«No hay que hacer cirugía violenta en la muralla de Cáceres», indica Enrique Cerrillo

Cerrillo, Laureano León y José Luis Castaño con ejemplares del nuevo libro sobre la muralla. :: JORGE REY/
Cerrillo, Laureano León y José Luis Castaño con ejemplares del nuevo libro sobre la muralla. :: JORGE REY

El catedrático de Arqueología publica un libro que documenta la desaparición de parte de este monumento

Sergio Lorenzo
SERGIO LORENZOCáceres

La apreciada muralla de Cáceres está enferma: necesita una rápida intervención, y para una primera fase de rehabilitación el Estado ya ha anunciado que invertirá 700.000 euros y el Ayuntamiento unos 300.000 euros.

Ante la próxima intervención, el catedrático de Arqueología de la Universidad de Extremadura, Enrique Cerrillo (Cáceres, 1950) advierte: «No hay que hacer una cirugía violenta en la muralla». También se muestra cauto a la hora de tirar casas adosadas a la muralla, que para algunos entendidos también son parte de la historia de la ciudad. «Lo primero que habría que ver es en qué época se quiere recuperar la muralla», indica.

Enrique Cerrillo realizó estas apreciaciones ayer por la mañana, en el Palacio de la Isla, en la presentación de su libro ‘La Des-construcción de la muralla de Cáceres’, un interesante tratado de 388 páginas en el que se documenta la pérdida de parte del lienzo de la ciudad hasta los años treinta.

«Era necesario este libro sabio», aseguró en la presentación el concejal de Cultura, Laureano León, quien alabó la labor de investigación y capacidad de trabajo de Cerrillo. El Ayuntamiento de Cáceres ha editado el libro que ha contado con el patrocinio de Canal de Isabel II. José Luis Castaño, gerente de la empresa en Cáceres, se mostró satisfecho de que Canal participe en difundir detalles importantes sobre la muralla.

Derribo del arco y casas junto a la torre de los Púlpitos, 1967. :: AHMCC
Derribo del arco y casas junto a la torre de los Púlpitos, 1967. :: AHMCC

Enrique Cerrillo afirma que la muralla se ha ido «des-construyendo», perdiendo parcialmente, a partir del siglo XV, siendo la situación más grave cuando en 1751 el Consistorio decide regalar algunos tramos a los dueños de viviendas colindantes, «como el Ayuntamiento no puede mantenerla, la regala y ahí empieza todo». Se amplían cocheras y se abren huecos en ella para ventanas o puertas.

Es en 1928 cuando se intenta corregir el mal hecho y el Ayuntamiento crea un impuesto por el uso y disfrute de la muralla. La cuota variaba según los metros lineales de muro que ocupaba la vivienda, multiplicado por el número de alturas. En 1931 los propietarios de 101 viviendas pagaron este impuesto, lo que supuso 509 pesetas al año para las arcas municipales. Esa cuota se mantuvo desde 1926 a 1938 y de 1947 a 1951.

El investigador escribe en su libro que a lo largo del tiempo las corporaciones municipales «han tenido un comportamiento errático con la muralla, unas veces haciendo dejación de la propiedad y de las obligaciones que conllevaba su conservación y en otros casos, intentando una tenaz defensa de la muralla y de la consiguiente propiedad, basándose en su valor histórico, patrimonial y finalmente, turístico».

En la obra también se recoge cuando se tiraron casas adosadas, como cuando en 1967 se derribó el arco y viviendas fijadas al exterior de la muralla, junto a la torre de los Púlpitos.

Sobre cómo actuar en la parte antigua, el catedrático señala que hay que tener cuidado en no crear un estudio cinematográfico. «No cabe el embalsamamiento ni la cosmética, sólo la conservación de lo que nos ha sido legado. Tampoco la imposible resurrección».

Recuerda una recomendación que en los años sesenta hizo el arqueólogo sueco C. A. Moberg: «Lo que el hombre ha unido, que no lo desuna el arqueólogo».

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