Juan Goytisolo, en su periferia

La Barcelona gris de colegios bien y gazmoñería con queso americano. El exilio parisino de cafés vagamente existencialistas y 'chambres de bonne' sin calefacción. El imaginario de 'La guerre est finie', Ruedo Ibérico y la larga espera. Y luego, la luz de la otra orilla y los zocos de Marraquech. Algo así le quedaba a uno en la memoria cuando explicaban la figura de Juan Goytisolo (1931) en el bachillerato, en un retrato elaborado a partir de ‘Señas de identidad’ (1966) y su autobiografía, dividida entre 'Coto cerrado' (1985) y 'En los reinos de Taifa' (1986). Un apátrida al estilo de Blanco White o el conde don Julián, con quienes tanto quiso identificarse, vendría a ser el escritor. Un 'Juan sin Tierra', como reza uno de sus títulos, encantado de cuadrar al milímetro con el fenotipo de los heterodoxos de Menéndez Pelayo. Alguien que, desde su crítica furibunda a la burguesía, al nacionalcatolicismo y al régimen franquista, casi estaba condenado a tomar la puerta del exilio en 1956. La suya ha sido una voz empeñada en recordarnos, como Cernuda, que "sin raíz es mejor". Que Goytisolo reciba el Cervantes tiene pues un regusto irónico, en ese juego de recomposición del canon que a menudo esconde el palmarés de estos premios.

Lo cual no empaña la justicia del galardón. Desde sus novelas en la línea de un realismo social exigido por las circunstancias -'Juegos de manos' (1954), 'Duelo en el Paraíso' (1955), 'El circo' (1957), 'La resaca' (1958)- hasta sus ensayos -'Problemas de la novela' (1959), 'El furgón de cola' (1967), 'Disidencias' (1977), 'Crónicas sarrazinas' (1981)-, pasando por narraciones de un objetivismo al estilo del 'nouveau roman' o aproximaciones a un san Juan de la Cruz en la estela de su amigo Valente -'Las virtudes del pájaro solitario' (1988)-, Goytisolo no ha dejado de trabajar desde esa mirada crítica, hasta ampliar los círculos de su visión mucho más allá de lo que sugería aquel retrato: la era del pensamiento único, la España del Quinto Centenario, la guerra de los Balcanes, el porvenir de la cultura árabe, la difícil convivencia bajo el paraguas de la 'laïcité'… Enemigo de las identidades fijas y estancas, Goytisolo es ante todo un escritor poco amigo del preciosismo verbal y en constante vigilancia de su instrumento: el lenguaje. Un habitante del 'limes', o de la periferia, que desde allí contempla las civilizaciones en su cruento diálogo y se define como 'Un exiliado de aquí y de allá', en su última novela. Un hombre en busca de la visión desde fuera, que tal vez exista pero -cabría recordar- desde luego no es la visión desde ninguna parte.