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El obispo que venció a Coria y la pintada de la venganza

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Llopis Ivorra con su sucesor, Jesús Domínguez, en 1977. :: múñez

  • Cáceres no fue sede episcopal y por eso no tiene catedral. No obstante, hubo a lo largo de la historia ciertos intentos por arrebatar el título a Coria

El siguiente texto es del libro 'Coria', escrito en 1999 por Pedro Pablo Alonso para Cicón Ediciones: «Aún hoy la herida está abierta y los corianos lamentan el progresivo abandono que la sede coriana ha experimentado con el transcurrir de los años, y eso es señal evidente de que los tiempos de 1957 debieron ser claramente frustrantes, y no es de extrañar que apareciera alguna pintada en la fachada del Palacio Episcopal tremendamente hiriente para su tradicional inquilino. Si dicha pintada, que el viajero no reproduce pero que todo coriano conoce, fue obra de una mano infantil o de una adulta intencionada, es algo que aún se discute en los mentideros de la ciudad. Existir, existió. ¿De quién fue obra? Se ignora. Quienes la vieron afirman que estaba hecha con un tizón y con una caligrafía un tanto infantil».

El libro relata lo ocurrido hoy hace 60 años, cuando la diócesis de Coria pasó a llamarse diócesis de Coria-Cáceres, y el obispo dejó de vivir en Coria para hacerlo en la capital de provincia, en donde su iglesia principal, la de Santa María, pasó a ser concatedral.

El obispo que hizo los cambios, cuyo nombre maldijeron algunos corianos, fue Manuel Llopis Ivorra (1902-1981), que fue obispo de esta diócesis durante 27 años, desde 1950 a 1977, cuando le sucedió el apreciado Jesús Domínguez Gómez. Llopis Ivorra fue un obispo todopoderoso, capaz de levantar una barriada en Cáceres que lleva su nombre y que ahora tiene 2.720 vecinos; un obispo que, según aseguran muchos, es el responsable de que en la fiesta de San Jorge luchen moros y cristianos, ya que él había nacido en Alcoy (Alicante), ciudad muy dada a estas batallas incruentas.

La diócesis de Coria es una de las más antiguas de España. Según una antigua tradición fue fundada por el Papa San Silvestre en el año 338, y se tiene como probable que fuera su primer obispo San Evasio, del que se asegura padeció martirio en Casar de Cáceres.

Cáceres no fue sede episcopal y por eso es una de las nueve capitales de provincia de España (son 50) que no tiene catedral. No obstante, hubo a lo largo de la historia ciertos intentos por arrebatar el título a Coria. Así, el 5 de octubre de 1866 la Corporación Municipal de Coria envió una amplia carta a Isabel II reivindicando el Obispado. Se puede leer en la carta: «El Ayuntamiento de Cáceres ha acudido al Gobierno de V. M. renovando su antigua y nunca bien acogida pretensión de que se traslade a aquella capital, la cabeza de Diócesis que esta ciudad posee; y esta pretensión, que no tiene siquiera, Señora, razón de ser, conculca sagrados y legítimos derechos adquiridos». Además de razones históricas los mandatarios de Coria explican a la reina que su ciudad está en el centro del Obispado y Cáceres en un extremo, y que «Cáceres es excesivamente cara para todas las necesidades de la vida, lo será más cuando se traslade a ella la catedral. Coria es incomparablemente más barata».

No pasó nada; pero en Coria se volvieron a mosquear cuando en 1950 llegó Llopis Ivorra, y una de sus primeras acciones fue crear en Cáceres el Seminario Mayor. El alcalde de Coria, José María Francisco Candenas fue con sus concejales a hablar con el obispo, para pedir que se construyera en su ciudad; pero nada.

Poco tiempo después, el 21 de junio de 1957, Llopis Ivorra hizo pública una decisión de la Santa Sede, en la que indicaba que la Diócesis pasaba a llamarse de Coria-Cáceres y que el obispo podía residir en una u otra ciudad. El acuerdo del Papa Pío XII, indicaba que el obispo Llopis lo había pedido porque Cáceres era la capital de provincia, estaban las autoridades, había más fieles... y estaba el Seminario Mayor.

En la ciudad de Cáceres hubo alegría, pero no en Coria. En esta ciudad hubo manifestación de protesta ese mismo 21 de junio y, también ese día, el alcalde y los concejales fueron a ver al gobernador civil de la provincia para presentar su dimisión, no dejándoles el gobernador.

El obispo Ivorra antes de ser enterrado en Cáceres, en 1981:: MÚÑEZ

El obispo Ivorra antes de ser enterrado en Cáceres, en 1981:: MÚÑEZ

El 22 de junio hubo una manifestación más grande en Coria y el día 23, la Corporación Municipal adoptó el acuerdo de protestar ante «las altas autoridades eclesiásticas» y visitar al Ministro de Justicia y el Nuncio de su Santidad el Papa. En el acuerdo del Ayuntamiento se indica que el obispo Llopis había aprovechado la confianza de Coria para, «en silencio, por sorpresa y con el tesón que le caracteriza, gestionar y conseguir la disposición pontificial que le servirá de base para finalmente, si Dios no lo remedia, despojarnos de todo». Se quejan de que en seis años, el obispo no estuvo en Coria ni 60 días, y que en la catedral sólo había cuatro canónigos, uno de ellos jubilado, mientras que en Cáceres estaban once. Hablaban de que había un «divorció moral» entre el pueblo de Coria y su obispo, y se preguntaba, «¿por qué esta predisposición de ir mermando día a día, con tesón digno de mejor causa, el rango de nuestra tradición episcopal? No nos podemos explicarlo».

Al final la protesta de Coria se fue acallando con el paso del tiempo. El abandonado Palacio Episcopal cauriense se convirtió en un hotel de cuatro estrellas, que actualmente está cerrado; y el obispo que se enfrentó a Coria se murió en 1981, reposando sus restos en el templo de Santa María, el que él convirtió en concatedral.

Y... ¿qué decía la pintada humillante hacia el obispo que se escribió en las paredes del Palacio Episcopal de Coria? El tiempo se está encargando de que la gente se olvide de la pintada de la venganza. Según unos decía: «Esta cuadra se ha quedado sin dueño». Según otros era más clara y directa: «El burro ya abandonó la cuadra».