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«Temíamos que al denunciar le pudiera pasar algo horrible a nuestra madre»

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Lourdes Cortés Caldera, durante la entrevista realizada ayer en el diario HOY. :: / Jorge Rey

  • Lourdes Cortés | Hermana del presunto parricida del Perú

  • La campaña de firmas iniciada para solicitar una sentencia absolutoria de Daniel Cortés ha recogido ya cerca de 13.000

Casi 13.000 firmas recogidas a través de la plataforma Change.org, además de otras muchas obtenidas físicamente le dan a Lourdes Cortés Caldera «mucha fuerza, nos sentimos apoyados por la gente». La hermana de Daniel Cortés, el hombre de 38 años que disparó contra su padre la madrugada del 20 de febrero en un piso de la barriada del Perú siente que la difícil situación a la que se enfrenta la familia se hace más llevadera con la oleada de apoyos obtenidos. «La gente está muy volcada con él», reconoce durante una entrevista mantenida ayer.

Lourdes, de 43 años, explica con aplomo por qué, tras este suceso, decidió dar un paso para apoyar a su hermano pequeño. Pide «sentencia justa absolutoria» alegando los años de maltrato a los que el padre sometió a su madre y a los tres hermanos. «Queremos que salga (de la cárcel, donde ingresó al día siguiente de los hechos) cuanto antes».

La vida de esta familia ha estado atravesada por vejaciones durante décadas. «Desde que tengo uso de razón he vivido esa situación, esas amenazas, esa violencia en casa, esos gritos, esa forma de actuar de un padre que te hacía sentir miedo y que interiorizas de tal manera que para ti se convierte en algo normal», explica. «Creces y te das cuenta de que tus primos viven de otra manera, que tus tíos tratan a tus tías de otra manera y piensas que por qué, que si nosotros hemos sido malos. Luego llega el miedo constante, el miedo a que si denuncias le pueda pasar algo horrible a tu madre, y te ves en esa incertidumbre todos los días de tu vida».

Ella reconoce que su infancia ha quedado lastrada por toda esa violencia. «Los recuerdos bonitos que tengo son de cuándo estaba con mis tíos, mi tía tenía un chalé cerca de Cáceres y yo recuerdo cuando me quedaba allí con ellos y mi padre no estaba, pero en el momento en el que llegaba ya estábamos tensos, en las celebraciones siempre había algo que las empañaba y era mi padre con alguna discusión, gritos».

Prefiere no responder a la pregunta de si la violencia ejercida era física o psicológica para no influir en la investigación judicial. Actualmente el caso se encuentra bajo secreto de sumario. Solo apunta que ellos, los hijos «han tenido que forcejear con su padre muchas veces y también hay cosas que no sabemos, que no nos ha contado mi madre».

Guardia permanente

Explica que ella y sus hermanos tenían una especie de acuerdo tácito para proteger a la madre. «Teníamos que estar ahí por si pasaba algo, porque sabíamos que si denunciábamos iba a suceder». Lourdes reconoce que, aunque tiene empleo, prefería residir con sus padres. A pesar de vivir bajo el mismo techo (donde estaba la noche del suceso) hacía un año que no veía a su padre. «Le veía salir del portal y me esperaba que se fuera para entrar en casa, o llamaba a mi madre para preguntar si estaba, no quería verle, ni escucharle, ni nada».

Explica que la madre, que se encuentra bajo asistencia psicológica brindada por el Instituto de la Mujer, «hubiera aguantado por los siglos de los siglos, hasta el fin de los días, una situación así». En relación a declaraciones publicadas por otro medio, niega que su madre «agradeciera la situación que está viviendo actualmente, con el dolor que eso conlleva». Según la versión policial, cuando las fuerzas de seguridad llegaron al domicilio donde se produjo el suceso, la madre abrazaba y consolaba a Daniel. «Que pudiera haberle mirado a los ojos y decirle gracias no fue por matar al padre, fue, con certeza absoluta, por descargarle a él de un mínimo de culpa y de vergüenza que pudiera sentir». Deja claro que su madre «está hundida» por la situación que enfrentan actualmente.

Retrata a Dani, como familiarmente le llaman, como una persona de buen carácter «tranquilo, amigable, generoso, trabajador, responsable». Nunca imaginó que su hermano pudiera llegar a este extremo. «La mente es tan complicada, y lo que ha tenido que pasar mi hermano de acumular cosas un un día tras otro, y además él es introvertido...».

Ya han visitado a Daniel dos veces en la cárcel, la última el pasado sábado. Acudieron los dos hermanos y la madre. «Le dije que si quería transmitir algo si hablaba con un medio de comunicación y me dijo que diera las gracias a todos y que los apoyos le dan mucho ánimo». Acerca de las sensaciones de Dani, su hermana explica que «él asume que va a estar en la cárcel el tiempo que tenga que estar, asume las consecuencias». «Está mal por la situación que está viviendo y, aunque, es difícil de explicar, mi madre lo ve a él sereno, él cuando la ve a ella está contenta de verle y así se retroalimentan los dos».

Lourdes conserva la serenidad, se expresa con calma, aunque hay aspectos ante los que hace una pequeña pausa y respira como para coger impulso. Reconoce que la exposición a los medios le supone revivir escenas dolorosas, pero entiende que es necesario para su hermano.

Le gustaría lanzar un mensaje general para que no se juzgue la situación, sino que pueda llegarse a la empatía. «He leído muchos comentarios sobre que teníamos que haber denunciado antes, y que mi hermano es un cobarde, les pediría que se pongan en nuestra piel, que se pongan en nuestra situación, que piensen en que hemos sentido miedo, anulación y vergüenza y las amenazas de que iba a matar a mi madre, a nosotros, y al que entrara por la puerta si le denunciábamos».

Lourdes, sin embargo, cree que «hay que denunciar», pero que a «muchas que lo han hecho las han matado sus maridos con órdenes de alejamiento». «Ha sido un querer y no poder, querer denunciar y no poder porque estás de manos atadas, por el miedo».

¿Llegará a sonreír algún día? «Sonreiremos cuando mi hermano esté fuera y nos abracemos, y que él esté bien, entonces sí».