«Perdí mi trabajo por el alcohol»

Manuel Gutiérrez, de 70 años, en el Paseo de Cánovas. :: jorge rey/
Manuel Gutiérrez, de 70 años, en el Paseo de Cánovas. :: jorge rey

Manuel Gutiérrez preside la Asociación de Alcohólicos Nominativos de Extremadura | El colectivo se suma hoy a la conmemoración del Día mundial sin Alcohol con charlas en colegios

MARÍA JOSÉ TORREJÓN CÁCERES.

Manuel Gutiérrez García (Cáceres, 1947) habla sin tapujos de su adicción al alcohol. Han pasado años desde que bebió su última copa, un logro que ha sido posible gracias a su paso por Alcohólicos Nominativos de Extremadura. A pesar de estar totalmente rehabilitado, siguió vinculado a este colectivo para ayudar a otras personas. Desde hace siete años afianzó más su compromiso al ocupar la presidencia de la asociación, que hoy, 15 de noviembre, se suma a la celebración del Día Mundial sin Alcohol con charlas en centros educativos para prevenir el consumo en menores.

Manuel, de 70 años, se quedó huérfano de padre a los seis años, y pasó su infancia en dos internados. Primero en un colegio de monjas en Ocaña (Toledo) y, después, en el cacereño colegio San Francisco. A los 14 años regresó a casa, con su madre, y comenzó a trabajar como aprendiz de chapista en Mirat. Empezó así una nueva etapa en la que descubrió, además, el alcohol.

«Después de haber estado toda mi infancia entre monjas y curas, no tenía ni idea de lo que era la vida de la calle. Todo era pecado. No conocía ni el vino, ni la cerveza. Lo descubrí con los compañeros de trabajo. Lo bebían cuando salían a tomarse el bocadillo. Ahí me inicié en la bebida. Fui metiéndome en el tema y pasé de ser un bebedor social a ser un bebedor habitual», recuerda.

El perfil de los usuarios ha cambiado: son más jóvenes y la adicción al alcohol no es la única

El servicio militar incrementó su contacto con el alcohol. «A partir de ahí, cuando regresé, empecé a notar que tenía problemas pero no quería afrontarlo. El problema del alcohol es que al ser una droga legal, como pasa con el tabaco, no le damos la importancia que realmente tiene», admite. Manuel se casó, encontró un nuevo trabajo en Traexsa y tuvo tres hijos. Mientras, poco a poco, su adicción se iba haciendo más fuerte.

«Durante mi última etapa en Traexsa, sabía que me iban a despedir. Yo no llegaba bebido, pero necesitaba tomarme antes de entrar a trabajar una o dos copas de coñac. Mi rendimiento en el trabajo no era igual. Yo era el jefe de taller y tenía que estar de cara al público, además de tener personal bajo mi responsabilidad». Manuel tenía 46 años. «Perdí mi trabajo por el alcohol», resume. «Era una persona muy querida en el sector. La empresa se portó muy bien conmigo. Me dieron mi correspondiente indemnización», recuerda.

El paro agudizó su problema. «Me hundí del todo, sobre todo el primer año. Pero hubo un momento de lucidez y me dije: o dejas del alcohol o el alcohol acaba contigo». Tomó las riendas de su situación y buscó la ayuda de profesionales. Después se puso en contacto con la asociación que preside. Aquí fue donde encontró, señala, «la ayuda más grande» para superar su periodo de deshabituación. A partir de ahí su vida dio un giro de 180 grados.

Manuel se preparó unas oposiciones de peón para la Junta de Extremadura. «Elegí las más sencillas y en las que más plazas había. Después fui ascendiendo y me he jubilado siendo encargado de mantenimiento de la Ciudad Deportiva».

Él es el claro ejemplo de que la vida da segundas oportunidades. «Ha sido la etapa más feliz. Recuperé a mi familia y empecé a vivir bien», dice. Comparte con frecuencia su testimonio con las personas que acuden a la asociación buscando ayuda. La sede está en el número 6 de la avenida de la Bondad.

El perfil de los usuarios, explica, ha cambiado con el tiempo. La mayoría siguen siendo hombres, pero ahora son más jóvenes. La edad medida ronda los 35 años y, además, la adicción no es única. La dependencia del alcohol suele estar combinada con la cocaína o los porros. En estos momentos, 30 personas participan en las terapias de autoayuda que se organizan dos veces por semana.

Dentro de su labor en la asociación, Manuel destaca el trabajo que realizan en los centros educativos para que los jóvenes conozcan de primera mano las consecuencias del alcohol. «Según los últimos estudios, la edad de inicio de consumo está entre los 12 y los 13 años». «Los adultos», añade, «somos los culpables de que los jóvenes consuman alcohol con el mensaje que les estamos dando. ¿Por qué tenemos siempre presente el alcohol en todo tipo de celebraciones, sobre todo en las familiares?», reflexiona el presidente.

En su opinión, en los colegios e institutos debería haber programas de salud que hablaran a los alumnos de los riesgos del alcohol y otras drogas. «Es una cuestión de educación. Se les debería dar toda la información para que, después, pudieran decidir con conocimiento de causa».

¿Se deja de ser alcohólico? «Es una enfermedad crónica e irreversible. Uno es alcohólico para toda la vida. Hay que aprender a vivir sin beber. Esa es la base para ser feliz», zanja Gutiérrez.

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