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'La tierra fecunda', fresco de Diego Rivera en la capilla de Chapingo. :: archivo
'La tierra fecunda', fresco de Diego Rivera en la capilla de Chapingo. :: archivo

Diego Rivera, la mujer y la tierra

  • En su país natal y EE UU veneran la compleja creación de un artista que representaba a Frida Kahlo como protagonista de su ideal revolucionario

  • Una arrolladora corriente erótica preside la obra del genio mexicano nacido hace 130 años

En estos meses finales de 2016, la conmemoración del nacimiento de Diego Rivera (1886-1957) vendrá a reforzar su condición de símbolo nacional, asociado a la figura, hoy dominante, de su amada, admirada y traicionada Frida Kahlo. Una serie de exposiciones en México y en Estados Unidos estudiarán diversos aspectos de su compleja obra, desde la técnica empleada para pintar el famoso fresco de la tarde de domingo en la Alameda hasta su presencia en museos de Estados Unidos, sin olvidar su condición de compulsivo coleccionista de arte prehispánico.

Sorprende, en todo caso, la ausencia de preocupación por Rivera en nuestros medios, a pesar de la importancia de su viaje a España en 1907, y de la estrecha relación que trabó, en el plano intelectual, con Valle Inclán y Ramón Gómez de la Serna, y en el artístico, incluso con artistas hoy considerados menores como Ignacio Zuloaga y Valentín de Zubiaurre (véanse 'Las autoridades del vasco' y 'Los viejos de Rivera'), amén de la brillante reinterpretación en 1912 de la 'Vista de Toledo' del Greco.

Ya en París, dentro de su infinita capacidad para absorber y reelaborar estilos ajenos -Picasso, Juan Gris-, no puede olvidarse su íntima relación con María Blanchard, aquella maravillosa pintora cubista, «dulce sombra» contrahecha, de quien hablaba la elegía de García Lorca, y con la cual convivió. Curiosamente, el poeta verá en María la antítesis de Rivera, por pintar este a sueldo del tirano Calles.

De momento, aquí nada. En cambio, las instituciones mexicanas han acumulado los preparativos, tanto de exposiciones monográficas, como de trabajos de restauración. Así, en la escalera de la Secretaría de Educación Pública (SEP), cuyos murales son tal vez su obra magna, al lado de la capilla de la Universidad agraria de Chapingo. En nuestra reciente visita, pudimos contemplar la reparación de su punto final: el autorretrato de Diego Rivera, semiescondido en el último rellano.

Fascinación capitalista

Entre las exposiciones, rompió el fuego la titulada 'Re-visiones de Norteamérica', organizada en el museo dedicado al pintor donde se exhibe su famoso 'Sueño de una tarde dominical en la Alameda'. La muestra gira en torno a reproducciones de importancia capital para entender el juego de continuidad y cambio que preside su fascinación por el capitalismo norteamericano, no lo olvidemos, tras su expulsión en 1929 del Partido Comunista: 'Alegoría de California' y 'La construcción de un fresco'. Ahora bien, aunque formalmente secundarios, el interés de la exhibición, reside antes que en esas reproducciones de obras ya conocidas, en los bocetos. Unos de obreros en el curso de su trabajo, utilizados para su posterior representación de la industria en Detroit; otros, enormemente sugestivos, de la figura de la campeona de tenis Helen Wills Moody, a la cual convierte Rivera en protagonista de la 'Alegoría'. Por añadidura, los bocetos han llegado como préstamos anónimos, y por consiguiente no habrá forma de contemplarnos de nuevo tras la clausura. Las estampas de los trabajadores enlazan con otras, exhibidas en el Museo Dolores Olmedo de México, e ilustran hasta qué punto las obras más elaboradas surgen de una observación de la realidad social casi propia de un reportaje gráfico, trátese de Detroit o de Ciudad de México. Retratos de fragmentos de la realidad social que luego serán reelaborados desde la ideología y la imaginación de Rivera.

Este cordón umbilical no se quiebra en la elaboración de la 'Alegoría de California', fresco pintado nada menos que para decorar la Bolsa de San Francisco. Como en 'Metrópolis' de Fritz Lang, en el subsuelo de la riqueza capitalista se encuentran los trabajadores que hacen posible dicha opulencia. Pero existe otra dimensión: el culto a la campeona de tenis, cuya efigie preside y domina el mural. California se hace mujer, y la admiración por Helen queda probada en los espléndidos bocetos donde la tenista aparece desnuda.

«Coqueto incorregible»

En la carta a Frida Kahlo, proponiéndole un nuevo casamiento, Rivera se autodefine como «un coqueto incorregible». Se trata de una visión de sí mismo excesivamente modesta, ya que en el pintor convergen una obsesión personal por el sexo, con la consiguiente pulsión permanente de conquista, y una reflexión que ve en la mujer la pieza fundamental de la creatividad en el universo. En la 'Alegoría', la hermosa tenista se convierte en la deidad de la nueva civilización. Es un papel que nunca asignará a Frida, quien en las sucesivas representaciones es en cambio protagonista, efectiva y simbólica, del ideal revolucionario. Por su parte, Rivera se reserva una presencia variable según los temas, heredera de la descubierta por el abate Suger en las vidrieras de Saint Denis. Frida señala el sentido de la acción, de la distribución de armas para la revolución en 1928 en la SEP a la de manifiestos por la Paz en el boceto del hoy perdido 'Pesadilla de la guerra y sueño de la paz', en la planta superior de Anahuacalli, el museo prehispánico creado por Diego Rivera.

La pasión por otras mujeres, por la Mujer a través del sexo, deviene imagen en la antítesis de la Capilla Sixtina que es la capilla de Chapingo, en 1928. Frente a Dios y a la concepción católica del amor, se despliega en sus muros la sexualidad creadora, encarnada en la mujer, gracias a la fecundación del hombre. Y las protagonistas representadas, su esposa legal Lupe Marín -desde el inicial desnudo al embarazo que preside el ábside-, más la deseada fotógrafa Tina Modotti, cubren el itinerario, con el falo disimulado en una ventana. La explosión de la sexualidad femenina como fuerza cósmica encuentra en la pared opuesta el contrapunto de la apropiación revolucionaria de la tierra por el hombre. Tierra, sexo, madre. «Una gran corriente erótica preside todas sus creaciones», dice Octavio Paz de Diego Rivera.