Catecismo murguero

Los Water Closet enseñaron el evangelio carnavalero y los Jediondos predicaron con el ejemplo

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

Lo de anoche, lo de los Jediondos y los Water, fue un auténtico catecismo murguero que despertó el fervor de todo un teatro. Dos maneras singulares de hacer carnaval para no perder la fe en un concurso, que para muchos empezó ayer.

Bajando al terreno de juego, la tercera preliminar del concurso fue en realidad los cuartos de la Champions murguera. Yo que siempre he sido de Stoichkow, entenderán que aposté por Los Jediondos. La murga de Los Niños y Los Murallitas dejaron la defensa de Inocente Rodríguez para jugar al ataque con Agustín Alegre.

Hacer que un sieso con gesto de oler mierda en una horquilla haga reír es de un mérito solo al alcance de ellos. Se retan cada año al más difícil todavía, pese a que aquí nos gusta el circo con el pan ya masticado.

Presentaron a su personaje sin necesidad de entonar la primera letra. Su entrada al escenario perseguido por los músicos carnavaleros plasmó visualmente al jediondo de manual (para los milennials, nada que ver con Juego de Tronos). Un tipo que en aspecto se inspiraba en el personaje de la Familia Adams, con cara de haber resucitado en pleno tanatorio.

Perfecta caracterización y trabajo gestual, con mención especial para Fran Tabares que clavó la interpretación con un parecido más que razonable a Mr.Bean. Y si de interpretación hablamos, no puedo dejar pasar el mérito de Gordillo, vestido de Viriviriflanta, que tocó la guitarra durante toda la actuación dando saltitos (actuación de Los Niños de 2007).

La cupletera

Con el humor de retranca y haciendo chiste de las situaciones más cotidianas (a quién no le da ascazo que mojen la cachuela en el café o le molesta que intenten colarse en el súper), encararon sus cuatro repertorios de costumbre. Sí, cuatro en uno. Perfilando a su personaje con cada letra, bordaron un segundo pasodoble donde hacen de anfitrión de su único amigo (de Murcia, claro) en Carnaval.

El fatigas de Agustín hizo un estribillo que directamente entró en el top ten de la historia del Concurso. Y se marcó un popurrí genial desde el tipo que fue un disfrute. Muy aplaudido, tuvieron incluso que reiniciar una de las cuartetas para que pudiéramos escucharla desde el principio.

Que era su mejor año desde que están juntos (este es el tercero), fue la frase que quedó en el aire tras la actuación.

Water todopoderoso

Cómodos y en su salsa, estuvieron los Water Closet y eso es lo mismo que decir, que dios nos coja confesaos. Si con los dictadores mandaron en la tierra, anoche encarnando al mismísimo dios (a ellos tampoco les asusta nada), enseñaron que el cielo también es suyo.

Arrancaron con un canto gregoriano entre el latín y el castúo, que fue una declaración de intenciones de que el humor absurdo que vendría después, el suyo, el que tanto nos gusta iba a ser la tónica de su actuación (lo que les costó dar con el blanco roto o que subiera el bizcocho en el horno). De esta línea se desmarcaron en los pasodobles únicamente, con una primera letra al indulto de los pecados capitales, según el evangelio de San Water, que fue una delicia.

La segunda una versión particular de la creación, que tuvo crítica (perdóname señor porque he pecado) y homenaje (a Moi que, aunque no cante es un imprescindible en sus actuaciones).

Su estribillo se midió de tú a tú con el de los Jediondos, así que otro para el top ten. Y en el popurrí, tuvieron cuartetas de llorar de risa. El barquito de papel y qué sabe nadie hicieron furor.

Remataron con una despedida preciosa construida como los diez mandamientos del buen carnavalero, para rezarla cada noche, aunque a todos nos guste pecar.

La inclusión y la superación

La murga 20 D’ Copas no solo hizo anoche el concurso más inclusivo, también enseñaron lo que es la superación. Además de la traducción al lenguaje de signos, trabajaron con la ONCE para que su actuación pudieran verla seis personas ciegas desde el patio de butacas, a través del llamado sistema de audiodescripción. Bravo.

Ellas nos sorprendieron por cómo han aprendido a hacer carnaval en el último año. Anoche era la segunda vez que se subían al teatro y lo hicieron muy bien. Presentaron a un tabernero que llega a presidente de Extremadura bajo las siglas de Paripé y las barbas de Rajoy.

Cantaron bonito, salvo al final que se fueron de tono, pero en general sorprendieron por su buen hacer. Me encantó su segundo pasodoble, donde se desprendieron del tipo para cantar como mujeres sobre la mujer. Gracias por esa letra. Bravísimas.

Hilaron un popurrí con mucha actualidad y se fueron entre gritos de ‘presidente’ del público.

La tamborada de Los Indecisos

Es difícil escribir sobre la actuación de Los Indecisos sin que se interprete por los de siempre como que aquí estamos na más que pa’ cargarnos el Carnaval. Voy a ser clara: los que trabajamos cubriendo el concurso respetamos a las murgas desde el momento en que nos sentamos a escucharlas a todas.

Pero una vez que acaban y presentan lo que traen, no sería honesto con quienes nos leen decirles: todo bonito, todo bien cantado, todo prefecto, qué letras, qué escenario, qué barbaridad, qué maravilla, qué maravilla… los chinos de Fernando Calzadilla. Esto es un concurso y eso significa que hay un primero y un último. Los demás son pamplinas.

Voy a ser breve, la actuación de Los Indecisos fue una tamborada, porque ni se escucharon las guitarras y ni a ellos. Y cuando se les escuchó a ellos fue un desastre.

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