Mou: «Lo que más falta me hace ahora es encontrar trabajo»

Moumine Koné, Mou, acompañado de su pareja, su abogado y el subdelegado del Gobierno. /Lorenzo Cordero
Moumine Koné, Mou, acompañado de su pareja, su abogado y el subdelegado del Gobierno. / Lorenzo Cordero

Moumine Koné obtiene la residencia cinco meses después de su orden de expulsión, que generó una oleada de firmas y solidaridad

Cristina Núñez
CRISTINA NÚÑEZCáceres

«Estoy que no me lo creo». Es difícil, hasta para el que lo vive en primera persona, encontrar las palabras justas para definir la alegría de apearse de la cuerda floja y recuperar la seguridad. «Siento mucha alegría y ganas de agradecer una por una a las personas que me han ayudado».

Gratitud y tranquilidad son los dos sentimientos en los que andaba ayer envuelto Moumine Koné, Mou, el joven maliense que el verano pasado vivió unos duros momentos cuando, al ir a la comisaría para renovar la documentación (un trámite periódico), se encontró con que su pasaporte quedó confiscado y que tenía una orden de expulsión que se debería llevar a cabo en 15 días. «Afortunadamente no me trasladaron al centro de internamiento de extranjeros de Madrid porque no había sitio en ese momento». Él cree que ese traslado hubiera sido decisivo para ser expulsado a Mali sin vuelta atrás. Una enorme movilización social, traducida en más de 174.000 firmas en la plataforma Change.org, impulsó el desenlace que tuvo lugar ayer, cuando firmó la revocación de su orden de expulsión y los papeles de la tarjeta comunitaria para familiar de español, que recibirá en un mes aproximadamente. Ayer, desde la plataforma Change.org Mou daba las gracias, bajo el titular de «¡Victoria!». «Lo hemos conseguido, se acabó la pesadilla», puede leerse en el largo texto que pone punto y final a una lucha que se ha extendido durante cinco meses. «Si no fuera por las firmas y por el apoyo mediático que he tenido creo que no podría haber llegado a esta situación», detalla. Aunque él se siente afortunado, sí que aprovecha la ocasión para hacer un llamamiento a las instituciones, «y que antes de hacer una orden de expulsión, lo notifiquen». También reclama «que se estudien bien los casos de personas que están en esta situación».

Noticias relacionadas

José Carlos Bote, subdelegado del Gobierno en Cáceres, acompañó a Mou en este momento. También el abogado Antonio Luis Díez, que le brindó su apoyo de manera desinteresada, y Silvia Celada, su pareja. Mou considera que el papel de Bote fue vital para desbloquear su caso. Ese 28 de junio en el que Mou acudió a la subdelegación del Gobierno para entregar las firmas recogidas (139.000 hasta ese momento), Bote se reunió con él y con su abogado inmediatamente para plantearles los caminos que podían abordar. «Fue muy importante que me permitieran recuperar el pasaporte para iniciar la solicitud de pareja de hecho con Silvia». Ese trámite le permitió avanzar en el arraigo. Desde el mes de septiembre, esta pareja, que se conoció en una boda de un amigo en común, están formalmente unidos en el registro de la Junta de Extremadura. Silvia ha sido un fuerte apoyo en estos últimos meses. Ayer, su sonrisa resumía satisfacción. Fue un día de celebración para la pareja. Una fecha para recordar.

Estabilidad

Mou está muy a gusto en la ciudad, en donde lleva ya una década. «Yo quiero vivir aquí, estabilizarme, lo que más falta me hace es que me salga ahora trabajo», explica. Lo que le sucedió el pasado verano cortó su vida. En ese momento se encontraba trabajando en asistencia domiciliaria y tuvo que dejarlo por la delicada situación legal en la que se encontraba.

Mou llegó a España en patera, tras un difícil viaje de cuatro días y cuatro largas noches. Tras 40 días en un centro en Lanzarote fue trasladado a Madrid, en donde le apoyó la asociación La Calle, que fue la que le brindó la oportunidad de trasladarse a Cáceres. En el año 2012 logró los papeles al ser oficialmente solicitante de asilo, una condición que el Ministerio del Interior no resolvió. Un trámite que en teoría debería haberse visto resuelto en seis meses se prolongó durante años, y finalmente desembocó en una orden de expulsión. La vida en Mali era difícil, aunque él considera que dar el paso, arriesgar la vida para llegar a Europa, es un salto al vacío.

Sin apenas hablar el español, Mou ha trabajado en diferentes sectores como el campo, la construcción o la hostelería. Siempre agradecido, explica, aunque tuviera que trabajar de sol a sol, como le ha sucedido.

Actualmente Mou prepara un libro en el que recoge todas sus vivencias, desde su infancia en Mali hasta su traslado a Mauritania, años de ahorro para embarcarse en una travesía llena de riesgos, estafado por las mafias. Y su vida en Europa.

También acude a contar su caso a centros educativos, en donde niños y jóvenes entran en contacto con realidades que están muy lejos de lo que puede ser su vida en común.

Fotos

Vídeos