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«La obra de Chillida desafía a Newton y a la gravedad»

Juan Barrero y al fondo, El Peine de los Vientos, una de las obras más emblemáticas de Chillida. :: J.A.B.
Juan Barrero y al fondo, El Peine de los Vientos, una de las obras más emblemáticas de Chillida. :: J.A.B.
  • En el documental 'Lo profundo es el aire' aborda la parte más íntima del escultor y su relación con sus seres queridos

  • Juan Barrero Director de cine

Juan Antonio Barrero (Sevilla, 1980) «aunque mi padre es calamonteño y yo soy extremeño de sentimiento» (y de sensibilidad habría que añadir) acaba de presentar en el Festival de San Sebastián 'Lo profundo es el aire', un acercamiento cinematográfico a la obra del escultor Eduardo Chillida. «Chillida es uno de los artistas y escultores más importantes del siglo XX y sobre el que no había mucha obra audiovisual. En este caso, se trata de un documental encargado por TVE y la televisión vasca y que he afrontado con mucha responsabilidad». Para Barrero, se trata del primer documental, si bien 'La jungla interior' ya fue su primer largo. «Que alguien te encargue una película se trata de algo progresivo a lo que llegas después de acumular experiencias, de ir decantando tu sentido del gusto, de seleccionar el trabajo que quieres hacer, de asumir sacrificios para hacer menos pero hacer lo que te gusta, de ganar menos pero disfrutar más. », explica Barrero, que recuerda que sus inicios en el cine. «Mi padre me contaba cuentos. «Luego, cuando se apagaba la luz, miraba a las paredes imaginando los personajes que mi padre inventaba», dice. «Ahí empezó mi amor por la ficción».

«Yo era consciente de la imposibilidad de abarcar en una hora y media la vida de un artista con una carrera dilatadísima y bestial, era un artista inagotable», precisa Barrero, que abunda en que en 'Lo profundo.' trató «de alejar a Chilida del mundo más académico y del mundo más intelectual y explorar otros aspectos desconocidos o inéditos, como el de la intimidad», precisa. «Chillida fue un artista poco 'performer', a diferencia de otros como Dalí, Picasso o Warhol, que tenían una vida pública muy activa, muy controvertida. Él fue todo lo contario: trabajó casi toda su vida en su pueblo, en un taller, de sol a sol; iba a su casa a comer, luego volvía su trabajo, vivió como un monje, un eremita y rodeado de su familia y los cercanos. Y creía que ahí había algo que no estaba que era aproximarse a él a través de su familia, cuya participación y consentimiento, además, yo entendía fundamental. Han sido incluso cómplices. Pero no han intervenido en el contenido», afirma.

Lección de rigor

Del escultor donostiarra, Barrero destaca «su lección sobre el rigor. Fue muy disciplinado y buscó y persiguió durante más de cincuenta años hacer cada obra lo más esencial posible, esencializarla, retirar lo innecesario, lo decorativo. dejar solo lo necesario. Yo me quedo con la experiencia sensorial que nos dejó. Y su obra, más allá de la apariencia, angulosa, fría, incluso arquitectónica, cuando te acercas a ella, descubres un mundo de texturas, sensaciones táctiles, olfativas, sonoras (sus esculturas están llenas de músicas a veces imperceptibles, casi mudas). Es, además, una musicalidad basada en la matemática, la proporción y el equilibrio de sus piezas. Es música entendida en un sentido muy amplio», dice.

«Chillida era un científico heterodoxo al que le encantaba luchar contra los principios básicos de la física elemental. Su obra desafía a Newton y a la gravedad. Sus obras son megalómanas. Están construidas con materiales pesadísimos pero que parecen levitar, aunque sean obras de 80 toneladas de hormigón o de 30 de acero», cuenta. Para Chilida, «la diferencia entre la materia y el espacio radicaba en la velocida: él decía que la materia la vemos y la tocamos porque va despacio y cuando se acelera dejamos de verla y se convierte en aire, en algo que tiene apariencia de hueco, de vacío, aunque está tan cargada de materia como lo anterior. Y ese verso de Guillén que da título al documental concentraba, para Chillida, ese principio», precisa.

Alta tecnología

Para Barrero era fundamental la parte técnica. «A la hora de filmar la obra de Chillida, que tanta importancia daba a la textura, nos parecía muy importante contar con la tecnología necesaria para captar esos óxidos, los envejecimientos de esos materiales, la interacción con la piel de la gente que la toca. por eso hemos usado una cámara de muy alta sensiblidad que nos permitió actuar en situaciones de luz muy críticas y un sonido realizado por un artista sonoro y no del mundo del cine, lo que nos ha permitido oír cómo sonaban esas esculturas y construir la banda sonora a partir de esos sonidos», argumenta Juan, encantado con la acogida que ha tenido la obra.

Sobre su próximo proyecto, no tiene dudas. «En noviembre, mi abuelo Adolfo, el de Calamonte, cumple 100 años. Haré algo para la familia. Uno no siempre tiene la suerte de tener un abuelo centenario con esta entereza, esa extremeñidad, esa honestidad y ese saber estar», concluye.