¿Fue Schulten un gran sabio o un ladrón en Cáceres?

Adolf Schulten con restos hallados en Cáceres el Viejo./MARTÍN GIL
Adolf Schulten con restos hallados en Cáceres el Viejo. / MARTÍN GIL
DESDE LA MOTO DE PAPEL

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Recuerdo una conversación, hace tiempo, en la Redacción del Diario HOY en Cáceres, entre dos queridos compañeros:

–Yo no sé muy bien si Adolf Schulten, el que excavó Cáceres el Viejo en los años veinte, era un gran arqueólogo o no, un sabio como dicen algunos – afirmaba Sanjosé –; pero, desde luego, era un narcisista algo mentiroso. Decía que él había descubierto el yacimiento de Numancia en 1905 y quien lo descubrió fue Eduardo Saavedra en 1860.

–Tampoco es santo de mi devoción – seguía Fernando García Morales –. Falseaba la historia para respaldar sus teorías, y pertenecía al servicio de inteligencia alemán, su misión era obtener planos e información sobre determinados territorios. A Cáceres vino con el general Lammerer, director del instituto topográfico de Munich, que estuvo todo el tiempo haciendo planos y mapas. Además, Schulten tenía la mano larga...

–¿Cómo?

–Cuando se fue de Cáceres, dejó aquí, en el Museo de las Veletas, piezas encontradas en el yacimiento; pero se llevó muchas a Alemania. En teoría para devolverlas una vez estudiadas y clasificadas, pero nunca más volvieron.

Estatuilla de Minerva y Quemaperfumes.
Estatuilla de Minerva y Quemaperfumes. / L. CORDERO

Adolf Schulten era una especie de Indiana Jones alemán de hace un siglo. Nacido en Elberfeld en 1870, fue profesor de Historia Antigua en Gotinga desde 1896, en 1907 daba clases de esa asignatura en la Universidad de Erlangen, siendo nombrado catedrático en 1909. Con 24 años, gracias a una beca del Imperio Alemán, conoció yacimientos arqueológicos en Italia, Grecia y África. Comenzó a visitar yacimientos arqueológicos de España en 1899. Se interesó por las ruinas de Numancia, la ciudad celtíbera, situada a 7 kilómetros de Soria, cuyos habitantes, en el año 133 A. C. decidieron suicidarse antes de rendirse a los romanos. Allí estuvo excavando entre 1905 y 1914. Con dinero de la Universidad de Barcelona y con la ayuda de mecenas catalanes, buscó y encontró ruinas en distintos puntos de España. Se obsesionó en descubrir la ciudad de Tartessos en el parque de Doñana, y fracasó. Murió en 1960 sin haber encontrado la ciudad que consideraba era el origen de Europa.

En Cáceres, en el año 1917, comenzó a investigar las ruinas de Cáceres el Viejo de las que ya se hablaba en el siglo XVIII, con Simón Benito Boxoyo.

Reconstrucción de las murallas de Cáceres el Viejo.
Reconstrucción de las murallas de Cáceres el Viejo. / HOY

Fue la Comisión Provincial de Monumentos de Cáceres, organismo del Estado con presupuestos de la Diputación, quien se preocupó de que Schulten excavara el campamento militar que está a tres kilómetros de Cáceres, en la carretera de Monroy. Él dirigió tres campañas de excavaciones durante los años 1927, 1928 y 1930. Diputación le daba dinero para las excavaciones y el Ayuntamiento ponía peones a su mando.

Schulten identificó Cáceres el Viejo con el campamento militar romano Castra Caecilia, que albergó hasta 12.000 hombres. Dijo que lo fundó, en torno a los años 80-79 A. C. el general Quinto Cecilio Metelo en su campaña contra Sertorio. Ocupaba un área rectangular de 24 hectáreas, con una muralla de cuatro metros de ancho, que tenía cinco puertas, contando para su defensa con dos fosos perimetrales. No sirvieron de mucho, porque en el año 78 A. C. fue abandonado, seguramente debido a un ataque enemigo.

Actualmente se puede visitar la mitad del campamento. Desde el año 2003 hay aquí un centro de interpretación en el que la Junta de Extremadura invirtió 1.087.832 euros, dedicando parte de este dinero para excavar en las ruinas. Hace poco la Junta se gastó otros 300.000 euros para realizar interesantes mejoras, que se inauguraron hace unos meses, entre las que se encuentra la recreación de una parte de la muralla.

La sospechas sobre la gran capacidad de Schulten para quedarse con restos arqueológicos, ha crecido en los últimos meses al inaugurarse en verano, en el Museo Arqueológico de Madrid, la exposición ‘Schulten y el descubrimiento de Numancia’ en donde se muestran 700 piezas encontradas en el yacimiento arqueológico, de las que 500, nada más y nada menos, pertenecen a las que Schulten depositó en el museo alemán de Mainz. La exposición está ahora, hasta enero de 2018, en el Museo Numantino de Soria.

Interior de la reconstrucción de la muralla.
Interior de la reconstrucción de la muralla. / SALVADOR GUINEA

Hemos preguntado al director del Museo de Cáceres, a Juan Valadés, si hace un siglo era normal que los arqueólogos se quedaran con piezas encontradas en yacimientos. Nos dice esto: «La Ley de Excavaciones de 1911 establecía que la propiedad de los bienes procedentes de excavaciones arqueológicas quedaban en propiedad de sus halladores si eran españoles. En los casos en que las excavaciones habían sido financiadas por organismos públicos, lo que se hacía generalmente era repartir los objetos, quedándose el organismo que pagaba con una parte, y la otra se le daba al investigador principal. Sin embargo, en el caso de Schulten la ley decía que los investigadores extranjeros sólo podían quedarse en propiedad, y sacar del país, las piezas que ‘estuviesen duplicadas’». Cree que eso es lo que hizo Schulten, «pues las piezas de Cáceres el Viejo de que tenemos noticia que están fuera de España, son en general monedas y fragmentos menores que pueden considerarse ‘duplicados’». En el Museo de Cáceres hay inventariados 306 objetos procedentes de las campañas de Schulten en Cáceres el Viejo, más otros fragmentos de menor importancia que el arqueólogo no incluyó en inventario, pero que están en el museo. Entre los objetos más valiosos, que están expuestos, se encuentra una estatuilla de bronce de Minerva y un quemaperfumes cerámico dedicado a Serapis.

En la completa tesis doctoral de María Paz Gómez Gonzalo dedicada a Schulten, que se ha publicado en el año 2015, se habla de que para algunos especialistas el arqueólogo alemán era un expoliador, y que molestaron mucho sus comentarios sobre los españoles. Andrés Giménez Soler (1869-1938), que fue rector de la Universidad de Zaragoza, indicó que Schulten había dicho que «el clima de Castilla es detestable, el paisaje lo llama lunar y cuadro para las escenas del infierno de Dante». Denunció que para el alemán los españoles somos «perezosos, incultos, fanáticos, feroces, bárbaros y hasta feos».

Por lo visto, lo único que le faltó por llamarnos es ‘ladrones’, que es, precisamente, lo que sí le llamaron a él en España.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos