Siete sobrinos emigrantes

Daniel Lanza es de Zafra trabaja en el CERN desde 2014. :: hoy/
Daniel Lanza es de Zafra trabaja en el CERN desde 2014. :: hoy

Son cacereños formados en Extremadura, pero ninguno trabaja aquí

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cada día, siete jóvenes se van de Extremadura a buscar trabajo fuera. Los que se quedan se encuentran con la tasa de paro juvenil más alta de España (43%), con el salario medio juvenil más bajo del país (14 pagas de 658 euros) y 65 de cada 100 encuentran un empleo que exige una formación menor de la que tienen, ya saben: el reponedor informático.

Las cifras vistas así, en frío, no son más que eso, números. Es más, habituados a la emigración, tampoco nos parece tan extraña la situación: es lo de siempre. Pero la cosa cambia cuando descendemos a lo real, a las situaciones personales. Les voy a contar el caso de mi familia, clase media urbana extremeña con abuela ama de casa y abuelo funcionario tanto en mi caso como en el de mi mujer. Veamos la trayectoria de los 12 nietos de las dos familias.

Vaya por delante una imagen de la pasada Nochebuena: mis cuñados en el balcón hablando por Skype con su hija, que llamaba desde Estados Unidos y lloraba completamente destrozada por no estar con la familia: este año, el anuncio de El Almendro, vuelve a casa, vuelve... por Navidad, no había sido posible. Pero dejemos el sentimentalismo por muy sugerente que sea.

De los 12 nietos, cuatro están en edad escolar o universitaria y, por lo tanto, se forman o se han formado en colegios públicos e institutos de Don Benito y Zafra y siguen estudiando. Veamos el caso de los otros ocho. Todos estudiaron en colegios e institutos de Cáceres, de donde pasaron a la Universidad de Extremadura y, en algún caso, se formaron o completaron su formación en universidades madrileñas (Complutense, Politécnica, etcétera).

En resumen: ocho jóvenes extremeños de clase media, formados fundamentalmente en Extremadura (ingenierías, educación, derecho, cocina) que acaban sus estudios y buscan un empleo. ¿Y qué encuentran? Pues de los ocho, el único que sigue en Extremadura, en concreto en Cáceres, es mi hijo, que estudió Cocina y ya se sabe que, en mi ciudad, o eres funcionario, o eres turista, o trabajas para los funcionarios y los turistas. Como los otros siete ni son funcionarios ni trabajan para los turistas, pues nada, forman parte de esos 12.666 jóvenes (el mayor de mis sobrinos tiene 34 años) que la emigración ha arrebatado a Extremadura entre 2011 y 2016.

Lo que más me duele del caso de mis sobrinos y de tantos otros sobrinos extremeños es que, tras formarse en Extremadura a un nivel altísimo, ahora aplican su sabiduría en otros países, que se aprovechan de su formación extremeña y eso sí, les pagan atendiendo a ese nivel académico.

La sobrina mayor, ingeniera industrial, es profesora en la mejor universidad del mundo: el Instituto Tecnológico de Massachusets, el famoso MIT de Boston, donde forma a estudiantes de todo el mundo en temas de logística. La segunda es ingeniera de obras públicas y, al frente de ingentes cuadrillas de obreros mejicanos, es una de las responsables principales de esos nudos de autopistas inteligentes construidos en Dallas, cuyo peaje oscila dependiendo del tráfico y que han salido mucho en los medios.

Sigamos: otro sobrino, ingeniero industrial, trabaja en Madrid y su empresa lo envía a Ecuador para supervisar el desarrollo de su proyecto para una cementera; otra sobrina, licenciada en Derecho, trabaja en Dallas en lo que sale al tiempo que acaba un máster. La tercera sobrina es psicóloga, trabaja en Madrid con niños autistas y supervisa un curso de posgrado sobre este tema. Quedan otros dos sobrinos, los más jóvenes: una es profesora en un colegio de Madrid y su hermano, tras llevar diversos trabajos, en cuanto regrese de colaborar con una ONG en Sudáfrica, planea montar una empresa de alimentación en la sierra de Madrid.

Todos son cacereños, todos se han formado aquí, pero solo mi hijo, y yo que me alegro, se ha quedado en Cáceres. Y lo peor es que mi caso no es excepción extremeña, sino regla.

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