Hoy

En la imagen superior, Pilar Bacas, autora del libro, ante la farmacia Castel. Y a la derecha, Joaquín Castel. :: a. m. / cedida
En la imagen superior, Pilar Bacas, autora del libro, ante la farmacia Castel. Y a la derecha, Joaquín Castel. :: a. m. / cedida

Castel, mucho más que un farmacéutico

  • Pilar Bacas presenta hoy en el Ateneo un libro sobre la figura de Joaquín Castel, un intelectual que revolucionó la ciudad a finales del siglo XIX

La vida y obra de Joaquín Castel (1853-1913) se cruzaba con frecuencia en las investigaciones de la profesora cacereña Pilar Bacas. Así que un día decidió que este farmacéutico originario de Aragón merecía una publicación propia. El resultado es el libro titulado 'Joaquín Castel. La burguesía emprendedora en Extremadura', que esta tarde presentará en el Ateneo (20.30 horas) acompañada de Jaime Naranjo. Él ha sido el encargado de escribir el prólogo.

En 170 páginas, la autora traza el perfil de un hombre cuyo apellido se ha convertido ya en toda una referencia en la ciudad, vinculado a la farmacia de la Plaza Mayor y a la droguería de la Plaza de América. «Era un hombre que desentonaba un poco en este Cáceres decimonónico tan anclado en el pasado, tan inmovilista. Siempre hacía propuestas innovadoras», detalla Bacas. Titulado en Farmacia, fue mucho más que un boticario. Participó en la fundación de la Caja de Ahorros, en la puesta en marcha de la Cámara de Comercio y en la salida a la calle de la 'Revista de Extremadura'. También fue concejal en el Ayuntamiento, desde donde impulsó un programa de salud pública y de abastecimiento de servicios básicos desde su pensamiento político regeneracionista.

Joaquín Castel llegó a Cáceres en 1875, con apenas 22 años, tras finalizar sus estudios universitarios. Aquí residía su tío, José Gabás, administrador de los Marqueses de Ovando. Invitó a venir a su sobrino «para que lo acompañara y se abriera camino en una pequeña y remota ciudad de provincias de menos de 14.000 habitantes, como era Cáceres en el último cuarto de siglo XIX», escribe la autora.

No tardó mucho Castel en demostrar su instinto emprendedor. Primero abrió un botiquín en Sierra de Fuentes y más tarde sustituyó a su tío en la administración de los bienes de la familia Ovando. Ambos vivían en el palacio de los marqueses, la Casa del Sol, que ahora pertenece a los religiosos de la Preciosa Sangre. Aquí, en esta construcción de la Ciudad Monumental, abrió el joven farmacéutico la fábrica de gaseosas y sifones 'La Extremeña', la primera que hubo en la ciudad.

El desembarco de Castel en la Plaza Mayor llegó tras su boda con María Carrasco Guerra, hija de Rafael Carrasco, propietario de la farmacia de los soportales. Cuando contrajeron matrimonio, Joaquín Castel tenía 24 años y ella, 35. Heredó, por tanto, de sus suegros una de las boticas más antiguas de la ciudad. Su existencia ya estaba documentada en el siglo XVIII. Su rebotica, apunta Bacas, se convirtió en punto de referencia de tertulias. Joaquín y María no tuvieron hijos. Pero sí un amplio número de sobrinos que continuaron con la tradición farmacéutica de la familia hasta que en 1959 murió el último boticario Castel. Los negocios, que se ampliaron al sector de la droguería, han cambiado de titularidad. Pero el apellido Castel sigue presente en sus rótulos como seña de identidad.

Su faceta política

Durante su época como concejal (1895-1898), Castel luchó por la modernización de la ciudad. «Diseñó un plan de revitalización para la Ribera del Marco que suponía una regeneración de la vida en Cáceres. Y cuando terminó su etapa en el Ayuntamiento, se dedicó a hacer planes para la región. Era un costista -seguidor de Joaquín Costa- convencido. Propuso la construcción de una gran presa en Alcántara. Es alucinante porque luego se hizo. Fue un visionario», zanja la autora. Murió con 59 años a causa de un cáncer de hígado. El libro, editado por Tau Editores, está a la venta por diez euros.