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El mejor bando de Cáceres y el de la ballena de Casar

La vieja fábrica de harina de Casar de Cáceres. ::  s.e.
La vieja fábrica de harina de Casar de Cáceres. :: s.e.
  • El libro 'Juan Iglesias Marcelo. Alcalde ejemplar', recuerda que hace justo 30 años fue nombrada Cáceres Ciudad Patrimonio de la Humanidad

La noche del pasado viernes se presentó, en el salón de actos del edificio Pintores 10, el libro escrito por Florentino Veláz, 'Juan Iglesias Marcelo. Alcalde ejemplar'. En este libro se recuerda que hace justo 30 años, cuando el reconocido socialista era alcalde, fue nombrada Cáceres Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Juan Iglesias estaba en París, siendo testigo directo de la noticia junto al recordado Juan Bazaga, y habló por teléfono con el teniente de alcalde Marcelino Cardalliaguet, encargándole que hiciera un bando para que los cacereños celebraran el nombramiento en la Plaza Mayor, con un extraordinario castillo de fuegos artificiales.

Fue de esta forma como nació un hermoso bando en el que el alcalde en funciones da cuenta de la buena nueva , indicando que, «es razón que todos los vecinos pecheros, burgueses y ciudadanos mostremos nuestro contento y buena crianza, haciendo alarde por tal acontecimiento en la Plaza Mayor de la Villa». Pide a las asociaciones de vecinos que convoquen a sus «agremiados y fieles seguidores», para que el día 26 de noviembre de la era de Nuestro Señor de mil novecientos ochenta y seis, «a la hora de vísperas (hacia las 8 de la tarde), concurran a la dicha Plaza Mayor en gran armonía para celebrar juntos el evento que da nuevo relieve a nuestra Ciudad Monumental; y si tuvieren fanfarrias, bandas de cornetas y tambores, o cohortes de bellas jovencitas a la usanza anglosajona (majorettes), concurran con ellas». Da orden de que en ese día quede la Plaza Mayor libre de todo carruaje, «sea de tracción sanguínea o mecánica». Pide a «ruanos y burgueses de buen saber» cuelguen de sus balcones y miradores banderas de España y Extremadura. Y avisa que desde esa fecha en adelante, «tabernas y mesones, bares, cafeterías o cualesquier establecimientos concurrentes a la distracción y divertimento del vecindario, vengan en ser lugares pulidos y aseados en extremo; cuidando que los ruidos y estridencias que puedan producir los extraños artilugios modernos que en ellos se encuentran, no molesten ni perturben la sana tranquilidad de los ciudadanos». Sigue el bando: «que los mozos y mozas del lugar, que suelen reunirse en diversas escalinatas, pilones y abrevaderos de la ciudad en grandes cantidades, para platicar o dar opinión sobre los numerosos asuntos que les son de su incumbencia, no dejen después estos lugares llenos de cascotes, papeles y suciedades que ofenden la sensibilidad de cuantos por allí transitan, y dicen muy poco en favor de su hidalguía y caballerosidad».

Cardalliaguet mostró con este bando ser un brillante discípulo de Enrique Tierno Galván, el famoso alcalde socialista de Madrid que podía decir en un festival de música en 1984: «¡Rockeros: el que no esté colocado, que se coloque... y al loro!», o en unos premios del periódico Pueblo, en una fría noche de febrero de 1978, estar impasible ante un pecho desnudo de Susana Estrada (Gijón, 1949), advirtiéndole: «no vaya usted a enfriarse». Tierno Galván, el viejo profesor, murió en 1986, a los 67 años, y en los siete que fue alcalde se hicieron célebres sus bandos municipales, en los que eran patentes un gran talento literario y una fina ironía.

Fue aplaudido su bando tras el golpe de Estado de Tejero del 23 de febrero de 1981, en el que llamaba a participar en una enorme manifestación por la democracia, pidiendo, «a los vecinos de esta Villa y Corte, que su altísimo ejemplo cívico no se empañe ni un momento por testimonios de rencor, vituperio o recordación importuna de remotos males y querellas, ya que lo que importa es la común y recíproca confianza». En otros bandos se mostraba duro con, «jóvenes sin escrúpulos, que gustan de ostentar prepotencia y mostrarse ante sí mismos y los demás superiores a cualquier norma y acatamiento, vociferan con tal estruendo o producen tales ruidos con las máquinas de correr, que llaman motocicletas, que impiden el sueño apacible y reposado que el trabajo cotidiano de nuestros vecinos requiere. Agavíllanse en ocasiones estos jóvenes, por lo común adolescentes, para que el número aumente el estruendo y fortalezca la impunidad de su deplorable conducta». En otro llama a la limpieza, «ocurre el caso insólito que en nuestra ciudad una parte considerable de los vecinos tiran papeles y objetos menudos al suelo, y el Ayuntamiento paga a otros vecinos para que los recojan. De seguir en incremento esta sorprendente conducta, pudiera ocurrir que la mitad de los vecinos arrojasen papeles y otros objetos a la vía pública y la otra mitad los recogiesen». En 1982 dicta un bando curioso ante la gran llegada de gente para presenciar un campeonato mundial de un espectáculo, «llamado 'football', expresión anglicana, que en nuestro común castellano equivale a que once diestros y aventajados atletas compitan en el esfuerzo de impulsar con los pies y la cabeza una bola elástica, con el afán, a veces desmesurado, de introducirla en el lugar solícitamente guardado por otra cuadrilla de once atletas, y viceversa». En otro advertía que había que tener cuidado con el aumento, «de pícaros, cortabolsas, sopistas, catarriberas y otros muchos de dudosa condición».

Una ballena en la charca

Un bando también famoso, es el que se asegura voceó un alguacil por esquinas y plazas de Casar de Cáceres en los años 50 ó 60.

Ésta es la increíble y surrealista historia: En la charca de Casar de Cáceres había en los tiempos de Franco una fábrica de harina, fábrica que luego se tiró y en la actualidad hay bloques de viviendas con la fachada blanca. En aquella fábrica había enormes barricas llenas de harina, y una de ellas cayó desde una gran ventana del segundo piso a la charca. Los trabajadores empezaron a lamentarse de la pérdida a voz en grito, «¡la barrica va llena!, ¡va llena!». Otros repitieron la desgracia, «¡Va llena! ¡Va llena!». Algunos del pueblo que por allí pasaban vieron algo enorme flotando en la charca de color marrón, que no era más que la gran barrica; pero al escuchar tanto «¡Va llena! ¡Va llena!», pensaron que eso enorme que había en el agua era un terrible cetáceo, y fueron corriendo con el cuento al alcalde, que en un ejemplo de celeridad en el actuar de la autoridad, confeccionó el siguiente bando, que el alguacil fue voceando tras el consabido toque de cornetín:

«Por orden del señor alcalde,

se hace saber

a todos los casareños

que tengan en su poder armas

cortantes, pinchantes

y disparantes,

se personen en la charca...

¡Qué hay una ballena!»

Como me lo han contado se lo cuento, sin añadir más palabras que las escuchadas.

Buen domingo, y que guarden cuidado los esperanzados cazadores que vayan hoy al campo... con sus armas disparantes.