La ermita cacereña de los endemoniados

La ermita de San Benito. / Lorenzo Cordero
Desde la moto de papel

La ermita de San Benito se encuentra a cinco kilómetros de Cáceres, en el interior de la urbanización Cáceres Golf

SERGIO LORENZOCáceres

Se está celebrando en Arroyo de la Luz, hasta el próximo miércoles, día 9, la duodécima edición del Festival de Cine del Terror en el Castillo. Pocos sitios habrá mejor para ver una película de miedo que sentado en el húmedo patio de armas del castillo de Herrera, fortaleza que levantó a finales del siglo XIV Garci González de Herrera, al que Enrique III donó Arroyo de la Luz (que entonces se llamaba Arroyo del Puerco). Ya en ruinas, en el siglo XIX fue utilizado como cementerio, enterrando en su suelo y en las murallas los restos de muertos por la peste. El recomendable festival está organizado por el Ayuntamiento, dirigiéndolo el director de cine Jerónimo García.

Hay pocos sitios como este terrorífico castillo; pero los hay... y en Cáceres tenemos uno: Es la ermita de San Benito, que se encuentra a cinco kilómetros de Cáceres, en el interior de la urbanización Ceres Golf.

«Es uno de los edificios más llenos de misterio de Cáceres», nos comentó más de una vez el periodista cacereño José María Parra, que en 1999 (un año antes de morir a los 57 años) publicó un libro sobre esta ermita que entonces llevaba más de un siglo en ruinas.

Parra escribió el libro patrocinado por la constructora Progemisa, que se encontró con las ruinas del templo al comprar los terrenos en donde levantó la urbanización Ceres Golf, se hizo un hotel y el campo de golf de la ciudad. La ermita había servido para guardar ganado y la constructora sacó de su interior 15 camiones de estiércol.

Progemisa entregó al Obispado de Coria-Cáceres el título de propiedad de la ermita, comenzando entonces diversas actuaciones para recuperar el que, según Publio Hurtado, era el templo más antiguo de Cáceres.

La ejemplar rehabilitación se hizo en nueve años, encargándose de ella la Universidad Popular de Cáceres. El proyecto supuso una inversión de 2.400.000 euros. La mayoría del dinero lo aportó la Junta, a través del Fondo Social Europeo y del Sexpe. La inauguración tuvo lugar el 22 de junio de 2010, quedándose impresionada la gente cuando el obispo Francisco Cerro abrió la puerta principal con la llave que le entregó la alcaldesa Carmen Heras, y se vio el interior del templo que tiene tres naves. Se había logrado recuperar interesantes pinturas murales al fresco, del siglo XVI o XVII, que representan desde el descendimiento de Cristo de la Cruz, a la estigmación de San Francisco o San Cristobal con el Niño Jesús.

Varios estudiosos señalan que cuando en el término municipal de Cáceres había 50 ermitas (ahora hay unas veinte), tres estaban dedicadas a San Benito Abad, el iniciador de la vida monástica en occidente con la Orden de los Benedictinos, que nació en Italia en el año 480 y murió en el 547. Una estaba en la Plaza Mayor, en lo que ahora es la ermita de la Paz; otra cerca de la Plaza de la Audiencia (entre la Plaza Mayor y San Blas), y una tercera era la ermita que está en la urbanización Ceres Golf, que fue la más importante y más antigua al tener orígenes visigodos, según señala entre otros el historiador Francisco Acedo. Esto fue confirmado al rehabilitar el templo, ya que se descubrió un arco de herradura de lo que fue un santuario visigodo del siglo VI o VII.

José María Parra aseguraba que esta era la ermita más famosa, «por tratarse de un antiguo centro milagroso, de gran popularidad». Para él era probable que la gran ermita, «perteneciera a un complejo de edificaciones religiosas integradas en el Camino de Santiago del Sur, más concurrido y transitado que el que llegaba de Europa a través de Roncesvalles, pero con menos literatura y por ende menos conocido».

El historiador e investigador Alonso Corrales Gaitán ha indicado que a esta ermita venían peregrinos de toda España y Portugal, al tener desde la segunda década del siglo XVI un trozo de un hueso de San Benito, de apenas dos centímetros, que unos religiosos trajeron desde Jerusalén. Fue entonces cuando empezó a tener fama de milagrosa.

Parra contaba que en el altar había colgada una tabla, ya desaparecida, «en la que, bajo fe de escribano, se hacía específica mención de 16 milagros, por virtud de los cuales alcanzaron la salud otros tantos enfermos desahuciados, y entre ellos cuatro endemoniados».

José Luis Hinojal, en su libro ‘Historias y leyendas de la vieja villa de Cáceres’, detalla esos 16 supuestos milagros, que fueron transcritos por fray Diego Mecolaeta en 1733.

Se habla de dos niñas endemoniadas de nombre Isabel. Una, hija de Francisco de Orellana, fue curada el 15 de agosto de 1530 y otra, la cacereña Isabel González en 1532. El 5 de enero de 1533 quedó libre del demonio Juana Vivas, vecina de Casar de Cáceres. Para hacerles el exorcismo, se les ponía en el altar y les ataban los pulgares, tirando de las cuerdas mientras invocaban al maligno con latinajos, dando de beber brebajes a las poseídas, que según los testigos llegaban a arrojar por la boca desde monedas a alfileres retorcidos.

Muchos de los que dijeron haber sido curados eran hombres tullidos, algunos de los cuales curaban tras estar nueve días esperando el milagro en la ermita. También era el santo bueno para problemas de piedras en la vejiga, llegando un hombre a arrojar una piedra como una nuez, y una mujer otra del tamaño de un huevo... y sin dolor alguno.

En la ermita estaban esas piedras como prueba de lo ocurrido, al igual que escopetas que habían reventado sin haber hecho daño a sus propietarios, incluso se encontraban los grilletes de un cautivo, «que estando en una mazmorra en Berbería, invocó al santo y se halló repentinamente a la puerta de la ermita». ¡Ahí es nada!

Con el tiempo desaparecieron esas pruebas, las tablas de los milagros y hasta la venerada reliquia. También fue robado hace unos 30 años un codiciado cáliz de plata hecho especialmente para San Benito por el platero cacereño Pedraza en 1548.

En 1872 se extinguió la cofradía de San Benito, que protegía el templo, que pasó a ser lazareto, confinando aquí a los enfermos que tenían enfermedades contagiosas. Al igual que en el castillo del miedo de Arroyo de la Luz, aquí hubo muertos por la peste.

Estamos en noche de luna llena... ¿hace un paseo de terror esta madrugada por la ermita de los endemoniados?

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