La Madrila, el bajón de la marcha

Los vecinos perciben que los ruidos han descendido, aunque los problemas siguen

CRISTINA NÚÑEZ Cáceres Lunes, 18 septiembre 2017, 23:34

El juicio del ruido en La Madrila, que arrancará mañana miércoles, llega justo en el momento de mayor tranquilidad en esta zona de Cáceres, el área de la marcha y las noches infinitas que, en los últimos tiempos, parece haberle cedido el testigo a otras calles y áreas de la ciudad. Miguel Salazar, histórico líder vecinal de esta barriada, reconoce que actualmente esa Madrila ruidosa y descontrolada, con una importante ristra de conflictos a sus espaldas ya no existe, «aunque en los últimos días tampoco se está respetando el horario de cierre de los bares y no se hace cumplir», precisa. Dice que hasta las seis de la mañana ha habido gente este verano por las inmediaciones de la Plaza de Albatros, el epicentro de la contaminación acústica.

Para Salazar el cierre de un buen número de locales tiene que ver con esta «decadencia» de La Madrila. «Hay como 14 o 15 bares menos y quedan abiertos siete u ocho locales», describe Salazar, que rememora los años más duros, cuando había locales de ocio abiertos hasta las nueve de la mañana desde el jueves hasta la madrugada del domingo. La oferta de La Madrila ha llegado a comprender unos 30 puntos.

El 12 de marzo de 2012 la justicia decidió clausurar ocho locales en la Madrila como consecuencia de la investigación por contaminación acústica. Cuatro insonorizaron sus locales, de los que solo dos permanecen abiertos. En marzo se levantó, tras cinco años, la medida cautelar que mantenía cerrados cuatro locales, que siguen sin abrir sus puertas.

Entre otros cambios Salazar percibe que el jueves ha desaparecido como día de marcha en La Madrila. El descenso de los universitarios en la ciudad tiene que ver, tal y como apunta este líder vecinal, en que los locales que quedan abiertos estén menos ocupados y que este día haya dejado de ser uno de los fuertes. Comenta que en los momentos en los que el ruido arreciaba los universitarios «serios» no querían ni vivir en el barrio, porque se les hacía difícil estudiar los fines de semana. «Los estudiantes que venían a armar escándalo eran los folloneros, como los llamaba yo». Especialmente temida era la salida de los locales del público, con gritos y cánticos incompatibles con el sueño.

Alquileres más bajos

La sociología se ha encargado también de modificar la vida en La Madrila, una zona edificada hace 45 años y en la que reside aproximadamente un millar de personas, repartidas entre la zona alta (doctor Fleming) y La Madrila baja (Plaza de Albatros). Actualmente, y por puro relevo vital, «una gran parte del personal está de alquiler». Viene a decir Salazar que estos vecinos, son, de alguna manera «menos exigentes». Si perciben un problema en un barrio, cambian. El alquiler en La Madrila ha bajado, y se alquila «por mucho menos», a juicio de este líder vecinal. Su teoría es que otras zonas han sustituido a La Madrila en las preferencias de los cacereños. Cree que Pizarro está mucho más en boga que La Madrila.

Acerca del propio juicio, se muestra muy crítico con que Carmen Heras y Carlos Jurado estén sentados en el banquillo, porque considera que Carmen Heras (que fue alcaldesa de 2007 a 2011) «fue la que puso algo de orden». Recuerda que el cierre del acceso de vehículos no residentes a las calles de La Madrila hizo que se suprimieran los «coches-discotecas», es decir, los vehículos que ponían música a alto volumen y consumían alcohol. Dice que a raíz de esa intervención el ruido se redujo «en un 80%».

Doce abogados defenderán los derechos de los vecinos

Doce abogados defenderán los intereses de los acusados y de los 14 vecinos de la Asociación cacreña contra el ruido que buscan ser indemnizados por sufrir entre 2007 y 2011 un nivel de ruido superior al permitido en La Madrila. Además de la exalcaldesa, Carmen Heras, y el exconcejal, Carlos Jurado, un total de 11 personas relacionadas con nueve locales se sentarán en el banquillo desde mañana a partir de las 9,30 en el Palacio de Justicia de Cáceres.

A pesar de ser militante del Partido Popular, no le cuesta reconocer que la gestión de los ediles socialistas fue correcta y que es una paradoja que la sienten para responder por la situación que se vivía en la zona. Además de Heras y Jurado once personas relacionadas con nueve locales también tendrán que responder en el juicio.

La Asociación de cacereños contra el ruido lucha por que 14 vecinos sean indemnizados con 297.000 euros. Con ese dinero, tal y como apunta Fernando Figueroa, se sufragaría la inversión que tuvieron que hacer en insonorizar sus pisos. Figueroa, que preside esta asociación, indica que «el ruido ha disminuido en cuanto a intensidad, pero todavía hay bloques que sufren problemas». Se refiere a los bloques uno, tres y cinco de Hernán Cortés. «Sufren diariamente el ruido de los locales», indica. «La gente sale, sale a fumar». Figueroa quiere remarcar que, aunque la situación haya mejorado se busca compensación «por el quebranto de muchos años». Indica que «la gente ha tenido que malvender sus pisos, hay partes por daños psicológicos y se ha gastado mucho dinero en adecuar los pisos».

En toda esta lucha también busca subrayar que no van «en contra de los bares», sino que cree que de alguna forma se pueden buscar fórmulas para conciliar los intereses de todo el mundo.

Menos avisos

El pasado mes de julio se produjo una pelea de madrugada en La Madrila que terminó con un corte importante de una persona, que tuvo que ser atendida en el hospital San Pedro de Alcántara. Los sucesos no han cesado en esta zona, aunque, según el jefe de la Policía Local, «no cabe duda de que han bajado mucho» los problemas. Hay menos llamadas y, cuando estas tienen que ver con ruidos en locales, son atendidas y solucionadas.

Ángel Carvajal considera que una buena parte de la explicación de por qué La Madrila está más tranquila es porque ha sido sustituida por la zona de Pizarro, aunque «no es el mismo público». Parece que este área, con locales nocturnos de pequeño tamaño, cuentan con la preferencia del público, que no se desplaza luego a la Madrila por inercia, de manera general. Eso sí, los que frecuentan estas calles son un grupo de edad más elevada que los que visitaban la plaza de Albatros y aledaños. «Nacidos en la década de los 70», apunta Carvajal.

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