Así fue el menú de la Última Cena

Un momento de la cena ofrecida anoche en el Seminario Diocesano. :: lorenzo cordero

El Seminario de Cáceres recrea la cena de la Pascua Judía como la vivió Jesús

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

¿Qué comieron y qué bebieron Jesús y los 12 apóstoles durante la Última Cena? 35 comensales tuvieron ayer la oportunidad de disfrutar de esta experiencia de la mano del Seminario Diocesano. El comedor principal de este inmueble, recién rehabilitado, se vistió para la ocasión de azul y blanco, como guiño a la bandera de Israel, para acoger esta cena tan singular.

El promotor de la iniciativa ha sido Miguel Ángel Morán, el rector del Seminario. El objetivo, dice, era trasladar a los participantes a cualquier hogar judío de hace 2.000 años para conocer en primera persona en qué consistía el ritual del Séder, la celebración de la Pascua Judía con la que se conmemora la liberación del pueblo hebreo de Egipto.

EL MENÚ

Primero
Plato ('Keara') compuesto por rábano, hueso de cordero, una mezcla dulce (de manzana, dátiles y canela amasada con vino dulce), perejil, apio, huevo cocido y una hoja de lechuga.
Segundo
Cordero asado con patatas panaderas y berenjena a la plancha.
Postre
Macedonia, tarta de tres chocolates y bizcocho relleno.

Este ritual fue el mismo que Jesucristo siguió durante la Última Cena junto a sus apóstoles, el episodio evangélico que ha sido representado por artistas como Leonardo Da Vinci y que también está presente en la Semana Santa cacereña de la mano de la cofradía de la Sagrada Cena.

De alguna manera, el Seminario ha permitido a los cacereños colarse dentro de esta escena tan representada en el mundo del arte, vivirla de cerca y, claro está, degustarla. Los comensales, que pagaron 20 euros por cubierto, tomaron, a modo de entrante, un plato con varios elementos simbólicos. Se denomina 'Keara' y está formado por hierba amarga (generalmente un rábano); un huevo cocido marrón (denominado 'beitzah'); una mezcla dulce elaborada con manzanas picadas, dátiles, canela y amasada con vino dulce ('jaróset'); un poquito de perejil y apio, una hoja de lechuga ('jazeret') y un hueso de cordero ('zeróa').

La tradición dice, según comenta Miguel Ángel Morán, que es obligatorio beber durante la cena cuatro copas de vino. Además, uno de los cuencos dispuestos sobre la mesa se completa con agua salada.

La velada de anoche en el Seminario arrancó con el encendido de las velas del candelabro. Antes, los comensales recibieron unas nociones teóricas sobre esta celebración. Entre las asistentes estaba Ana María Carrasco. «Estas cosas me atraen mucho. Me parece que es muy interesante», aseguraba la mujer.

Tras los entrantes, llegó el turno del plato fuerte, compuesto por cordero asado, acompañado de patatas panaderas y berenjena a la plancha. Llama la atención el pan utilizado para la ocasión. Se denomina 'mazát' y se trata de un pan ácimo, hecho sin levadura. El Seminario ha recurrido a unas monjas de clausura para que lo elaboren. Del resto del menú se han encargado María López y Josefina Gutiérrez, cocineras del Seminario Diocesano. De postre, prepararon una macedonia de frutas, una tarta de tres chocolates y un bizcocho relleno.

No es la primera vez que el Seminario organiza esta velada, aunque hasta ahora había sido un acto cerrado a la comunidad religiosa. Todas las plazas ofertadas se agotaron. Para el Cristianismo la Sagrada Cena representa el origen del sacramento de la Eucaristía. Esta es una de las motivaciones, la divulgativa, que ha llevado a Morán a organizar esta cena. Por otro lado, añade el sacerdote, también ha pesado el componente cultural y las ganas de vivir una experiencia diferente.

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