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Las investigaciones sobre la explosión retrasan el regreso a casa de los vecinos

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Un vecino saca sus enseres de casa / JORGE REY

  • Operarios municipales apuntalan las viviendas precintadas en la tercera planta del edificio y los afectados se reúnen hoy con el Ayuntamiento

Las investigaciones policiales sobre la explosión de gas que provocó la muerte de Germán Juan Rodríguez en el edificio Santa Ana continúan. Los vecinos cumplen la quinta noche fuera de sus casas y aún no saben cuándo podrán regresar a ellas. Por el momento, solo han vuelto a la normalidad quienes tienen sus pisos y negocios en el lateral con acceso por la calle Sánchez Asensio. La entrada por el 19 de la Avenida Virgen de la Montaña sigue controlada por la Policía Local, que solo permite el acceso de los técnicos y operarios.

Los residentes acuden por grupos para recoger enseres que necesitan. «No sabemos cuándo podremos volver. Y es un trastorno porque hay locales como el nuestro que no tienen ningún problema», destacó ayer un abogado cuyo despacho está cerrado.

El regreso se alarga. Los afectados se lo toman con toda la paciencia que pueden. Unos permanecen en casa de familiares. Otros, alojados en un hotel. La vuelta no tiene fecha, confirmó ayer el administrador del bloque, Manuel Morea. «Estamos siguiendo a rajatabla las indicaciones que nos traslada el Ayuntamiento. Mañana –por hoy– nos vamos a reunir y quedamos a la espera de que haya autorización definitiva para entrar y se levante el precinto», señala. A mediodía está previsto que el Consistorio informe a los vecinos, representados por el administrador y su presidente de comunidad. Son en total 58 estancias las que tiene el edificio, pero las que se ven más afectadas por las restricciones de acceso son las 32 del 19 de la Avenida de la Montaña.

De momento, la comunidad ha contratado los servicios de un reputado especialista en Patología de Edificación de la Universidad de Extremadura. Se trata de José Luis Pedrera, arquitecto en ejercicio desde 1983 y que participó en la investigación del derrumbe del techo del Wok, en el edificio Alcoresa, en 2012.

estado de una de las viviendas

estado de una de las viviendas / A.M.

Aunque se están ejecutando las medidas de seguridad necesarias de acuerdo con las indicaciones de los técnicos municipales, el ritmo se ve ralentizado por las investigaciones del suceso. Es clave la demolición de un muro que, como ya se ha informado, se vio afectado. La operación entrañaba sus complicaciones por el control de esa intervención y los más de mil kilos de material que supone. El Ayuntamiento informó ayer que dicha actuación «no se ha podido llevar a cabo dado que la Policía científica sigue con los trabajos de investigación».

Cuando concluyan, apunta el Consistorio, «se podrá proceder a la retirada del muro y se podrán levantar las restricciones». En principio, eso se verá en la reunión prevista para hoy. «Hemos informado a los vecinos y estamos a la espera», señaló ayer el administrador. Manuel Morea no se pronuncia sobre la fecha de vuelta a casa:«No podemos aventurar plazos. Hay que ponerse en la piel de los afectados. De vacaciones, en un hotel se está de maravilla, pero en estas circunstancias aquello parece una cárcel», resume. Los residentes acumulan facturas sobre el coste de comer durante todos estos días fuera de casa y están a la espera de la respuesta de las aseguradoras, que en principio deberán hacerse cargo.

El permiso de acceso no garantiza, en todo caso, que las familias puedan volver. Aún hace falta restablecer los servicios básicos, ya que el ascensor no funciona, no hay luz, agua ni gas. Reponer algunos de ellos como el agua o el ascensor no debe suponer demasiados problemas, pero con el suministro de gas la empresa ya ha informado que llevará cierto tiempo. Los operarios municipales de la brigada de obras acudieron ayer al edificio Santa Ana. Apuntalaron las dos viviendas precintadas de la tercera planta (hay otras cuatro en la cuarta y la quinta). En el 3º H actuaron en tres habitaciones y en el 3ºI en dos. Colocaron 25 puntales y alrededor de una docena de tablones de unos tres metros para garantizar la seguridad. Montaron sopandas de soporte a las vigas y no encontraron especialmente mal el estado de la planta. Hoy entrarán al lugar de la explosión, la cuarta planta.