A bordo del Orient Express

Interior del Orient Express / Óscar Chamorro | Marc Berry Reid

Décadas después de su último viaje oficial, el legendario tren se pone de nuevo en marcha con un invitado especial a bordo: el bisnieto de Agatha Christie y custodio de su legado

Rosario González
ROSARIO GONZÁLEZMadrid

París, febrero de 2018. Son las siete de la mañana y la estación Gare de L’Est amanece envuelta por una espesa bruma. Las vías están vacías, a excepción de una. En ella aguarda expectante y majestuoso el Orient Express original, máximo exponente de la edad de oro de los viajes en tren y sinónimo de lujo durante el siglo pasado. Su viaje inaugural tuvo lugar en 1883, con una ruta que iba de París hasta la antigua Constantinopla, hoy Estambul, atravesando los mejores paisajes de la Europa occidental hasta enlazar con las rutas orientales. El último trayecto oficial tuvo lugar en 1977.

A bordo viajaron empresarios, exploradores, millonarios, miembros de la aristocracia europea, monarcas y jefes de Estado. Ferdinand de Bulgaria, el rey de Bélgica Leopoldo II, el zar ruso Nicolas II o el presidente francés Paul Deschanel fueron algunos de sus pasajeros ilustres, pero también ocupó uno de sus compartimentos la escritora Agatha Christie, en un viaje que le sirvió de inspiración para escribir ‘Asesinato en el Orient Express’. La historia fue llevada al cine en los años 70 y ha vuelto a la gran pantalla a las órdenes de Keneth Branagh, que además de dirigir interpreta al famoso detective Hercules Poirot, así como un reparto que incluye a Michelle Pfeiffer, Johnny Deep o Penélope Cruz.

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Décadas después de su último viaje oficial, el Orient Express se pone de nuevo en marcha para regresar al pasado durante unas horas. Lo fleta la productora 20th Century Fox con motivo del estreno de la película en formato doméstico, que llega este miércoles a las tiendas en DVD, Blu-Ray y una edición especial para coleccionistas. A bordo ya no viaja Agatha Christie, pero lo hace James Prichard, bisnieto de la escritora y custodio de su legado. Es la primera vez que aborda el legendario tren y, mientras la antigua maquinaria pone rumbo a Reims, región donde se asientan las mejores casas de champán del mundo, la ocasión le permite recordar la extraordinaria historia de la dama del crimen.

«Fue una pionera. En los años 20 recorrió mundo con su primer marido, llegando a lugares donde la gente no llegaba», destaca Prichard. Aunque la primera vez que viajó en el Orient Express fue precisamente tras la ruptura de su matrimonio. «En esa época ella era una madre soltera, ya tenía a su hija mayor, mi abuela, y se organizó ella sola el viaje y se fue por su cuenta en pleno 1920, visitando lugares extraordinarios». En un yacimiento arqueológico en la Iraq conoció al que se convertiría en su segundo marido, Max Mallowan, con quien seguiría descubriendo rincones exóticos. «Al leer sus libros descubres que lo que había detrás era sobre todo curiosidad por las personas y por el mundo que había a su alrededor, y tuvo la valentía y el impulso viajero para descubrirlo».

Christie convirtió todas esas experiencias en decenas de obras que la convirtieron en la autora que más libros ha vendido en la historia, solo superada por la Biblia y la obra de Shakespeare. La clave del éxito, en opinión de su bisnieto y heredero, fueron las historias. «Hay un montón de lugares exóticos y de personajes fuertes en los libros, pero las historias son lo más poderoso que tenía como escritora frente al resto. Escribió desde los años 20 hasta los 70, abarcando gran parte del siglo XX. Escribía entre cinco y seis libros al año y consiguió que todos ellos tuvieran esos argumentos tan poderosos, historias universales que hacen que los libros sigan siendo actuales. Tenía un talento extraordinario”, analiza Prichard.

Viaje al pasado

A bordo del Orient Express, el tiempo parece haberse detenido en algún punto del siglo pasado. Junto a los finos manteles de hilo, la exquisita cubertería y los camareros uniformados con guantes blancos, varios maniquíes sostienen los trajes originales que se diseñaron exclusivamente para la película. Detrás de este laborioso trabajo se encuentra la oscarizada diseñadora de vestuario Alexandra Byrne, que realizó un extenso trabajo de investigación para recrear los códigos de vestimenta de los años 30 con las particularidades propias del lugar de origen de cada personaje. «Michelle Pfeiffer interpreta a una estrella retirada de Broadway, pero eso no se sabe hasta el final del viaje, así que el vestuario tenía que representar a una turista de la Costa Oeste autodefinida como una cazamaridos. El reto con este personaje fue conseguir que la audiencia empatizara con esta mujer, que fuera creíble a pesar de los contrastes de su vestuario, cargados de detalles y con muchas contradicciones que reflejan a su vez las propias contradicciones del personaje», explica Byrne.

Otro de los personajes es Mary Donowan, un personaje clásico del universo Agatha Christie. "Es una institutriz inglesa, una mujer trabajadora que se sostiene financieramente de forma independiente, así que diseñamos un armario escueto. Trajes pensados para viajar, de confección sencilla y práctica, sin demasiados adornos, y que cumplen con la función más práctica de mantenerla abrigada», señala la diseñadora.

En el caso del detective Hercoles Poirot, su vestuario refleja su pasado militar y el carácter persuasivo y preciso. «Tiene fijación con la simetría, y necesita que las corbatas estén perfectamente alineadas. Sus trajes van cambiando y, aunque mantienen la línea militar, incluye un punto de vanidad en los detalles franceses de la confección, diferentes al estilo americano o inglés de la época», detalla Byrne, que revela que la confección del vestuario también incluye pistas que serán clave en la resolución de uno de los crímenes más famosos de Agatha Christie.

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