A los hechos me remito

Es imprescindible recuperar la mesura y la capacidad de discernir entre hechos y promesas, de respetar e integrar argumentos distintos a los propios, y así aclarar el panorama en este intenso debate sobre la mina de litio de Cáceres

PABLO RAMIRO GUZMÁNCacereño, padre de familia, hortelano en Valdeflores e Ingeniero de Montes

Apasiona observar la evolución en las últimas semanas del asunto de la mina: las redes sociales echan humo y los medios de comunicación avivan a diario un fuego nunca visto en esta modesta capital de provincia que a muchos les parece aletargada. Desde hace meses, había una alternancia sin grandes sobresaltos de argumentos a favor y argumentos en contra de la mina. Los promotores hacían su trabajo en sus oficinas, se dejaban ver por los despachos de la Administración Pública, en los medios de comunicación y se aplicaban en la búsqueda de inversores internacionales lanzando informes quincenales hablando del negocio que harían con la mina San José. Mientras tanto, un grupo diverso, apartidista y en permanente renovación de personas integradas en lo que hoy llamamos Plataforma Salvemos La Montaña de Cáceres, se dedicaba a recopilar esa información, analizarla y hacerla accesible a la población mientras vigilaba el proceso de tramitación de esta iniciativa empresarial en las Administraciones Públicas.

Cuatro hechos clave explican el inicio, consolidación y crecimiento de este movimiento ciudadano:

El primero, la presencia de maquinaria pesada a finales de la primavera de 2017 en la umbría de La Montaña arramplando con un ecosistema valiosísimo para la ciudad en términos, no solo de posibilidades cotidianas de recreo, ocio y salud de la población, sino de mejora de la calidad del aire, retención de suelos, captación de lluvias, biodiversidad o suavización de los extremos meteorológicos, provocando el deterioro de los caminos públicos e invadiendo incluso propiedades privadas sin su consentimiento. Mala cosa.

El segundo, la vulneración de la ley por parte de la Junta de Extremadura al conceder los permisos de investigación minera en la zona sin hacer los preceptivos trámites de información pública y a las personas afectadas. Este hecho, descubierto por la Plataforma, obligó a reiniciar un procedimiento administrativo en el que más de 8.000 alegaciones señalaron las graves incongruencias del plan de restauración de daños que causaría dicha investigación. Ahora se pide a la ciudadanía que confíe en una Ley de Minas preconstitucional (1973) y en unos procedimientos administrativos que la propia Junta ha sabido saltarse.

El tercero, el amparo urbanístico que el Ayuntamiento dio a esas actuaciones tan impactantes con el entorno, concediendo una licencia de obra menor para el uso de maquinaria pesada, el arranque de cuajo de más de 20.000 m2 de vegetación, la apertura y compactación de nuevos caminos, preparación de cimentaciones para grandes depósitos, etc. Parece que al final se les ha complicado un poco la «obrina», hasta el punto de que, tras demasiadas denuncias, el Ayuntamiento ha acabado paralizándola.

Y el cuarto, muy significativo: desde el comienzo, como ya se ha dicho, uno de los conglomerados empresariales que abanderan el proyecto, Plymouth Minerals, viene detallando sus intenciones para la mina ‘San José’ adelantando informes técnicos y económicos del proyecto para atraer inversiones. Los argumentos que esgrime la Plataforma derivan del estudio de esos datos, recurriendo a especialistas en las distintas áreas, contrastándolos a su vez con datos de proyectos reales en ejecución o ya realizados que resultaban comparables, y complementando la información con estadísticas reales ofrecidas por fuentes nada sospechosas: INE, Ministerio de Industria, Mercado de Valores Australiano (ASX), Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) o el comité australiano JORC para los recursos y reservas minerales. A pesar de ello, es recurrente el reproche a la Plataforma de no saber de qué habla y de hacer solo conjeturas alarmistas y tendenciosas. Es curioso que, negando toda esa información disponible, quienes ven la paja en el ojo ajeno no se den cuenta de los preconceptos que apuntalan su posición pro-mina, aunque a menudo la disfracen inocentemente de prudencia.

Estos cuatro hechos ya deberían hacer reflexionar o, al menos, alertar a quienes recelan de sus convecinos y profesan devoción por quienes, metiéndonos en el hoyo, dicen, nos van a sacar de él gracias a la vigilancia férrea de las Administraciones Públicas. Pero no parece… Sí se ha conseguido inquietar a parte de la clase política. Algunos ya expusieron hace meses que dudaban de que fuera litio todo lo que relucía. Hace menos, se sumaban el principal partido de la oposición en la región (con rotundidad, ya veremos si con permanencia) y otros dirigentes políticos provinciales y locales (con menos dramatización, y no sabemos si contundencia). Esto, junto con el cada vez más visible respaldo de la ciudadanía a las legítimas reivindicaciones y advertencias de la Plataforma, ha provocado una fuerte reacción opuesta que ha roto la ilusión de equilibrio en la prensa escrita y ha desatado verdaderos chaparrones en redes sociales: llueven los análisis territoriales y económicos anacrónicos, las intransigencias, las simplificaciones de argumentos, las provocaciones, y la desconfianza generalizada, alejando el horizonte de un entendimiento más que necesario. Es imprescindible recuperar la mesura y la capacidad de discernir entre hechos y promesas, de respetar e integrar argumentos distintos a los propios, y así aclarar el panorama en este intenso debate. Debemos esforzarnos por construir una ciudad más dispuesta a la escucha y al encuentro.

La Plataforma Salvemos La Montaña de Cáceres está dando un ejemplo de movilización ciudadana pacífica, meditada y con corazón de la que podemos presumir con orgullo, sea cual sea nuestra posición sobre la mina. La inconsistencia de las compensaciones que ofrece el proyecto a cambio de destrozar el corazón de nuestra sierra para dar alas a un modelo de desarrollo obsoleto e insostenible que nos acabaría debilitando, va saliendo a la luz. Personalmente, yo no quiero pan para hoy, hambre para mañana y destrucción durante generaciones. Y cómo se ha ido desenvolviendo este proceso, tampoco rebaja mi preocupación. A los hechos me remito.

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