Reflexión para Puigdemont en un mantel de Cáceres

Reflexión para Puigdemont en un mantel de Cáceres
Desde la Moto de Papel

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

El placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación». Con esta frase de Marco Tulio Cicerón comienza un interesante libro que combina gastronomía y filosofía, una obra que se presentó el pasado jueves por la tarde en el Ateneo de Cáceres. Sus autores son el filósofo Juan Verde Asorey; el licenciado en Historia Víctor Manuel Casco, que fue concejal de Cáceres y diputado regional de Izquierda Unida; y el profesor experto en gastronomía Valentín Domínguez Cerrillo. Las ilustraciones son de Manuel Malillos.

La obra se titula Sabor y saber. Conversaciones sobre el mantel y se centra en el arte de disfrutar de la comida con la conversación entre amigos. Recoge la historia de 10 ingredientes tradicionales, 10 recetas y 10 reflexiones.

Recalca la importancia de conversar comiendo, insistiendo en que comer significa «ingerir con», por lo que el que come solo, «no come, engulle». Insiste en lo bueno que es saber conversar porque no es normal que haya dos personas idénticas, «por tanto, cada uno conoce algo que los demás no; por eso pueden aprender todos de cada uno y cada uno de todos».

Leyendo el libro se aprenden cosas tan interesantes como que los romanos empezaban siempre sus cenas con huevos; que nuestro salario está relacionado con el salarium que recibían los legionarios romanos por parte del Estado: una cantidad fija de sal para conservar sus alimentos; que las berenjenas eran tan apreciadas por los árabes que la reunión de mucha gente en torno a una mesa se le llamará un berenjenal; que ‘disfrutar’ significa alcanzar el placer como cuando se come ‘fruta’; o que se asegura que Pitágoras odiaba tanto las habas, que dejó que le asesinaran antes de cruzar un campo lleno de esta legumbre.

Se insiste en esta obra que la tortilla de patatas se inventó a finales del siglo XVIII en Villanueva de la Serena, cuando dos ricos hacendados de esta localidad: José Tena Godoy y el marqués de Robledo intentaron encontrar un sustituto del pan que fuese más barato y fácil de hacer.

Además de enseñar a preparar una buena tortilla de patatas, ofrece recetas para hacer el hornazo, un lomo de cerdo ibérico curado en salazón, un arroz en paella a la extremeña o un cocidito cacereño, que tiene como peculiaridades que lleva calabaza, en algunos sitios también judías verdes; la sopa se hace con arroz y que los garbanzos se toman con un picadillo de tomate y cebolla. También enseña a hacer la prueba de cerdo, que no es otra cosa que probar la masa adobada de los chorizos.

Un capítulo está dedicado a la tencas del emperador Carlos I. Los autores señalan que el rey estaba enfermo de gula y que le volvía loco este pescado que se asegura probó por primera vez en Arroyo de la Luz. Desmienten que cuando estuvo en el Monasterio de Yuste esperando su muerte, llevara una vida de asceta, «en modo alguno, su retiro estuvo servido por 52 criados»; y de ellos, 20 estaban dedicados a servir su mesa en donde no había menos de 20 platos distintos a la hora del almuerzo. El libro enseña a hacer el mojo de tencas, y describe lo rico que es este pesado bien frito, sin enharinar, recibiendo una lluvia de sal gorda al salir de la sartén, y que la parte más sabrosa son sus agallas.

Entre las reflexiones para la sobremesa está desde el enigma sobre si Cristo se río alguna vez, hasta la verdad y el error o la búsqueda de la felicidad, el sentirse a gusto. «El hecho de vivir, de estar sano, de recibir un trato justo, de poder tomar decisiones, de saber y poder conversar, de amar, de informarse, de trabajar y de holgar, puede que no asegure a todo el mundo sentirse a gusto. Pero es condición necesaria para acercarse a ello, porque posibilita que cada persona sea capaz de hallar y construir momentos (quantos) y experiencias agradables y razonablementes satisfactorias». Explica que la felicidad se mide por ‘cuantos’ de disfrute. «Cuando estos momentos son muchos, se puede decir que la felicidad es mucha. Cuando son pocos, poca es también la felicidad».

’Sabor y saber’ se suma a los libros y estudios que recalcan el gran valor de los productos extremeños; llamando a muchos la atención que en Extremadura no proliferen más las fiestas gastronómicas, como en el norte de España, alabando unos que en Villanueva de la Serena se estén volcando en destacar que es la cuna de la tortilla de patatas, celebrando el próximo mes de abril la Feria de la Tortilla, como han anunciado en Fitur.

En la provincia de Cáceres, los portales en internet de turismo destacan cuatro fiestas gastronómicas. Además de la Feria del Queso de Trujillo, que se suele celebrar entre abril y mayo, se habla sobre todo de una de las fiestas que tiene más solera, la de La Tenca, que la Mancomunidad Tajo-Salor celebra cada año en uno de sus quince municipios, el último fin de semana de agosto. Este verano llegará a su 30 edición.

Este mes de febrero destaca gastronómicamente por dos fiestas. El próximo 13 de febrero en Malpartida de Cáceres habrá jolgorio con la Pedida de la Patatera, y el 18 de febrero, en Arroyo de la Luz, se llegará a la 15 edición de la Fiesta de las Coles con Buche.

Por cierto, en los temas filosóficos a tratar sobre el mantel, en ‘Sabor y saber’ se habla de la utopía y se rescata un pensamiento de Platón que muy bien le podía servir para reflexionar a un cansino político huido mientras toma los típicos mejillones con patatas fritas de Bruselas:

«Mi República existe sólo en mi mente, puesto que no está en parte alguna de la Tierra, al menos como yo la imagino».

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