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Pasión por Frida

Frida Kahlo, en una imagen captada por el fotógrafo colombiano Leo Matiz (1941). :: Fundación Leo Matiz
Frida Kahlo, en una imagen captada por el fotógrafo colombiano Leo Matiz (1941). :: Fundación Leo Matiz
  • La exposición en Madrid de las fotos que le dedicó Leo Matiz revalida la vigencia de la artista mexicana

La comisaria Angustias Freijo asegura que Frida Kahlo aprendió a posar en el estudio de su padre, fotógrafo de profesión, pero resulta dudoso que el magnetismo de la creadora mexicana fuera el fruto del artificio, el frío resultado de una sofisticada puesta en escena. La responsable de la exposición en torno a las instantáneas de Leo Matiz, recién inaugurada en el Instituto de México en Madrid (donde permanecerá hasta el día 11 de noviembre), reconoce, no obstante, que su enorme capacidad de fascinación no pueden desligarse de la mixtura entre una vida convulsa, su fecunda sexualidad y la obra plena de referencias autobiográficas, un trabajo harto singular que combina expresionismo y un universo propio de formas y símbolos.

Ella seduce desde su belleza extraña, a partir de una fragilidad física e infortunio emocional que se convierte en pasión por la vida. Ese halo cautivó a numerosos artistas que la convirtieron en todo un icono de modernidad, de feminismo e independencia. Las instantáneas de Imogen Cunningham, Edward Weston, Tina Modotti y Martin Munkácsi, entre otros muchos, han establecido ese mito que, aún hoy, setenta años después de su muerte, constituye todo un símbolo de modernidad.

Medio centenar de retratos

La muestra en el Instituto de México en Madrid recoge medio centenar de los numerosos retratos que le dedicó el colombiano Matiz, uno de los grandes de la disciplina, a mediados de los años cuarenta. Las obras demuestran la cercanía entre el autor y la modelo durante una larga estancia del colombiano en la Casa Azul, la residencia de la autora y su marido, el muralista Diego Rivera, en la capital del país norteamericano. La poderosa imagen de Kahlo atrapa al espectador incluso en aquellas ocasiones en las que ni siquiera se dirige directamente a la cámara.

«La vida personal la ha convertido en mito», confiesa Freijo. La aureola de la creadora integra el drama de la artista -víctima de la poliomielitis infantil y un accidente de tranvía durante la pubertad que fracturó su cuerpo-, la militancia revolucionaria y una exaltación del amor y el sexo. Frida combatió el persistente dolor físico y anímico con una larga relación de amantes entre los que se hallan Leon Trotsky, María Félix y una jovencísima Chavela Vargas que recuerda su primer encuentro con la creadora en cierta fiesta que la pintora disfrutó postrada en una cama. Esa fructífera simbiosis ya fue mencionada en la crítica de la única exposición individual que le dedicó su país, en la Galería de Arte Contemporáneo de la también fotógrafa Lola Álvarez Bravo. Entonces, en 1953, la salud de Frida se hallaba muy deteriorada y acudió a la inauguración en una ambulancia.

El atractivo de Kahlo y las numerosas vertientes de su aportación la han convertido en motivo recurrente dentro del circuito de exhibición y el ámbito de las subastas. El pasado mes de mayo, la puja por 'Dos desnudos en el bosque (La tierra misma)' alcanzó en Christie's los siete millones de euros, convirtiendo a un cuadro de pequeño formato en el mayor hito comercial en la Historia del Arte latinoamericano. Además, la cita madrileña es un episodio más de una intensa revisión de su legado que, tan sólo a lo largo del pasado año, contó con exposiciones en San Petersburgo, Sydney, Phoenix y Río de Janeiro.

La desmesura de la existencia y legado de la artista se manifiesta, asimismo, en las declaraciones de una mujer de intensa personalidad, que llegó a asegurar que no se vinculaba al surrealismo porque pintaba su vida, no sus sueños, o que no precisaba de caminar cuando su fantasía podía elevarla sobre la desdicha cotidiana. «Pies para qué los quiero si tengo alas para volar», llegó a afirmar.