¿Y si declaramos la guerra a Casar de Cáceres?

Turistas se hacen fotos en la Torre de los Púlpitos :: LORENZO CORDERO/
Turistas se hacen fotos en la Torre de los Púlpitos :: LORENZO CORDERO
DESDE LA MOTO DE PAPEL

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

Podíamos empezar este artículo como si fuera un cuento. Comenzar diciendo...

Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo, allá por el año 1180, una ciudad que según algunos se llamaba Hizn Qazris y ahora tiene el nombre de Cáceres. Vivían en ella los temibles almohades que sobre restos romanos levantaron una muralla de un perímetro de 1.200 metros y unas 40 torres, hermosas torres que impresionaban a los veían desde leguas a la hermosa ciudad.

Podíamos hablar de reconquistas, de cristianos degollados en la Torre de Bujaco, de la leyenda de la mora y del capitán cristiano, incluso de la gallina de oro; pero... vamos a dejarnos de cuentos porque queremos hablar de algo muy serio:de como los cacereños han ido perdiendo uno de sus mayores tesoros: su muralla. Hubo caciques que tiraron parte de ella para su beneficio propio, como el que derrumbó la puerta de Coria; y también hubo gobernantes de la ciudad que fueron haciendo la vista gorda, a través de los siglos, cuando personas influyentes fueron quedándose con parte de la muralla y sus torres.

De aquellas cuarenta torres, algunas desaparecieron y otras se convirtieron en viviendas. En la actualidad se pueden identificar unas 26.

Lo curioso es que desde hace unos cuantos años, desde que la ciudad se ha dado cuenta de que su mayor potencial es el turismo, se ha empezado una reconquista incruenta para que los cacereños recuperen sus torres, haciendo que los turistas suban a ellas.

Hace 14 años se dio un paso muy importante, cuando en junio de 2003 se abrió al público la Torre de Bujaco, pagando los turistas para ver la panorámica de la Ciudad Monumental a 25 metros de altura sobre el nivel de la Plaza Mayor. En el año 2008 se abrió al público la Torre de los Pozos. En la actualidad el turista puede visitar estas dos torres individualmente pagando dos euros y medio, o si paga tres euros puede visitar las dos atalayas de piedra.

Ahora también se pueden ver impresionantes panorámicas desde el campanario de la Concatedral de Santa María, pagando 4 euros (hay descuentos) o sin pagar para los que enseñen su DNI y figure en el mismo que residen en Cáceres. Otra vista, que sólo cuesta un euro, es la que se tiene al subir a las torres de la iglesia de la Preciosa Sangre en la Plaza de San Jorge. Dentro de poco se podrá visitar la torre del Palacio de las Cigüeñas, que está en obras.

Distintos gobiernos municipales de los últimos años han prometido e intentado hacer visitables torres como la Mochada, que está junto a la Plaza de Santa Clara; la Torre de Espadero, a la que se accede desde el Archivo Provincial de la Junta de Extremadura; o la del Horno, que está en la parte de atrás del edificio del Ayuntamiento, junto al Rectorado. De vez en cuando también es visitable la torre redonda del Palacio de Carvajal, que pertenece a la Diputación.

A la izquierda: Al fondo, la Torre del Nordeste; a la derecha, una torre convertida en vivienda. A la derecha: La Torre Mochada, que es totalmente maciza y Rodríguez Cancho
A la izquierda: Al fondo, la Torre del Nordeste; a la derecha, una torre convertida en vivienda. A la derecha: La Torre Mochada, que es totalmente maciza y Rodríguez Cancho / Rodríguez Cancho

En el año 2009 los luchadores por la reconquista de las torres de Cáceres, lograron una victoria que quizá se pudiera comparar a la que lograron los cristianos en la batalla de Las Navas de Tolosa hace poco más de 800 años. Cinco años duró la pelea en los tribunales para que se reconociera que la Torre de los Púlpitos era de los cacereños. El abogado Fernando Rodríguez Rosado fue quien representó al Ayuntamiento, pleiteando contra dos Mayoralgo que decían que la torre era suya, llegando a pedir cerca de 350.000 euros por el bello torreón del siglo XV.

Primero fue la jueza María Pilar Sánchez Castaño, titular del Juzgado número 4 de Cáceres, y luego la sección primera de la Audiencia de Cáceres, que preside Juan Francisco Bote Saavedra, quienes indicaron que la torre era de los cacereños tras analizar minuciosamente un documento de 1764, en donde los gobernantes de la ciudad atendieron a la petición de Michael de Mayoralgo, dueño del Palacio de Mayoralgo, que quería usar la Torre de los Púlpitos para ver las justas y corridas de toros que había en la Plaza Mayor. Los descendientes de Michael de Mayoralgo vendieron en 1992 el palacio que está en la Plaza de Santa María al Centro de Gestión Catastral, que a su vez lo vendió a Caja de Extremadura, que lo rehabilitó para convertirlo en su sede en Cáceres.

Tras esa enorme victoria en los tribunales, algunos pensaban que el Ayuntamiento iba a seguir recuperando torres, llevando al juzgado a personas que aseguraban ser dueñas de parte de la muralla, sin tener documentos que lo acrediten;pero no fue así.

Se perdieron algunas de las cuarenta torres que tenía la muralla, pero aún se pueden identificar unas 26

El hecho es que en el fragor de la batalla dialéctica y de documentos para intentar recuperar la Torre de los Púlpitos, el entonces concejal de Turismo, Manuel Rodríguez Cancho, uno de los ediles que más han hecho por esta ciudad, confesó que tenía un as guardado bajo la manga, ya que se había encontrado un documento en el que en caso de guerra, se permitía que los gobernantes de Cáceres recuperaran las torres para defender la ciudad. «La situación es clara – dijo medio en serio medio en broma –. Convencemos a Casar de Cáceres para que una mañana nos declare la guerra, tomamos la Torre de los Púlpitos y por la tarde firmamos la paz con Casar». A más de uno nos gustaba esta idea, pensando que la declaración de guerra se podía hacer el Día de San Jorge, viniendo los casareños a intentar tomar Cáceres con el dragón, y una vez vencida la fiera, hacer las paces con una gran fiesta en la Plaza Mayor.

Andaba juntando estas letras ayer por la tarde cuando de pronto llegó a la Redacción el fotógrafo Salvador Guinea:

–¡Oye! ¿Sabéis que junto al Arco del Cristo se vende una casa con una torre?

– Espero que el Ayuntamiento esté al tanto y compruebe bien que esta persona tenga documentos que acrediten que la torre es suya. – Le contestó el compañero Manuel Caridad.

Yo sólo pensé: «¿Y si declaramos la guerra a Casar de Cáceres?»

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