«Aunque no nos dejen, las mujeres tenemos mucho que decir todavía»

La actriz Ana García participa en el montaje que dirige Paco Carrillo y firma Florián Recio, 'Viriato'. :: J. M. R/
La actriz Ana García participa en el montaje que dirige Paco Carrillo y firma Florián Recio, 'Viriato'. :: J. M. R

La extremeña participa en la obra que esta noche despide la 63 edición del Festival, 'Viriato' dando voz a una Tóngena, una mujer silenciada por la época Ana García Actriz

MARTA PÉREZ GUILLÉN MÉRIDA.

Con sus dos últimos papeles sobre la arena del Teatro Romano se metió al público en el bolsillo. Primero como la inolvidable Andrea en la producción extremeña 'Los gemelos' y después como la emotiva Lira en 'El cerco de Numancia'. Ana García vuelve a subirse al escenario emeritense para dar voz a Tóngena, la mujer de Viriato, en una época en la que las mujeres estaban silenciadas.

-No es la primera vez que la vemos sobre el escenario romano. De todas sus intervenciones ¿de cuál guarda un recuerdo especial?

-He trabajado creo que en cinco o seis ocasiones sobre el Teatro Romano. Voy a ser totalmente sincera, porque siempre digo y es verdad, que cada una se recuerda por una cosa. La primera porque fue la primera. La segunda pues por lo que sea también. Pero creo que una de las veces que se quedará grabada en la historia de mi piel fue Andrea, mi personaje en la función de 'Los gemelos'. Era un personaje tan diferente, y fue todo un reto para mí que por eso me parece tan especial. Tenía muchísimas dudas de cómo iba a salir y tuvo una acogida tan exagerada, que como fue un contraste tan muy grande. Esa sensación no se me podrá olvidar nunca. Y no ya solo por mi personaje, también por la acogida que tuvo en sí la obra. Por lo que han sido 'Los gemelos' y por todo lo que pudimos vivir gracias a su éxito. La gente por la calle nos recordaba incluso las frases. Fue especial, no he vivido otra situación igual. Y creo que es una de las que recordaré más especialmente, por su intensidad.

«Uno de los personajes que recuerdo con más cariño fue Andrea de 'Los gemelos'»«Mis maestros en realidad han sido los directores con los que he trabajado»

-¿Cómo le llega la propuesta para participar en 'Viriato'?

-Fue de la siguiente forma. Comentan que hay un Viriato, una historia digamos en la que los protagonistas principales son hombres. Entonces, aunque una podía prever un poco que por ser Verbo Producciones, por estar Fernando Ramos implicado, o porque a Paco Carrillo, director de la obra, le gusta contar con los mismos actores, podría pensar de primeras que tendría hueco entre el reparto. Pero también me preguntaba que en una obra de estas características qué cabida pueden tener las mujeres. En esa situación nos encontramos tanto Paca Velardiez como yo. Y bueno, de todo esto nace Tóngena. Un personaje inventado, porque se supo que él tuvo mujer e incluso descendencia. Pero nada más, ni su nombre. Podían haber decidido no sacarla en escena. Y decidieron hacerlo. Obviamente a las mujeres se las necesita en cualquier lado, porque existíamos y estábamos ahí. Pero puede ser que mi papel estuviera apoyado por la idea de abarcar a todo el elenco, lo cual agradezco.

-Hábleme de su personaje...

