«Y si no llueve... ¡Con el santo al pilón!»

En Torrejoncillo a San Pedro le ponían un pescado salado en la boca/MANUEL CARIDAD
En Torrejoncillo a San Pedro le ponían un pescado salado en la boca / MANUEL CARIDAD
DESDE LA MOTO DE PAPEL

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

El pasado martes, 12 de septiembre, el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente enviaba a la Redacción del Diario HOY en Cáceres el balance de la reserva de agua. Lo empezó a analizar en voz alta el periodista del HOYDigital Manuel Caridad:

–¡Madre mía, qué mal está esto! La reserva hidráulica de la cuenca del Tajo está al 41,8 % de su capacidad. Tenemos 4.610 hectómetros cúbicos de agua embalsada, cuando el año pasado por estas fechas teníamos 5.904. ¡Vaya sequía! Como esto siga así no vamos a tener más remedio que sacar a los santos en procesión, como se hacía hace unos años.

–Deja a los santos en paz – dijo enseguida el fotógrafo Salvador Guinea –, que en esta provincia, los pobres, lo han pasado muy mal.

Es cierto. Publio Hurtado y Víctor Chamorro han escrito que en tiempos de sequía, era muy normal hacer novenarios al santo y sacarlo en procesión para propiciar la lluvia, pero si no daba resultado empezaba la gente a gritar: «Si no llueve... ¡Con el santo al pilón!» y se tiraba la imagen al abrevadero o a la poca agua que quedaba en el pantano.

Se cuenta que más de una vez corrió esta suerte la imagen de San Marcos en Alía, o la de San Pedro en Santiago del Campo. En Jaraíz de la Vera quien iba al pilón era San Bernabé. Publio Hurtado contaba que se le agasajaba en su ermita con un novenario y después le sacaban en procesión. Antes de entrar en la ermita de vuelta, se le amenazaba con tirarle a un abrevadero adosado al templo, cantando la siguiente copla: «San Bernabé,/ a los tres días ha de llover./ Más si no llueve/ chapuzón con él». Si llovía también acababa el santo en el agua, «¡para que sepa lo que le aguarda si otra vez retarda el agua!».

Víctor Chamorro comenta en su libro ‘Érase una vez Extremadura...’ el caso curioso de Villamiel con su patrón San Pedro Celestino, que tenía dos cabezas, «una humilde, de diario, para periodos de un comportamiento relajado. Otra de lujo para cuando se lo ganase. En tiempos de sequía, epidemia o langosta le colocaban la cabeza de lujo, encareciéndole acabara con el mal en un tiempo prudente. Trascurrido el plazo, y si el santo se instalaba en la desgana, se le colocará la cabeza vulgar. Si con semejante muestra de desaprobación popular no reaccionaba, se le castigaba a proseguir con la cabeza fea, pero dada la vuelta, de manera que el santo mostrase, de frente, la nuca».

El de Casar de Cáceres
El de Casar de Cáceres

En varios escritos se asegura que en donde más duros se mostraban con su santo era en Torrejoncillo. Le pedían lluvia a San Pedro, llevándole desde su ermita, que está a unos cinco kilómetros, del pueblo, a la iglesia parroquial de San Andrés. En la procesión le cantaban coplas como esta: «Señor San Pedro bendito,/ el de las llaves doradas,/ abrir las puertas del cielo,/ que salga triunfando el agua». En el novenario los fieles le piden insistentemente que llueva. José María Domínguez Moreno escribió en 1983, en una revista de folklore, que pasados los nueve días el santo volvía a su ermita, pero si no llovía los vecinos de Torrejoncillo le perdían el respeto: llegaban a insultarle durante el camino, le ponían un pescado salado en la boca, y le colgaban de un brazo un cestillo con más peces salados. Le daban un plazo de tres días para que cayera agua, y si no caía la imagen iba a parar sin más a una charca.

Se cambió la talla y el nuevo santo tenía la boca cerrada, pero Domínguez Moreno señala que las perrerías al santo siguieron. «Pude enterarme como en 1981 – escribió –, con motivo de la enorme sequía del año, algunas mujeres, según información que recibí del presidente de la Cofradía de San Pedro, acudían a la ermita para restregar los labios del santo con un trozo de bacalao».

En otros sitios de España también se castigaba a los santos si no traían lluvia. Caro Baroja habla de casos parecidos en algún pueblo de Navarra, Guipúzcoa o Segovia.

En la provincia de Cáceres tenían fama de conceder la lluvia, sin hacerse mucho de rogar, el Cristo de los Remedios de Ahigal, la Virgen del Encinar de Ceclavín y el San Gregorio de Brozas, además de la Virgen de La Montaña de Cáceres.

Bajada lluviosa de la Virgen de la Montaña en el año 2004
Bajada lluviosa de la Virgen de la Montaña en el año 2004 / HOY

Escribió Germán Sellers de Paz que fue en el año 1641, «sumamente calamitoso, tanto para la agricultura como para la ganadería, por su enorme sequedad, cuando por primera vez bajó a la ciudad la Santísima Virgen de La Montaña. La primavera había llegado y desde finales del año anterior no llovía. El Ayuntamiento, accediendo a los deseos del vecindario, cuya devoción por la Virgen superaba a la tributada a antiguos patronos, hizo las correspondientes gestiones con la Cofradía y la imagen fue bajada. Con la lluvia caída con generosidad, se regaron los sedientos campos y la fe y devoción aumentaron muy considerablemente».

VíCtor Chamorro escribe que había santos a los que no se atrevía la gente a pedir lluvia, porque no tenían medida y había veces que el remedio había sido peor que la enfermedad, al causar desastrosas inundaciones. Uno de ellos era el Cristo de la Peña, en Casar de Cáceres.

El sangriento Cristo de la Victoria de la Serradilla en 2016
El sangriento Cristo de la Victoria de la Serradilla en 2016 / HOY

El novelista relacionado con Hervás, que nació en Monroy en 1939, también destaca que entre las imágenes con más fama de conceder la lluvia está uno de los cristos más impresionantes de España, el sangriento Cristo de La Victoria de Serradilla. A esta imagen nadie le faltaba al respeto. Si no llovía se llegaba a la conclusión de que se había pecado mucho y por eso no se concedía la gracia.

– Claro – exclama Manuel Caridad cuando se lo cuento –, es que con el bueno de San Pedro es muy fácil meterse... pero con el Cristo de Serradilla, ja. ¡Cualquiera le toca un pelo!

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