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El discípulo de El Bosco cinco siglos después

Okuda San Miguel, en la iglesia de Llaneras.
Okuda San Miguel, en la iglesia de Llaneras. / Efe
  • El artista santanderino Okuda San Miguel recupera en el libro 'Kaos Temple' los hitos más importantes de su obra, en la que destaca la iglesia de Llaneras

Si el Bosco volviera a nacer, probablemente su obra se parecería a la que pinta Okuda San Miguel (Santander, 1980). Colores vivos, brillantes, optimistas, que sin embargo, habitan en formas feas, incluso siniestras. En este contraste que exploró con sabiduria el pintor de los Países Bajos en el siglo XV se mueve ahora el artista cántabro, el mismo que, siguiendo esa corriente renacentista de la que se siente heredero, se subió a un andamio y con esprays pintó su propia Capilla Sixitina, el techo de la iglesia asturiana de Llanera, la iglesia skate, como se conoce en todo el mundo, y el 'Kaos temple', como la llama Okuda.

Precisamente 'Kaos temple', el nombre de su obra más representativa hasta ahora, es el título del libro que Okuda publica con la recopilación de sus trabajos. Pese a su juventud, el artista ya tiene una de las trayectorias más interesantes del arte español y desde su estudio en calle Embajadores de Madrid proyecta una obra que en los últimos años se ha hecho internacional.

Como tantos otros adolescentes inquietos de los años 90, su estilo se forjó en las paredes de los descampados, en el grafiti callejero. "Cuando pinto, me reencuentro con aquel yo, tengo las mismas sensaciones, no noto cambios", afirma. Y sin embargo, aquel chaval que deslumbraba a sus compañeros de aventuras en Santander supo dar los pasos necesarios para no quedarse en los "guetos", como él denomina a aquellos primeros espacios suburbiales en los que dibujaba.

Estudio Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, y ese acercamiento a todas las corrientes artísticas le permitió ampliar sus horizontes. Cuenta que en 2009 dio un giro hacia el estudio y hacia un arte más intimista, y por todas estas razones, ahora rescata en su obra figuras clásicas como 'El jardín de las Delicias', de El Bosco, 'Las tres gracias', de Rubens, o 'El nacimiento de Venus', de Botticelli. Pero deja de lado el naturalismo y gracias a los colores y a las formas, se sumerge en el surrealismo. "De hecho, creo que mi obra es más surrealista que 'street art'", certifica.

Pero la calle nunca ha dejado de ser su territorio. Sus obras pueden verse en la India, Malí, Mozambique, Estados Unidos, Brasil, por toda Europa, y el exitoso proyecto de la iglesia de Llaneras, "que ha rebotado por todo el mundo", confirma, le ha abierto la puerta para pintar otros dos templos, de muy diferente signo: uno en Marruecos y otro, en Denver, la iglesia del Cannabis.

La reacción general ante su obra y, en concreto, ante el templo asturiano, ha sido muy buena. También el mercado, después de años en que el desinterés entre ambos era mutuo, ha puesto por fin sus ojos en él, aunque más fuera que dentro de España. Cree Okuda que el mercado del arte en España, simbolizado en su feria más importante, Arco, "necesita una renovación con más piezas contemporáneas".