-Como he dicho, es una obra escrita para hombres. Las mujeres, en realidad, eran la excusa o el modo o el conducto para que ellos pudieran expresarse. Me explico. Viriato delante de su hombres, aunque estuviera en decadencia o con dudas, siempre representaba la parte más fuerte. Es delante de su mujer donde él decide caer y abrirse. Seguramente fuera de lo más habitual en la época. Se dice que la influencia de las mujeres se daba en estas situaciones. Ellos se refugiaban en ellas y a cambio recibían consejos. En este contexto entra Tóngena. Apoya al hombre, no se habla de ella, pero dentro de eso no es una mujer débil ni víctima de las circunstancias. No es sufridora gratuitamente, lo es por cuestiones duras. Con lo cual eso lo hace especial. Y también por la manera en la que Paco Carrillo la ha moldeado, deja entrever el tipo de mujer que ella es. Yo creo que la coge en el punto, incluso actualmente, donde no tenemos voz, pero lo sabemos. No somos mujeres de la época adaptada, que ni si quiera vislumbra qué podría llegar ser. Ella siente y sabe lo que se podría hacer, y cómo sería el mundo si fueran escuchadas. Hay momentos en los que la dejan hablar y ella puede expresarse. Con lo cual, esa cosa que quizás el público pueda entrever de alguna manera llega el momento en el que es tan explícito que pasa de ser una idea a ser la realidad del personaje. Cuando ella habla, excepto en una ocasión, todo el tiempo es preguntando a Viriato. Pero se ve. Se ve a la mujer contenida. Creo que las mujeres todavía tenemos mucho que decir, aunque no nos dejen. Y creo que ella sin tocar el tema, consigue que esa idea se vea. Eso se consigue cuando un papel está bien trabajado.

-¿Cuál ha sido el proceso de creación del personaje?

-En este caso como es inventado, el trabajo hay que hacerlo de fuera adentro. Yo tengo las frases que tengo. Pero para decir las frases que tengo, tengo que constituir previamente a la mujer. Y ahí es donde tú eliges, lo dice por esto o por esto otro. Teniendo clara la curva emocional que el personaje sigue, llega un momento en el que ella se sincera y se ve cómo es, yo ya sé que tipo de mujer es. Y decido por qué digo lo que estoy diciendo. Y a la hora de definirlo, defines como es tu personaje. Si me comporto de esta manera soy este tipo de mujer, o si hago esto, soy otro, aunque lo que diga sea lo mismo. Tienes que ir decidiendo y eso es lo que hace que se construya un personaje. Aunque no esté diciendo soy tal, pero por cómo lo hago ya te estoy dando esas pistas. Y ese ha sido mi trabajo.

-¿El público entenderá el mensaje de la obra?

- Yo con que a uno le lleva a reflexionar de alguna manera me quedo satisfecha. Obviamente el mensaje que recibirá cada espectador será distinto. Hay muchos factores que influyen y es complicado generalizar. Pero con que no deje indiferente, se levanten de otra manera, le hagan tomar conciencia de algunas cosas y pensar. Con que se remueva algo más allá de que le guste o no, que igual es lo de menos, o que cuando llegue a casa sigan pensando. Porque creo que en realidad es la transformación que el teatro debería buscar. Más allá de que nos pueda gustar una interpretación y también es por lo que uno trabaja. Es lo que uno quiere conseguir. Al menos en mi caso, quiero ser útil con mi trabajo, ya que no puedo contribuir a la sociedad de otra forma. Represento a una mujer que tiene tantas cosas que decir a las mujeres que si consigo que a una de ellas le entren más ganas de hablar, pues que mayor satisfacción que esa.

Más a fondo

-¿Siempre quiso ser actriz?

-En mi caso es como si el teatro me hubiera buscado a mí, más que yo a él. La primera vez que participé en una obra era muy pequeña. En mi clase se estaban haciendo pruebas para un personaje. Cada uno lo hacía y se iban votando. Y recuerdo que cuando lo hice, al acabar y que mis compañeros fueran a votar, la directora se dio la vuelta y dijo «no, no, no se a votar, perdonad lo va a hacer ella». Es como esa parte misteriosa de la profesión, en mi o cuando realizo mi trabajo que no soy capaz de abarcar. Es la que más miedo me da, porque siempre me pregunto ese día estará o no. No sé lo que es pero es lo que me ha permitido ir abriéndome paso. Será que es mi cometido en el mundo. No lo sé.

-¿Dónde se ha formado?

-Empecé muy joven. Creo que mi papel importante fue a los 16 años. De ahí que al principio no me formara, porque tenía muchas oportunidades de trabajo. Mis grandes maestros han sido los directores con los que he trabajado. Después he recibido formación pero por mi cuenta. Unos meses me voy a Madrid, otros a Francia... Lo que es así formal, de la carrera completa no la tengo. No he podido dedicar tiempo a eso. Aunque considero que la formación es fundamental. Hay que tenerla. Hay que conocer a otros directores, porque ellos son los que te ponen los pies en la tierra. Son los que te orientan y son los que te hacen amar aun más este trabajo.

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