Era muy buen muchacho. Una pena que se perdiera», dice un amigo de Pablo Vioque, abogado como él, mientras se pone la toga antes de entrar en un juicio en el Palacio de Justicia de Cáceres. En el edificio de pizarra, otro letrado recuerda que fue a su boda en Galicia, «¡Vaya fiesta!»; uno que también fue, comenta: «no pagábamos nada, cuando sabían que éramos de Cáceres, amigos de él, nos decían que no se debía nada». En El Globo, el bar frente al Palacio de Justicia, otro hombre de leyes comenta: «lo tenía todo. Ganaba un dineral defendiendo a los narcos; pero la ambición le perdió y se convirtió en uno de ellos. Fue tonto». Uno más recuerda que cuando estaba estudiando en el Colegio San Antonio era un gran deportista, «un gran atleta, jugaba a la pelota vasca, al baloncesto, al balonmano... Era un guaperas, alto y simpático. Un tío con suerte».

En Cáceres son muchos los que recuerdan al narcoabogado de Cáceres Pablo Vioque, y están viendo la serie de televisión Fariña sabiendo que no tardará mucho en aparecer entre Los Charlines, Oubiña, y Sito Miñanco.

Pablo nació en Cáceres en 1953, era hijo de Pablo Vioque Fernández, un hombre de negocios con despacho en la calle Sánchez Herrero y coche de lujo con chófer. El padre, que murió en 1974 a los 63 años, se casó dos veces. De la primera mujer, que falleció en 1949 con 32 años tuvo tres hijas, y con la segunda mujer, que murió en 2017, tuvo seis hijos, siendo el mayor de ellos Pablo. La familia numerosa vivía en un chalet en Fuente Fría. En recortes del Diario HOY del año 1969, Pablo ya aparece como un destacado jugador de la pelota vasca y de baloncesto con 16 años. Cuando tenía 17 recogió uno de los tres trofeos al Mejor Deportista de Cáceres del año 1969; los otros fueron para Jesús Luis Blanco Morales y Matilde Arias Jiménez.

En el libro ‘Fariña’, en el que se basa la serie, que publicó en 2015 el periodista Nacho Carretero (La Coruña, 1981), se afirma que Vioque llegó a Vilagarcía de Arousa en 1975, porque un cuñado (el marido de una de sus hermanas) le dijo que si terminaba Derecho tenía trabajo para él como abogado en la Cámara de Comercio. Él era el secretario. Vioque terminó la carrera en la Universidad de Murcia y su cuñado, Gustavo Puceiro, cumplió su palabra. Cuando éste fue nombrado director del Banco Urquijo en Galicia, Pablo Vioque pasó a ser secretario de la Cámara de Comercio. Eso ocurrió en 1980 y de aquella Pablo ya era uno de los amos de la ría de Arousa. «Su ascenso fue fulminante» se puede leer en ‘Fariña’. Fue uno de los fundadores de la Alianza Popular de Manuel Fraga, que nació en 1976 para ser el embrión del PP. Empezó a defender a los narcotraficantes y a blanquearles dinero. Félix García, jefe de la Udyco en Galicia dice lo siguiente en el libro: «A Pablo Vioque le abrían los bancos del Paseo de Gracia de Barcelona por la tarde. Llegaba allí y les faltaba poner la alfombra roja. Si los capos históricos llegan a tener cerebro y seguir sus consejos, esto se convierte en Sicilia. Sabía de todo: justicia, crimen, política... Y además no tenía escrúpulos». Un veterano de la Guardia Civil, añade: «Vioque era el único con cabeza. Los demás no espabilaron hasta que llegó él». Un juez asegura en el libro, que financiaba campañas del PP, PSOE y hasta del Bloque Nacionalista Galego. Carretero escribe en ‘Fariña’ que fue lo más parecido a un mafioso siciliano que ha visto Arousa, «en su boda, celebrada en el monasterio pontevedrés de Armenteira en 1987, no faltó nadie: desde nobles empresarios a contrabandistas, pasando por jefazos de la Guardia Civil y la Policía Nacional». Recalca que a principios de los 90, «Pablo Vioque era el amo: su bufete defendía a los clanes a precios desorbitados, dominaba el círculo empresarial de Arousa, manejaba la política a su antojo y, de paso, metía pesqueros llenos de cocaína por las rías». El libro cuenta como Oubiña, que estuvo en Cáceres, compró su pazo de Baión con un préstamo de 138 millones de pesetas (830.000 euros) que le concedió una tía de la madre de Vioque, una viuda sin dinero que vivía en una humilde casa pagando 200 pesetas de alquiler (menos de 2 euros). La mujer se murió el 21 de octubre de 2008 con 94 años.

