De niños músicos a promesas cumplidas

Javier Conde vive en Madrid, trabaja en el Café de Chinitas y da clases; Edwin Zúniga estudia Dirección de Orquesta en Viena. :: a.m/ l.c./
Javier Conde vive en Madrid, trabaja en el Café de Chinitas y da clases; Edwin Zúniga estudia Dirección de Orquesta en Viena. :: a.m/ l.c.

El guitarrista Javier Conde y el pianista Edwin Zúniga siguen con sus carreras, que empezaron de críos

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

Ambos están en la veintena, aunque uno terminando esa década prodigiosa y otro comenzándola. Javier Conde y Edwin Zúniga no se conocen en persona, aunque sí saben el uno del otro. Ambos tienen en común haberse iniciado en la música a etapas muy precoces y haber peleado para continuar en la brecha. La buena noticia es que continúan creciendo en el mundo de la música.

Los dos vuelven a casa por Navidad (valga el tópico) y comparten sus vivencias musicales. Javier Conde (Cáceres, 1988) pasa estos días en su casa en modo descanso, aunque sin dejar nunca de practicar, porque la guitarra exige un entrenamiento diario. Conde es una relevante figura de la guitarra flamenca, que ha sorprendido a muchos críticos por su temprana destreza, trabajada con incansable perseverancia. Su historia musical va muy ligada a la de su padre, el también guitarrista José Antonio Conde, su maestro desde los cuatro años. A los 15 años llega el Bordón Minero del festival de La Unión, que en realidad, y aunque tenga gran renombre, es uno de los múltiples premios que tiene en su estantería de laureles. A sus 29 recién cumplidos reconoce abiertamente que de niño no le gustaba tocar. «No me hacía mucha gracia, no me gustaba, uno cuando es chico no sabe lo que es bueno para él, empecé con cuatro años».

Desde que apenas levantaban del suelo estos artistas han vivido consagrados a sus instrumentos, de los que recogen frutos

Edwin Zúniga (Cáceres, 1997), empezó a tocar el piano con dos años. Instruido por sus padres, ambos músicos, empezó a estudiar en el Conservatorio de Cáceres. A los 10 años se fue a estudiar a Viena acompañado de sus progenitores. Fue un paso duro y prácticamente sin apoyos. El pequeño Edwin tuvo que foguearse con el idioma alemán, y adaptarse al medio. «El rector de la UEX, Segundo Píriz, confió en nosotros, y nos ayudó, gracias a él estoy en Viena». Apunta que hizo el Bachillerato «con los niños cantores de Viena». Acaba de conseguir el título universitario de pianista concertino y sigue estudiando en la Universidad para ser Director de Orquesta. Todavía se le sigue llamando «niño prodigio», algo que él se toma «con cariño». «Nunca voy a decir soy el mejor, estoy dotado para la música, igual que otros lo están para otras cosas». Estos días han sido sin descanso para él. Ha estado de gira por Extremadura con su piano. Rememora esos años de infancia sacrificada sin ningún viso de amargura. «A mí siempre me ha gustado la música, no me sentí obligado por mis padres porque ellos, como todos los padres, siempre quieren lo mejor para sus hijos». Es de la misma opinión Javier Conde. «La constancia da resultados, mi padre confiaba en ello y también Andrés Batista, su maestro, que se hizo cargo de mi formación gratuitamente», valora. «Llega el momento en el que haces los conciertos, a la gente le gusta, hay aplausos, ganas premios y trabajas con artistas importantes dentro del género, y son las cosas que te animan a seguir, va siendo tu forma de vida». Agradece a su padre haberse puesto tan en serio con él. «Si no, quizás estaría dando patadas a una lata de Coca-cola, porque tampoco me ha gustado mucho estudiar», reconoce en un alarde de sinceridad que le retrata como tipo franco y sin vanidad.

Conde: «A los cuatro años no me hacía mucha gracia tocar, no sabía lo que era bueno» Zúniga: «Lo de niño prodigio me lo tomo con cariño, nunca diré que soy el mejor»

Presente

Conde terminó sus estudios superiores en el Conservatorio de Córdoba y después marchó a Madrid, en donde vive desde hace un año y medio. Trabaja como guitarrista en el madrileño tablao Café de Chinitas, donde toca como solista y acompaña también al cuadro flamenco. Trabaja como guitarrista principal con la bailaora Carmen Cortés, a la que acompaña en sus espectáculos La parte de didáctica la afronta con las clases particulares de guitarra que da en su casa y también por skype. Le esperan conciertos internacionales en la República Checa y en Alemania. El pasado año estuvo en China en una gira por distintas localidades.

Zúniga lleva a cabo conciertos en distintos lugares del mundo, según explica. Una de las facetas que más le gustan es el de la composición. Estrenó en Viena la Sinfonía de Extremadura. «De alguna forma llevé el nombre de Extremadura fuera de nuestras fronteras», cuenta. También ha compuesto una Sinfonía de Cáceres, que aún está por estrenar. Le gustaría que ambas obras pudieran sonar aquí, en una tierra que le gusta, aunque tiene claro que no será en Extremadura ni en España donde desarrolle su carrera musical. «Mi vida está en Austria, en Extremadura no hay música», explica tajante este joven y ya premiado pianista, que en Cáceres actúa el próximo 7 de enero a las 19,00 horas en la Sala Clavellina en el concierto por la paz.

Javier Conde cree que Madrid es un sitio de primera para mezclarse en el ambiente artístico. «Hay mucha oferta cultural, también voy a ver otros espectáculos, otros tablaos, teatros y cosas que no tienen que ver con el flamenco». Eso sí, de alguna forma también echa de menos la vida «tranquila» de Cáceres. «No me gusta Madrid, hay mucha gente despistada en la vida, aquí hay un ambiente más familiar y conoces a todo el mundo, echo en falta eso, pero mi trabajo es difícil desarrollarlo aquí».

El camino es largo para estos dos músicos, cuyos dedos prácticamente pasaron del sonajero a acariciar teclas de piano y rasgar cuerdas de guitarra.

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