Carne y alma. Al Concurso de Murgas le cabe todo

El espectáculo impecable de Dakipakasa y el desmadre de Los Chungos y Yo no salgo compartieron el universo de libertad que vive estos días el López de Ayala

Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

Al Concurso de Murgas le cabe todo. Y si no díganme cómo se explica lo que vimos anoche en la segunda preliminar. El alma más sublime y la carne sin piel se alternaron en el mismo escenario para demostrar, una vez más, que pese a las normas el Comba es un universo en pequeñino de libertad para crear, para decir, para cantar.

El alma la encajó como pudo Dakipakasa en unas tablas que cada vez se le quedan más chicas. Y no solo por su espectacular escenografía que dejó un ‘Ohhhhh’ suspendido en el patio de butacas cuando subió el telón, también por una actuación brillante que puso el nivel del Concurso a la altura de la concha.

En escena, una murga en el limbo de la dignidad, a la que le quema la tierra y le rechina el cielo. Peleada a partes iguales con lo humano y lo divino, en medio del universo que se han creado para sí mismos. Y esto que les cuento es mi interpretación de lo que yo vi, de lo que entendí, porque lo maravilloso de cualquier obra de arte (y lo de Dakipakasa lo es) es que cada uno le encuentre un sentido.

Más allá de lo conceptual, la murga regaló una actuación sin cabos sueltos. Un vestuario elegante, un maquillaje magnífico, unas voces que si cantaran ‘Borriquito como tú’ me seguirían estremeciendo, un repertorio que tiene el compromiso grabado a fuego y una música con hondura.

La realidad y el deseo se dan las manos en unas letras que vuelven sobre los temas recurrentes que obsesionan a su autor. A Badajoz como nadie le canta en carnavales, la princesa que quiere estrenar zapatos; a la propia murga a la que, como de costumbre, le hace un pasodoble; a la humanidad más podrida, la de la Manada, a la que le quitan la careta para ponerle nombres y apellidos; a la tierra, la madre tierra; al abismo norte-sur; y a la religión. Escúchenle.

¡Hip Hip Vulva!

Al terreno bajaron Los Chungos, para meterse en un charco, en otro más, y salir airosos. Con el prometedor nombre de ‘Las Empoderadas’, se presentaron como feministas militantes, pero su repertorio en preliminares tuvo más de parodia que de activismo.

El carisma de esta murga y su conexión con el público favorece que su humor no se malinterprete, al contrario, que nos desinhiba para reírnos que fue lo que hicimos anoche. Su naturalidad permitió que no nos entrara pudor para corear ‘El clítoris se toca así’.

Es una murga que no se autocensura, que no se pone filtros a la hora de escribir y que hace lo que nadie se atreve: permitirse ser socialmente incorrectos durante 20 minutos. Sin tabúes, sin paños calientes y llamando a las cosas por su nombre. Carnaval.

Se salieron de la caricatura en pocas ocasiones, para lanzar mensajes desde el tipo, como su declaración final por la igualdad. Pero aún quedan pasodobles por escuchar. En su escenario, las consignas también se repartieron entre la gracia y el compromiso.

Cantaron malamente, pero poco le resta a esta murga que se fue entre aplausos.

El derroche de Yo no salgo

Yo no salgo derrochó de todo menos voces, porque ellos no son cantantes, son el ‘puto amo’ de la fiesta, el cachondeo y el me quedo contigo porque pueden y saben hacerlo.

Con un traje de leopardo (animal print para los milennials), subieron al escenario a un suertudo al que se le van cayendo los billetes tras tocarle la lotería (con el 00155, por cierto). Lo que les dio pie para fantochear lo que quisieron, reírse del mundo y volvernos a meter las ganas de juerga en el cuerpo.

Habilidosos es un repertorio mejor escrito que interpretado, donde dan estopa y risas, nos hicieron disfrutar. Y cuando creíamos que iban a sacar el sentimentalismo en la despedida, volvieron al tipo, al suyo, al que sacaron de mamarrachos, camarones y ricos… el mismo que les ha convertido en una de las murgas con más liquidez del Concurso.

Vuelvo atrás para deciros, que su segundo cuplé es el mejor punto de lo que llevamos de concurso.

Mala noche para debutar

La noche la completaron dos debutantes. Sa Tersiao, la más novata, que hizo lo que pudo. Con un personaje bien pensado, aunque sin exprimir (el del españolito que no quiere ver), se estrenaron cantando al tipo y a la actualidad con un repertorio justito. Tienen un estribillo simpático y ya han hecho lo más difícil, estrenarse.

La Coracha tuvo algunas buenas maneras. No en vano, aunque era la primera vez que bajo este nombre subía a las tablas, muchos de sus componentes eran reconocibles para el público. Trajeron una idea muy original: personajes de libros de la literatura clásica, pero poco les dio de sí. Tuvieron letras simpáticas, como la del segundo cuplé, un estribillo rimado con calzador y un popurrí donde mezclaron la revista del corazón (y que ya poco se escucha en el Concurso) con cuartetas donde los libros le sirvieron de excusa para hacer chistes. El más resultón, el del Grey.

No fue una noche buena para las estas dos murgas, que tuvieron que medirse con tres pesos pesados del concurso.

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