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La suerte de Vioque cambió en 1991, cuando con mafiosos colombianos organizó el desembarco de 2.000 kilos de cocaína en Cedeira. Se perdieron casi todos los fardos por el mal estado de la mar. Vioque dijo a los colombianos que todos los paquetes con el anagrama del dólar se habían perdido; pero se salvaron 300 kilos, que los envió a Valencia. Allí fueron decomisados y los fardos con el símbolo del dólar salieron en el Telediario. Los socios de Colombia se sintieron engañados y pidieron a Vioque que se reuniera con ellos el 17 de marzo de 1992 en Benavente. No fue, mandó a su mano derecha, a José Manuel Vilas, tesorero de la Cámara, y a otro hombre de confianza. Los sicarios mataron a Vilas de un disparo en un ojo y el otro escapó de milagro. En 1995 fue detenido Vioque por el desembarco de Cedeira, y poco después sería destituido de su cargo en la Cámara de Comercio. Le condenaron a 17 años. Después se le implicó en un alijo de casi otros 2.000 kilos de cocaína ocultos en tablones de madera.

La vida del narcoabogado se empezó a consumir entre rejas; y para colmo de males para él, en 2003 se descubrió que había pagado a sicarios para asesinar al fiscal antidroga, a dos narcos arrepentidos y a dos abogados. Le condenaron a otros 7 años.

Ya tenía que estar en la cárcel hasta el año 2020; pero en julio de 2007 fue puesto en libertad. Los médicos dijeron que le quedaban unos pocos días de vida al tener un cáncer de colon. Se murió en su piso de Madrid el 13 de diciembre de 2008. Al día siguiente le incineraron.

¿Se murió? Hay quien lo duda. La Voz de Galicia en el año 2010 entrevistó a su cuñado, al abogado David Lages (hermano de su exmujer), que dijo: «no tengo claro que esté muerto». Afirmó que le vio hacer vida normal, que comía y cenaba todos los días fuera de casa y que no enseñó a nadie sus informes médicos. El País, en 2011, publicó un reportaje titulado ‘La vida después de muerto de Vioque’, en donde cuenta que se convirtió en testigo protegido en 2007 a condición de testificar contra miembros de la mafia rusa, como así hizo en julio de 2008. Vioque pactó una nueva identidad y dinero para ocultarse en Argentina. Los únicos testigos de su muerte fueron su hijo y su hija, reconociendo su hijo que ningún médico certificó el fallecimiento.

En ‘Fariña’ se sigue alimentando la leyenda. Se puede leer: «Muchos guardias civiles en Galicia bromean asegurando que no está muerto. No se fían después de casi tres décadas haciendo todo tipo de jugadas. ‘Éste sigue vivo. Preparando la siguiente’, dicen».

Un hecho curioso sobre este personaje de película, es que hemos encontrado que en 1982, cuando tenía 29 años, ganó el segundo premio (30.000 pesetas de entonces), en la modalidad de documentales, del III Festival de Cine Extremeño, que se celebró en Cáceres. La película tenía el ¿premonitorio? título de... ‘Libres’. A más de uno le gustaría verla... por si hay en ella alguna clave.

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