Expedición veterinaria a Líbano

De izquierda a derecha, Jorge Valle, Daniel Jiménez, Virginia Carracedo, María Reyes, Enrique Pérez y Joaquín Rey. ::/Lorenzo Cordero
De izquierda a derecha, Jorge Valle, Daniel Jiménez, Virginia Carracedo, María Reyes, Enrique Pérez y Joaquín Rey. :: / Lorenzo Cordero

Profesores y alumnos de la Uex ayudarán a la población civil a cuidar su ganado | Se marchan a finales de febrero y convivirán con los militares de la base Miguel de Cervantes

María José Torrejón
MARÍA JOSÉ TORREJÓNCáceres

Cuentan los días que faltan para realizar un viaje que les dejará huella. A finales de febrero -la fecha exacta no ha trascendido por cuestiones de seguridad- un equipo formado por cuatro profesores y dos alumnos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Extremadura pondrá rumbo a Líbano. Se alojarán en la base militar Miguel de Cervantes para colaborar con las tropas españolas allí desplazadas. Su particular misión consistirá en pasar revista al estado de salud de las explotaciones ganaderas que tiene la población local de este punto de Oriente Próximo, fronterizo con Siria e Israel, la zona más militarizada del planeta.

Se trata de una labor altruista, fruto de un convenio de colaboración suscrito entre la Conferencia de Decanos de Veterinaria de España y el Estado de Mayor de Defensa. La expedición cacereña está encabezada por los profesores Joaquín Rey y Enrique Pérez. Ellos repiten experiencia. Ya estuvieron hace cuatro años, en 2014. Ahora regresan junto a nuevos compañeros. Compartirán vuelo con el docente Jorge Valle y la investigadora María Reyes, directora del animalario de la Universidad de Extremadura. Además, también se han sumado los estudiantes Virginia Carracedo y Daniel Jiménez. Junto a ellos estará el extremeño Rafael Calero, que estudió en la facultad cacereña y ahora es profesor en la Universidad Complutense.

Integrantes de la anterior expedición a Líbano, junto a población civil y miembros del ejército.
Integrantes de la anterior expedición a Líbano, junto a población civil y miembros del ejército. / Cedida

Durante su estancia en el sur de Líbano, que se prolongará durante dos semanas, visitarán medio centenar de pueblos situados en un radio aproximado de 40 kilómetros. Además de intervenir de forma directa en las explotaciones ganaderas, impartirán charlas formativas a la población local sobre buenas prácticas e higiene.

No viajan solos. Llevan un equipaje cargado de medicamentos valorado en 25.000 euros, que han logrado gracias a la donación de empresas, laboratorios e instituciones como la Universidad de Extremadura, el Centro de Cirugía de Mínima Invasión o la Dirección General de Salud Pública de la Junta de Extremadura.

«Aprovechamos las mañanas para trabajar en las explotaciones. Y cuando nos quedamos sin sol, damos charlas informativas. Allí la población es fundamentalmente ganadera. Muchos de ellos son descendientes de beduinos. Tradicionalmente han tenido pequeños rumiantes, cabras y ovejas, y últimamente están queriendo introducir vacas de producción láctea», cuenta Enrique Pérez. Algunas explotaciones, detalla, están metidas en el interior de las casas: en el patio trasero, en las bodegas o incluso en un primer piso.

Dos profesores de Veterinaria repiten experiencia este año.El anterior viaje fue en 2014.
Dos profesores de Veterinaria repiten experiencia este año.El anterior viaje fue en 2014. / CEDIDA

Joaquín Rey, el otro veterano de la misión, pone el acento en otro aspecto beneficioso de este proyecto. «Es una ayuda también para los militares. En la medida en que son aceptados estos servicios, también es aceptada la presencia de los militares allí destinados», apunta el veterinario.

15.000 cabezas de ganado

Los militares son, precisamente, los encargados de contactar con los alcaldes de la zona. Y, de acuerdo a las indicaciones de las autoridades locales, programan las visitas que realizan los veterinarios a las explotaciones. En el viaje realizado en 2014 la expedición cacereña atendió a un total de 15.000 cabezas de ganado. En sus desplazamientos en vehículos blindados van escoltados por el ejército español, las fuerzas libanesas y están acompañados de intérpretes, ya que el idioma mayoritario es el árabe. A modo de consejo, han recibido una serie de recomendaciones que deben tener muy en cuenta a la hora de interaccionar con la población civil: los hombres no pueden mirar directamente a los ojos de las mujeres y, además, tampoco está bien visto estrechar las manos a modo de saludo. Lo más correcto, cuentan, es saludar llevándose la mano derecha al corazón.

No hay una única motivación para participar en esta experiencia. Enrique apela, por un lado, a la profesional. «Allí nos encontramos con casos sanitarios que aquí ya no hay, como la fiebre aftosa. Supone un reciclaje y una formación para nosotros. Y personalmente es una experiencia. Ves otros problemas, te relacionas con la población autóctona y descubres la vida militar», dice.

El profesor Joaquín Rey,en Líbano, durante su estancia.
El profesor Joaquín Rey,en Líbano, durante su estancia. / CEDIDA

«Te enfrentas con procesos a los que no estás acostumbrado. Tienes que tener mucha capacidad resolutiva. Pero, sobre todo, es una experiencia humana -prosigue Joaquín-. Tomas contacto con gente que tiene otros valores, con diferentes esquemas de vida. Pero te das cuenta de que son exactamente igual que tú. Que a ellos les haya tocado vivir allí y a ti a aquí, es simplemente una cuestión de azar». El profesor habla de la estética de la guerra, muy presente en la vida cotidiana de la población local. «Todo el mundo tiene pistolas y armas. Te impacta. Guardan el pienso en cajas de armamento. Y utilizan las carcasas de bombas de florero».

Para María, Virginia y Daniel todo será nuevo. «Me resultó muy llamativo poderme ir al Líbano y poder ir a trabajar como veterinaria. Me va a aportar muchísimo», indica Virginia, alumna de quinto curso, como Daniel. «Es una oportunidad única. Si no la aprovecho ahora, creo que nunca tendré otra ocasión igual», apunta el joven.

«Soy veterinaria por vocación -afirma María Reyes-. Eso de ir a ayudar a que ciertos animales estén mejor en una zona deprimida me atrajo desde el principio. Y, por otro lado, conocer la vida militar me llama la atención». La combinación, indica, le resultó irresistible. La misión está en marcha. Ya sólo queda restar días al calendario.

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