Pasionaria Nevado

Elena Nevado, alcaldesa de Cáceres. :: hoy/
Elena Nevado, alcaldesa de Cáceres. :: hoy

A 15 meses de las elecciones, la mina de litio trastoca la política

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El pasado 25 de enero, la militancia y los miembros del comité ejecutivo del PP de Cáceres no salían de su asombro. A mediodía, José Antonio Monago y Elena Nevado daban una rueda de prensa en Mérida y mostraban su rechazo a la mina de litio. Fue la constatación de cómo una mina, o mejor, su anuncio, agitaban la quietud: donde antes todo era agua mansa, ahora todo es remolino, catarata y peligro.

La noche anterior, en la reunión del comité local del PP de Cáceres, se había preguntado por el tema de la mina. Hubo un sondeo informal y ni media docena de manos se levantaron en contra del proyecto. Elena Nevado emplazó a sus compañeros de ejecutiva a la rueda de prensa del día siguiente, en la que se harían importantes declaraciones. Y se hicieron, sí, y, efectivamente, fueron importantes y sorprendentes.

Aunque para sorpresa, la que se llevaron esa misma semana los colegas de tute que se juntan en la cafetería del Hotel Extremadura a jugar la partida. Estaban cantando las cuarenta, cuando vieron pasar a un significado líder de Ciudadanos en compañía de los conocidos políticos del PP José Antonio Villa, Lázaro García y Jerónima Sayagués. El encuentro confirmaba los rumores que corrían por los mentideros políticos: los tres destacados militantes populares preparaban su desembarco en Ciudadanos.

Desde esa semana, Cáceres vive un carnaval político que está provocando múltiples pellizcos de incredulidad ciudadana. ¿Es verdad lo que estoy oyendo?, se preguntan los cacereños al escuchar a su alcaldesa, Elena Nevado, declarar sobre la mina: «Hemos paralizado un expolio, no una inversión», cuando hace dos meses pedía que no se generara alarmismo. Su oposición a la mina es ahora tan encendida y ha robado a la izquierda su discurso con tanta energía que las gentes, trastocadas, creen estar ante Pasionaria Nevado cuando escuchan sus declaraciones incendiarias.

«Tras la explotación minera, lo que queda es desolación y puestos de trabajo que no se recuperan. No queremos que nos expolien y se vayan», avisa un día. Otro día, se muestra exigente como nadie: «Ya es hora de dar explicaciones y de que los cacereños sepamos qué licitaciones se han dado y con qué permisos cuenta la empresa». Quienes la conocemos de cerca, sabemos que a enérgica, nadie gana a la alcaldesa, así que cuando declara con pasión que la mina es muy negativa para la ciudad y que no tiene «el retorno económico que requiera que sacrifiquemos nuestro paisaje, nuestra montaña y nuestra manera de sentir y de ser», nos parece la misma Elena de siempre, solo que hablando como se expresaría una radical ecologista, no una líder del centro derecha.

Pasionaria Nevado ha roto los esquemas de tal manera que ha dejado a la oposición un único discurso: la incredulidad. «No os la creáis, esto no puede ser», apuntan descolocados porque la alcaldesa les ha usurpado el relato hasta el punto de que entona un rojísimo eslogan: «No nos moverán», solo que traducido al lenguaje de Pasionaria Nevado: «Es inamovible», referido a su no a la mina.

Resulta hasta tierno asistir a los esfuerzos de los concejales y parlamentarios de Podemos por dejar claro que ellos fueron los primeros que dijeron no a la mina. «Cuando Monago no sabía lo que era una mina de litio, nosotros ya preguntamos en comisión al Gobierno de la Junta y nos pronunciamos en contra de este tipo de mina a cielo abierto y a dos kilómetros del centro histórico de la ciudad», declaraba el diputado extremeño podemita Daniel Hierro. Pero claro, que Podemos se oponga a la mina entra dentro de lo esperable, lo imprevisto y llamativo es que enarbole esa bandera el equipo de gobierno del PP y acuse al consejero Navarro de parecer un asesor de Sacyr. A 15 meses de las elecciones municipales, la mina agita la ciudad, Pasionaria Nevado rompe moldes, Ciudadanos recoge descontentos y los cacereños están atónitos, pero encantados: esto se mueve.

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