«Lo ideal es intentar vivir del teatro, no ser la primera figura»

Charly Delgadillo fotografiado el sábado en Cáceres. :: a. méndez/
Charly Delgadillo fotografiado el sábado en Cáceres. :: a. méndez

El nicaragüense Charly Delgadillo, profesor de la ESAD y un clásico de la escena extremeña, es premiado por su país

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

El nombre de Charly Delgadillo está muy unido al del teatro extremeño, aunque él es incapaz de recordar el número de montajes en los que ha participado. Pero hagan la prueba. Si van a una obra de teatro con sello regional revisen el programa. Es muy probable que Charly aparezca en la ficha técnica. No guarda afiches ni programas de mano de sus proyectos. «Soy muy desastre, lo hecho, hecho está y allí quedó», dice con tranquilidad. Profesor de la ESAD (Escuela Superior de Arte Dramático), actor, director teatral y autor y adaptador de innumerables obras, Delgadillo recibió en pasado jueves en la Embajada de Nicaragua en Madrid la distinción 'Orgullo de mi país', que concede esta nación centroamericana a personalidades nicaragüenses que contribuyan a la buena imagen y el impulso del país y que estén tanto dentro como fuera.

Delgadillo lleva una buena parte de su vida en España, desde que en el año 1973 llegara a estudiar a la RESAD (la Real Escuela Superior de Arte Dramático, en Madrid). «Entonces en Nicaragua no había escuela, me vine porque había empezado mi carrera allí como director, me vine con la idea de volver, pero vas posponiendo el regreso y cuando te das cuenta ya te has quedado», explica.

En Extremadura lleva desde el año 81. «Yo tenía amistades de aquí, de Cáceres, en una de las visitas que hice a través de una amistad común conocimos al entonces alcalde de Alcántara y el grupo de teatro del pueblo me propuso dirigir una obra para el festival. La hice, gustó y para el año siguiente me encargaron otra».

«Nacer en un lugar donde Rubén Darío está muy presente tiene que ver en mi amor por el verso»

A partir de ahí, recuerda, «fueron hilvanándose cosas y al final decidí quedarme aquí». Pero lo nicaragüense está en sus genes, y está seguro de que «haber nacido en un lugar donde está muy presente Rubén Darío tiene que ver en mi amor por el verso». Desde niño sus pasos se dirigieron al teatro. «Siempre me gustó, hice cositas de pequeño, en las obras del colegio, luego tuve la oportunidad de conocer a la Comedia Nacional, un grupo ya más famoso, y estuve con ellos haciendo mi vida artística hasta que vine aquí».

Docencia

Es uno de los profesores que está desde los inicios en la ESAD de Cáceres, cuyos orígenes se encuentran en la extinta escuela de teatro de Olivenza, que también inauguró. Él vivió todo el proceso de no estar reglada, a la oficialidad que adquirió al ubicarse en la Plaza de San Jorge de Cáceres. «Para mí la escuela debió estar siempre en Cáceres, al estar el distrito universitario de las Letras aquí, era lo más lógico, y pasados los años cayeron en la cuenta».

Echando la vista atrás siente que han sido muy enriquecedores los años en contacto con los alumnos. Y su mayor satisfacción, palpar su evolución. «Tenemos promociones de alumnos que están fuera, en Madrid, haciendo másters, les ves pujantes y te das cuentas de que hemos sembrado una semilla».

Charly, de voz potente, de esas que llegan a todas partes, se encarga de impartir las asignaturas de 'Dicción y Verso' a los futuros actores que estudian en la ESAD. No tiene ni pizca de acento nicaragüense ni tampoco ha cogido el extremeño, por lo cual su forma de hablar es de una neutralidad que no deja rastro de sus orígenes. «A los seis meses de estar aquí perdí el acento, y ahora vuelvo allí una vez al año y no se me pega». Él recomienda y enseña a sus alumnos que, para el trabajo actoral, aprendan a hablar sin acento. Por lo demás, a él le gusta que en la vida personal la gente hable con las variedades regionales, con dejes que forman parte de la identidad.

Es muy consciente de que el mundo teatral es una montaña rusa en lo que se refiere a la parte económica y de supervivencia. «Y el que no sea consciente de que lo es debe dedicarse a otra cosa». Apunta que «lo difícil no es llegar, es mantenerse, yo a mi edad ya vengo de vuelta, pero lo ideal es conseguir vivir de esto, no ser la primera figura. Si te lo planteas así, se puede». En ese contacto con los alumnos, con personas de 20 años llenas de ilusión, reconoce que en ocasiones, «hay que hacerles bajar de las estrellas y que pisen un poquito el suelo».

Respecto al mundo teatral como empresa, considera que «en Extremadura lo que falta es competitividad, la mayoría de los grupos y las compañías, salvo algunos que se esfuerzan, se acomoda y eso es triste a veces, porque el producto podría ser excelente y nos conformamos con que sea bueno». Pero confía en que las generaciones que vienen romperán con ciertas inercias.

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