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El 'Edipo Rey' de Rafter y Moirón brilla en el escenario del Teatro Romano

  • La última función que ofrece el Festival de Teatro Clásico cumple con las expectativas y consigue la gran ovación del público

Luces encendidas. Espectadores subiendo y bajando escaleras, que impacientes buscan sus asientos. Como cada estreno, la expectación se palpa. Más aún en el último. El último de una programación variopinta que contenía nueve obras para conmemorar la sesenta edición de la gran cita. El último además con sabor a extremeño del curado, del bueno. Del que no defrauda, y deja el paladar seco del gusto.

Luces apagadas. Como en cada estreno, y en cada función el silencio llega a todos los rincones. Como sucede siempre, la magia, a la que tanto aluden actores, directores, y equipo técnico de las obras, que emana de las piedras y columnas, inunda el entorno. Comienza el hechizo. Comienza el conjuro del mago irlandés, Denis Rafter.

Su particular 'Edipo Rey', fiel al dramaturgo griego Sófocles, comienza con las primeras notas características del grupo extremeño de Acetre. Con esas primeras notas de aire mediterráneo, los presentes se transportan a mismísima ciudad de Tebas. El coro de los suplicantes, junto a las cantantes del grupo, comienzan a hacerse con el escenario, y se posan frente al altar de Apolo.

Tiresias es el primero en aparecer para poner en situación a los espectadores, por si alguno no conoce el comienzo de la tragedia de todas las tragedias. Una serie de infortunios, un auténtico lío de dioses y mortales al más puro estilo grecolatino y a modo de prólogo suponen las primeras puntadas del telar de emociones que Rafter tiene preparado para los espectadores. Tras el acercamiento a la trama, el coro se hace con el dominio del escenario.

Un coro particular, donde no faltan las máscaras, tétrico en algunos momentos de la obra. De estos que son capaces de provocar vellos de punta y la piel que se eriza, con un juego de voces casi perfecto. Casi, pues seguro será perfecto en las próximas funciones. El coro ayuda a mostrar la faceta más humana, justa y conciliadora del rey de Tebas. El Edipo de un José Vicente Moirón contenido, para lo que el actor acostumbra, gusta. Gusta y mucho.

Dosificar la información para enganchar a los espectadores siempre es una buena estrategia. Mejora cuando lo que se dosifica son las verdades ocultas. Edipo poco a poco comienza a entender que lo que persigue con tanto ahínco no es más que su sombra. Su propia persona. Él es el asesino que busca. No es más que un peón en manos de dioses.

El mago irlandés sabe de tragedias. Sabe y mucho. Durante toda la función, la emoción a modo fantasma shakesperiano, se sienta al lado de cada espectador. El grado de intensidad comienza en los mínimos permitidos, y va in crescendo. La trama va desatando nudos, el protagonista atando cabos por otro lado. Hasta que la sangre corre de nuevo por el escenario emeritense.

Aplauso desmedido

Los diez últimos minutos de obra son arrolladores. Ya lo avisaba el director en la presentación de la obra. La función toca fibras muy concretas. Fibras que pocos pueden resistir y negarse a sucumbir ante los sentimientos que despiertan. Y en Edipo sucede. El público expectante y silencioso asiste al final del rey de Tebas, atado a la profecía del oráculo, al destino impuesto, del que por mucho que luche no se puede desligar. Ni el frío que de nuevo llega al estreno puntual a media noche, consigue despertarlos del embrujo.

Las luces se apagan, por última vez en un estreno, y el público aplaude. Lo hace durante minutos. Se levanta, se mantiene en pie para recompensar las casi dos horas de buen teatro que los extremeños les han ofrecido. El equipo al completo recoge la gran ovación. 'Edipo Rey' cumple con las expectativas.

Redonda. El montaje de Denis Rafter, con la versión de Miguel Murillo y los actores extremeños es simplemente redonda. Espectacular la interpretación de José Vicente Moirón. Como Áyax llegó al público emeritense, y como Edipo, por un camino diferente, los engatusa de igual manera. Memé Tabares con su Yocasta alcanza a los asistenses, no solo por su inmejorable interpretación. La musicalidad y tono de voz de la extremeña es de esas que se acopla a la perfección con el entorno.

Lo mismo sucede con el coro de suplicantes y el resto del elenco. Gabriel Moreno con Creonte, Javier Magariño con Tiresias, Juan Carlos Castillejo con el Sacerdote, Camilo Manqueda con el Mensajero, y Jesús Manchón como el Pastor, completan un cuadro perfecto, que resultaría incompleto sin el espectacular coro. Francisco Quirós, Pedro Luis López Bellot, Javier Herrera, junto a las cantantes de Acetre, Ana Jiménez, Ana Márquez, y Laura Ferrera, dan ese aire grecolatino que tanto gusta, como la música, un auténtico acierto. También lo es la escenografía de Juan Sebastián Domínguez, tan simple y a la vez con fuerza, que parece que cobra vida. Con un significado que resulta otro guiño clásico al tiempo medido por los griegos. Mención aparte merece el vestuario de Rafa Garrigós. Un perfecto ejemplo de como con poco el resultado es deslumbrante.

La que cuenta

Que el público disfrute siempre es la opinión que prima. El actor Esteban García Ballesteros fue uno de los muchos que no quisieron perderse la cita. «Moirón es un experto, me ha encantado la obra, el texto se entiende perfectamente y llega un punto en el que te emocionas», indica. Juana Agudo de San Sebastián además destaca la música de la obra. «Me ha parecido fantástica, suma mucho a la función», señala. «Impresionante, es de estas obras que hay que verlas dos veces», señala Matías Leza de Guadalupe.

De esas que hay que darse el gusto de disfrutar en más de una ocasión. Así es el 'Edipo Rey' de Denis Rafter. Que además de crecer junto al público, lo hizo sobre un escenario que lucía con sus mejores galas. Con esas que auguran la despedida y la bajada del telón que solo se levanta con la llegada del verano, para acoger de nuevo obras con las que soñar despiertos. Pues esa es la magia que encierra el Teatro Romano.