Los muchachos de Olivenza no son como los demás

J.V. ARNELAS

Los 3W y Los Camballotas salvan una noche larga y de digestión lenta

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

El público del López de Ayala se movió anoche por el ambigú (para los milennials, la barra) como en ‘Walking Dead’, menos los fanes y fanas de Los 3W que como de costumbre hicieron de figurantes chillones de su murga.

Y es que la jornada más larga del concurso resultó difícil de digerir. Fue correcta y plana, salvo el relumbrón de Olivenza, que sobresalió de la mano de Los 3W y Los Camballotas.

Con buenas cartas salieron a jugar Los 3W y eso que no iban de mano después de que el año pasado pareciese que habían agotado todos sus ases. Nos equivocamos. Anoche fueron la apuesta más fuerte.

Presentaron una idea muy efectista de la que ya dieron buena cuenta el lunes Los Espantaperros. Dividir la murga en dos y construir su actuación desde el antagonismo de sus personajes: la madre antigua, de faja, refajo, puchero y pasodoble y la moderna de melenón, tendencias, thermomix y twerking.

Con ese tipo, que tiene posibilidades infinitas, explotaron con gracia el abismo entre sus dos arquetipos, contextualizando muy bien la actuación con un escenario y una interpretación que reforzaron su propuesta.

Plasmaron el choque generacional de forma muy reconocible y con dos momentos álgidos: los partos y los bailes. Esto hizo que fuera muy fácil que el público se metiera en la actuación, que lograron mantener muy arriba.

La vena cómica la dejaron apartada en los pasodobles, en los que llamaron la atención de los políticos extremeños para que peleen por el tren y de los del Congreso para que saquen adelante la prisión permanente revisable (no lo dijeron así, en realidad pidieron que La Manada se pudra en la cárcel). A mí este segundo no me gustó, más que nada porque mi concepción de la pena de prisión está a años luz de la suya. Pero, honestamente, hay que decir que el público vitoreó sus dos letras.

Tampoco me gustaron sus ramalazos de humor añejo, pero oye no voy a negar que la gente se los bebe como un chupito de Soberano. Ni me gustó el fanático que se me sentó al lado durante su actuación y que se dedicó a partirse las manos aplaudiendo mientras me repetía ‘qué buenos son, qué buenos son’. Me pregunto si estaba en nómina o es así de normal.

La cupletera

Remataron con una despedida ‘mu sentía’, donde hubo frases sublimes dedicada a las madres. Vienen a escalar posiciones y anoche hicieron la primera cima.

Los Camballotas, agua de mayo

Sus vecinos Los Camballotas cumplieron con las expectativas que teníamos puestas en ellos como una de las murgas prometedoras del concurso. Explotaron la gestualidad, con la que consiguen hacernos reír sin tener que abrir ni la boca.

Este es uno de sus fuertes, el otro un repertorio hecho al tipo muy bien pensado y plagado de chistes frescos y juegos de palabras que fueron agua de mayo en el desierto de la cuarta preliminar.

Estuvieron menos sueltos que de costumbre, su personaje también lo requería, pero no se salieron del humor ni en un renglón. Fantástico su segundo pasodoble, de lo mejorcito que llevamos escuchado. Del otro lado, su estribillo que, aunque iba muy bien al tipo no terminó de llegar, no sé si por falta de énfasis o porque se entendió tarde.

Algunos brillos

Las otras cuatro murgas que subieron al escenario hicieron una actuación en general correcta con algunos brillos, pero poco más.

Las Polichinelas se convirtieron en Pepito Grillo, un personaje que podrían haber exprimido infinitamente más, ya que en muchas ocasiones sus letras hubieran valido para casi cualquier disfraz.

Sacaron desparpajo, tuvieron puntos simpáticos y un buen segundo pasodoble dedicado al equipo femenino del Santa Teresa, que por primera vez sonó el López. Por lo demás, encadenan demasiado el repertorio, lo que dificulta que se distinga cuando acaba el cuplé y empieza el estribillo y que conviertan sus cuartetas en un recital de diez minutos.

Las Sospechosas explotaron al máximo su tipo, el de influencers en redes sociales, una idea original que plasmaron bien pero que daba para lo que daba. A mi entender, se lo pusieron difíciles ellas solas con la elección del personaje.

Cantaron muy bajito y eso dificultó que el público les diera el calor que merecían, salvo en la parte del popurrí que decidieron grabar en directo y proyectar en el escenario que fue muy bien acogida. Si quieren ver el resultado, en su perfil de Instagram tienen el vídeo.

Los Informales, la tercera y última murga debutante de este año, fue una réplica de Serendipity, pero con otro nombre. Para lo bueno y es que sonaron bien, fueron divertidos (genial su cuarteta planchando) y estuvieron sueltos.

Y para lo malo, el tipo que se empeñan en hacer dos en uno (entre cantante y soltero independizado, me lo expliquen) y la figurante, que no tengo nada en contra de la muchacha, pero creo que con una repensada a la letra es innecesario que atraviese el escenario cada año.

La Mascarada estuvo infinitamente mejor que su ‘annus horribilis’ del pasado febrero como piojos. Descargados ya de ira, dejaron el rencor para hacer una actuación cómica que tuvo buenos momentos (como el del tren) y otros muchos en los que el reloj parecía que se había congelado.

Cantaron bien, controlando mejor los altos de las dos chicas, el escenario es simpático (menos por la momia de Franco, que creo que ya está el presidente de la Diputación detrás de ellas para que el alcalde de Almendralejo os la retire) y aunque trajeron el mismo tipo que Marwan, unos excavadores, su actuación no dio lugar a las comparaciones.

Terrible fue su cuarteta a oscuras dedicado a una momia que nadie vio. Desconozco si fue un fallo técnico o de cálculo, pero, en cualquier caso, un desatino del que ya no remontaron.

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