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Los vecinos afectados por la explosión se lo piensan para volver a sus casas

Material en un despacho afectado. A la derecha, Irene, de las pocas que ha vuelto a casa.
Material en un despacho afectado. A la derecha, Irene, de las pocas que ha vuelto a casa. / A. Méndez
  • Los escasos residentes que han decidido regresar aún no tienen gas en casa y conviven con técnicos, Policía y operarios

La vuelta a la rutina diaria en el edificio Santa Ana se resiste. Levantada la restricción de acceso al 19 de la Avenida Virgen de la Montaña, el pasado viernes, ayer aún eran contados los inquilinos que habían decidido regresar a sus casas. «Seguimos sin gas y esto aún va a tardar. Hasta el miércoles como mínimo», informaba Vicente Romero, el portero del bloque, a los que iban entrando.

El regreso está siendo en precario. Aún sin los servicios al completo, con los limpiadores por un lado, los técnicos por otro, los vecinos que aún no se han recuperado del susto y los agentes de la Policía científica rematando su investigación. Ayer tomaban las últimas pruebas y desarrollaban su labor en uno de los pasillos anexos a la vivienda siniestrada, la del dentista salmantino fallecido, Germán Juan Rodríguez. Era su último día. La normalidad en Santa Ana, con nueve pisos precintados, aún queda lejos.

Entre quienes no se lo han pensado dos veces y han decidido reinstalarse se encuentra Irene Tato. Su piso está en la quinta planta, por encima de donde se produjo la explosión de gas que tuvo en vilo a los cacereños en la madrugada del 14 de noviembre.

Los recuerdos de aquella noche los guarda con nitidez en su memoria, sobre todo cuando le tocó asomarse por la ventana para tomar aire mientras era incapaz de recuperarse del susto. «Los bomberos ya tenían lista la escalera. Por suerte no fue necesario utilizarla y pudimos salir», rememora. En ese momento se encontraba con su hijo y la sucesión de escenas en mitad del desconcierto le lleva a pensar, como a la mayoría de sus vecinos, que pudo ser «mucho peor».

Uno de los inconvenientes que se están encontrando los primeros inquilinos en volver es la falta de gas. Aún tardará ya que debe repararse la conexión. «Lo que queremos es estar en casa. ¿Que no hay calefacción? Pues encendemos el brasero», zanja Irene el debate con buen humor. Los residentes se están tomando con toda la calma que pueden este episodio que han vivido en primera persona. El mensaje más repetido es dar gracias por no haber sufrido daños personales.

En casa de María Teresa Izquierdo, que vive en el 3º E, aún quedan restos de lo ocurrido. «En la habitación de mi hijo aún huele a humo. Llevo toda la mañana limpiando», cuenta. Su familia es una de las primeras en volver. Pasaron dos días en el hotel Neptuno.

«Estábamos bien, pero lo que queríamos era volver. Al final, decidimos desconectar y nos fuimos de Cáceres», revela. El domingo estaban de vuelta. Reconoce que lo han pasado «fatal», que el suceso no deja de darle vueltas a su cabeza, pero como sus compañeros de bloque, le quita importancia a la falta de gas. Apunta hacia la ropa que lleva puesta y viene a decir que hay muchas formas de combatir el frío. Eso sí, para ducharse acudieron ayer a casa de unos familiares.

Hay ocho viviendas inoperativas. Se reparten entre la tercera, la cuarta y la quinta planta. Se suma un local, desocupado y propiedad de un banco, en la segunda, el 9. Justo al lado, en las oficinas de un conocido abogado cacereño, se encontraron ayer con otra sorpresa. «No podíamos ni abrir la puerta. Esto se había venido abajo», lamenta uno de los encargados. La lluvia del fin de semana provocó un derrumbe del falso techo. Los vecinos de Santa Ana no ganan para sustos.