Hoy

Cáceres está nerviosa

Cacereños cruzando con prudencia un paso de peatones. :: hoy
Cacereños cruzando con prudencia un paso de peatones. :: hoy
  • Rodajes y accidentes sacuden la tranquilidad de la ciudad feliz

Cáceres se ha convertido en la ciudad del mundo donde más se respetan los pasos de cebra. Hasta hace 15 días, era una ciudad normal, donde los nativos sabíamos los pasos de cebra que respetan los coches y los que no respetan ni de broma. Pero ahora, ya digo, da gusto cruzar las calles por las zonas señalizadas. No es que los conductores te dejen pasar, es que frenan a diez metros y te sonríen con cariño. Un turista que nos visite este mes pensará que ha llegado al paraíso de la conducción prudente y el respeto al peatón.

Han sucedido cuatro atropellos en diez días, uno de ellos tremendo y mortal, de los que entristecen mucho, y la ciudad tiene el alma encogida y todos conducimos como debiéramos haber hecho siempre: a la velocidad conveniente, sin acelerar en los semáforos, frenando a cien metros de los pasos de cebra y parando suavemente y desde lejos en cuanto atisbamos una sombra. La cosa ha llegado a tanto que te ven venir de lejos camino de la calzada y se paran por si acaso.

Estos días se toca menos el claxon, no hay insultos entre conductores y en los momentos de tensión, todos ceden el paso a todos. ¿Cuánto durará esto? Ojalá sea toda la vida porque, desde que conducimos con los atropellos latentes en la memoria, vivimos mejor, más relajados, sin tensiones y la ciudad parece más bonita y más tranquila.

Bueno, lo de tranquila es un decir. La explosión de la semana pasada, también con la desgracia de un muerto y de varias familias sin poder regresar a sus hogares, nos ha recordado que somos urbanitas, que las comodidades del gas, la electricidad y demás conducciones no son absolutas y que cualquier error humano nos puede abocar a la hecatombe.

Todas estas circunstancias se han solapado con la estancia en la ciudad de decenas de actores y productores de series de televisión y tanta novedad está llevándonos a establecer extrañas asociaciones y a pensar que eso de ir por la calle y cruzarse con José María Pou en Cánovas o con Michelle Jenner en San Juan, como si estuviéramos en Madrid o en Barcelona, puede ser divertido, pero que preferimos la tranquilidad de las ciudades de provincias, donde los coches circulan despacio, las casas no explotan y las páginas de sucesos y de sociedad se nutren con noticias de Berlín o Nueva York.

Está siendo raro este trimestre cacereño. Cuando llega el Womad, los cacereños fetén de siete generaciones dicen que no les gusta bajar a la plaza porque no conocen a nadie. Mi madre decía ayer que esto es un jaleo con tanto artista y tanto accidente. No, no acabamos de asimilar esta cotidianidad tan fuera de sitio de tomar una cerveza al lado de un Lannister o de una princesa de Juego de Tronos, actores extraños que se pasan el día del gimnasio de El Perú al vegetariano de la Plaza Marrón. Gente fuerte y musculosa que, cuenta la gente, hacen running descalzos y, esto no lo cuentan, lo veo cada mañana, toman café a 8 grados en camiseta de tirantas.

Los parientes alquilan micropisos a mil euros, los sobrinos ligan como descosidos porque presumen de haber sido seleccionados como arqueros Lannister... Y luego tres atropellos seguidos con víctimas, una explosión con incendio y más víctimas... Demasiada intensidad para una ciudad donde nunca pasaba nada.

De ahí la prudencia en los conductores al circular por las calles. De ahí la desconfianza de los peatones, que nos asomamos a los pasos de cebra como quien se aventura a un precipicio... De ahí esa sensación que tenemos todos a medianoche, mientras leemos o vemos una película, de que la armonía y el sosiego no son eternos.

Cáceres está contenta de que pasen cosas en la ciudad, pero hemos bajado las revoluciones y sentimos desconfianza. Muy bonito todo, pero que acaben de rodar sus series, se marchen y volvamos a ser esa ciudad que es feliz porque nunca pasa nada y si pasa, se mira para otro lado. Nos va la marcha, sí, pero con cuentagotas.