«La Embajada española en La Habana cerró en el peor momento»

Ana Martínez (derecha) en la azotea de un hotel en La Habana mientras recogen agua para las cisternas tras el paso del ciclón Irma :: cedida
Ana Martínez (derecha) en la azotea de un hotel en La Habana mientras recogen agua para las cisternas tras el paso del ciclón Irma :: cedida

La enfermera cacereña Ana Martínez sufrió las consecuencias del paso del Huracán Irma en Cuba

FRANCIS GONZÁLEZ CÁCERES.

Aunque son más de 7.000 kilómetros los que separan La Habana de Cáceres, esta distancia no impide que algunos viajeros cacereños se dejen ver por la capital de Cuba. Especialmente desafortunadas han sido las vacaciones de Ana Martínez, una enfermera cacereña, aunque residente en Sabadell, que ha sufrido las consecuencias del paso del huracán Irma en La Habana. Este ciclón es el más poderoso registrado nunca en el Océano Atlántico y a su paso por la isla dejó más de diez muertos. Afortunadamente, esta turista cacereña ya se encuentra en España, pero se muestran enfadada con la forma de gestionar el problema por parte de la Embajada y las aerolíneas.

Ana Martínez explica a este diario que ha pasado miedo, pero nunca ha perdido la calma. Las vacaciones de las que tenía previsto disfrutar en Cuba con su pareja y dos amigos más se fueron torciendo según avanzaba el ciclón hacia La Habana. «Disfrutamos de unos días buenos, aunque lluviosos porque es la época, pero el viernes (8 de septiembre) el cielo se empezó a volver muy oscuro, aunque la gente seguía tranquila», indica. La sorpresa comenzó cuando el dueño de la casa que habían alquilado les dijo a la hora de irse que si llegaban las tormentas y subía la marea, el agua solía llegar por la cintura. Fue entonces cuando este grupo de cuatro viajeros se dirigió al aeropuerto tras recibir un mensaje de Air Italia en el que les informaban de que su vuelo había sido cancelado. «Estaba desierto, solo había un par de dependientas de información y un grupo de turistas que estaba en nuestra misma situación», recuerda.

Al no encontrar solución al problema de su vuelo, decidieron llamar a la Embajada, que se encontraba cerrada, por lo que tuvieron que ponerse en contacto con el teléfono de emergencias del Gobierno español en Cuba. La teleoperadora era cubana y les recomendó molesta que fueran al Hotel Tulipán porque allí había un grupo importante de españoles y tenían algunas plazas libres. «Cogimos un taxi hacia ese hotel y nos cobró el doble porque decía que se estaba jugando la vida», expresa aún sorprendida Ana Martínez.

En el hotel no les faltó ni agua ni comida, hasta que los fuertes vientos e inundaciones provocaron que el edifico se quedara sin luz, agua ni telecomunicaciones. Allí conocieron a otro grupo de españoles, de Cataluña, que habían acudido a la Embajada a pedir ayuda y el Policía Nacional que vigilaba la puerta, procedente de Llerena, les tuvo que llevar hasta el hotel porque estaba cerrada. «Estábamos indignados con la Embajada porque cerró en el peor momento. Concretamente, el sábado y el domingo que fueron los días que más fuerte azotó el huracán», asegura enfadada.

Según avanzaba Irma por Cuba los problemas de esta turista cacereña crecían. Martínez recuerda como anécdota que no podían salir del hotel y al estar cortado el servicio de aguas las cisternas de los baños no funcionaban. «Era asqueroso entrar al servicio porque no se podía tirar de la cadena y rebosaba el váter. Uno de los españoles que había en el hotel se dio cuenta de que en la azotea se habían formado balsas de agua y subimos para llenar un cubo y botellas para llenar la cisterna y que se desahogara un poco», indica.

Tras más de cuatro días ajetreados por el huracán Irma, el pasado martes Ana Martínez y sus compañeros de viaje pudieron volver a España. Según cuenta, en el aeropuerto de La Habana se formaron colas importantes. Al llegar a Sabadell, ciudad donde reside, Ana Martínez decidió hacer una reclamación a la aerolínea. Por otro lado, por faltar al trabajo dos días, en los que no podía volver de Cuba, Ana ha perdido dos días de asuntos propios tras revisar el convenio de trabajadores

«Me ha impactado mucho el carácter de resignación de los cubanos», afirma sorprendida mientras explica que los autóctonos lo hacían todo de forma muy calmada, «tenían encima un huracán histórico y no se ponían nerviosos ni se alteraban, para ellos seguía la vida». En este sentido, Ana Martínez recuerda especialmente una imagen de unos niños jugando al fútbol tranquilamente al lado de un paraje de árboles destrozados por el huracán. Otra de las cosas que destaca de los cubanos es su alegría y generosidad. «Tienen muy poco y son capaces de dar lo mejor de ellos», sentencia.

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