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Las Casas Populares de San Blas tienen garantizada su protección

Vista del conjunto de casas desde la avenida de las Delicias, en la curva del cementerio. :: jorge rey
Vista del conjunto de casas desde la avenida de las Delicias, en la curva del cementerio. :: jorge rey
  • Una norma urbanística recién aprobado obliga a respetar la fisonomía de este núcleo de viviendas bajas proyectadas en 1949 para empleados municipales

Es una apacible y tranquila colonia de casas bajas ubicada detrás de la ermita de San Blas y lindan con la avenida de las Delicias y la calle Lope de Vega. Este pequeño barrio compuesto por medio centenar de casitas fue construido a finales de la década de los 40 con destino a alojamiento de los empleados municipales. Más de 70 años después, las denominadas Casas Populares de San Blas cuentan con una norma urbanística específica que garantiza su conservación e impide el descontrol que ha reinado hasta ahora en algunas reformas realizadas por propietarios. Con el Estudio de Detalle aprobado recientemente, este núcleo de viviendas bajas cuentan con unas exigencias que deben cumplir los propietarios que decidan hacer reformas.

«Es una zona muy tranquila y se vive muy bien», afirma Francisco Polo, un policía local jubilado hace tres años y que vive en una de las casas de la calle Lope de Vega desde hace más de 20 años. Él compró la vivienda a otro funcionario del Ayuntamiento, colectivo destinatario original de las Casas Populares de San Blas. Muy pronto, Miguel Ángel Liberal y María Montaña Giraldo serán vecinos de Polo, cuando logren terminar la obra de la casa que han comprado al lado.

Es un singular núcleo formado por viviendas individuales diseñadas por el arquitecto Ángel Pérez Rodríguez en 1949. En el PGM de 2010 están en el catálogo de bienes protegidos. Es el mismo nivel de protección, el denominado ambiental, que tienen otros núcleos de casas, como la de Rincón de Ballesteros, el barrio de las 300, Capitán Luna, Estación Arroyo-Malpartida y Valdesalor. El PGM no establece condiciones de conservación para edificios históricos sino también a conjuntos urbanísticas que se considera exponentes de la arquitectura popular de una determinada época.

Las Casas Populares de San Blas son 52 inmuebles, distribuidos en nueve manzanas. El pequeño barrio ocupa 2,86 hectáreas e incluye viario, parque interior, y dos edificaciones de uso social. Según se recoge en el Estudio de Detalle realizado por el despacho profesional de los arquitectos Álvaro Tanco y Manuel Béjar, las viviendas están en las calle Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Zorrilla.

Grupos de viviendas

La colonia está distribuida en grupos de viviendas unifamiliares organizadas en pequeñas manzanas de dos, cuatro, seis, diez o doce unidades adosadas. Responden a la tipología tradicional popular de la zona y tienen una superficie aproximada de 150 metros cuadrados, con patio, o 107 metros cuadradas, si patio. Son todas de planta única, aunque con el paso de los años algunos propietarios han levantado una segunda.

La casa comprada por Miguel Ángel Liberal y Montaña Giraldo es de las que tiene patio, donde hay un limonero y podrá disponer de una terraza. El matrimonio, que tiene dos hijos, de 10 y 8 años, está deseando poder trasladarse a su nuevo hogar, pero para ello tienen que hacer antes unas obras de reforma. Liberal, que tiene una empresa de instalaciones eléctricas, recuerda que llevan ya dos años esperando desde que se decidieron por comprar esta casa para trasladarse a vivir a ella desde su cercano domicilio actual, que se encuentra en la Ronda del Matadero, también en San Blas.

Compró esta casa por unos 10.000 euros y tiene previsto invertir más de 60.000 en su reforma. No ha sido, pues, una ganga, a pesar de tratarse de casas bajas, pero Miguel Ángel Liberal se muestra ilusionado: «para nosotros vivir aquí es un lujo porque estás prácticamente en el centro. Además, los niños estudian en el Diocesano, ahí al lado».

El escollo que se encontró en su camino este matrimonio es que con el PGM de 2010 era necesario contar previamente con el Estudio de Detalle para establecer las normas y condiciones de las obras. El estudio lo han encargado ellos y lo han hecho los arquitectos Béjar y Tanco y a partir de ahora es asumido por el Ayuntamiento y servirá de bases para futuras solicitudes de reformas.

El comienzo de las obras es inminente: «Entregamos el proyecto en enero y esperamos que no se alargue el proceso porque tenemos ya ilusión de poder comenzar». Cuando termine la reforma podrán cumplir su deseo de vivir en una casa de barrio, con patio con limonero y terraza. No están permitida levantar otra planta, pero sí un aprovechamiento bajo cubierta, una buhardilla.

El arquitecto Manuel Béjar señala que el Estudio de Detalle garantizará la conservación las casas. «Las reformas se han hecho hasta ahora con un descontrol porque no había normativa», afirma y señala que se trata de que a partir de ahora las obras que se hagan en el barrio «no lo desvirtúen más de lo que está». Indica que en algunas casas se han levantado una segunda planta o se ha eliminado el característico techo de tejas tradicionales, o modificado las fachadas con ladrillos y alicatados. «Con el estudio de detalle se establece que todas las actuaciones se hagan a partir de ahora sean de recuperación del barrio, eliminado elementos disonantes y fijando unas condiciones estéticas mínimas que lo doten de suficiente homogeneidad».

Arquitecto

En opinión de Béjar, en este tipo de barrios populares se acaba imponiendo la nueva edificación y «destruye los elementos que los definen, no sólo los arquitectónicos y constructivos sino también al final los sociales. Cuando los habitantes de estos barrios no los reconocen, pierden su identidad. Éste es el motivo final de la protección», dice y recuerda que esta pérdida de identidad ha ocurrido en otras zonas de la ciudad, concretamente en las Casas Baratas o Plaza de Italia, por ejemplo.

«Asumiendo la protección como necesaria -explica el arquitecto-, lo que hacemos es tratar de recuperar la imagen inicial del barrio. Básicamente eso. Casas bajas, de una planta, unifamiliares, adosadas, con tejados de teja cerámica y fachadas con revocos de color claro, pero no olvidando que la gente hace obras en estas casas para poder habitarlas y la manera de habitar de hoy en día no es la de hace 75 años. Tenemos que ser lo suficientemente permisivos como para poder adaptar estas viviendas a los estándares habitacionales actuales, no sólo en espacio y superficie, si no también en acceso a instalaciones y servicios del siglo XXI».